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ABC MIÉRCOLES 19 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA MANO DE PIEDRA CASO el fenómeno más relevante de estos dos años de Gobierno socialista no resulte tanto la peligrosa agenda reformista que ha hecho saltar el consenso básico de la Transición, como la consolidación de Rodríguez Zapatero en la horma de un político duro y resuelto, un tipo que bajo su sonrisa cosmética esconde aristasesquineras de metalafilado y una audacia aventurerista tan determinada que no se sabe si es fruto de un optimismo autosatisfecho o de una insensata irresponsabilidad. El Zapatero buenista y utópico del ansia infinita de paz se ha perfilado como un gobernante de mano pesada y golpes rocosos, disfrazado con la ingenuidad de la antigua proIGNACIO gresía y decidido a acabar CAMACHO con el statu quo que venía caracterizando la democracia española, ese bipartidismo moderado, aquiescente y consensual que quizá le parezca una milonga propia de un tiempo caduco que él ha sido llamado a transformar bajo el signo de la ruptura pendiente. El poder le ha otorgado la coraza de autocomplacencia necesaria para adquirir seguridad en sí mismo, y a medida que se siente cómodo en el papel va desplegando un liderazgo complejo que ha puesto firmes a los suyos y amenaza con merendarse a una oposición desconcertada por la magnitud de la ofensiva. Convencido de que dispone de margenpara moverse con un atrevimiento propio del primer Adolfo Suárez, el presidente quiere levantar un mapa político nuevo en el que la alianza de la izquierda con las fuerzas periféricas conforme un horizonte de amplio espectro capaz de eliminar cualquier alternativa del centro- derecha, al que pretende arrinconar en un proyecto nacional que quedará sin sentido cuando se diluya el concepto convencional de nación. Zapatero sabe que el sistema electoral le ofrece espacios para maniobrar entre el nacionalismo burgués y el independentismo antisistema, y ha aprendido a desenvolverse con ambigüedad pragmática en ese territorio fronterizo. Es más un radical a la italiana que un socialdemócrata clásico, que cree que entre un modelo de sociedad ultrapermisiva y un rediseño territorial del Estado puede consolidar una mayoría longeva, aunque sea al precio de dejar fuera al cuarenta por ciento del electorado. Un programa claramente rupturista que amenaza con quebrar el país en dos, pero que él considera viable desde la convicción de que los españoles no van a adentrarse en malavenencias hoscas mientras disfruten del confort de una sociedad próspera con un consumo acelerado. Lo más llamativo es la certeza casi iluminada de que se halla al frente de un designio histórico con el que cerrar el ciclo abierto tras la derrota republicana. Hasta ahora ha encontrado dificultades enla sensatez colectiva de un pueblo reacio a volar los puentes con el moderantismo y la unidad, pero no es en absoluto descartable que su osadía conquiste metas a corto plazo. Lo malo es que en cada victoria parcial deja la marca de un hachazo irreversible sobre la piel de esta vieja nación cuarteada. A NACIÓN PARA TODOS C ON lo lejos que está el 1931 que algunos quieren reeditar, hay que seguir teniendo mucho cuidado con el mes de abril al acostarse y levantarse. Las mañanitas de abril son buenas para dormir dice el refrán de almanaque, pero, ojo, con que se te peguen las sábanas más de la cuenta. En 1931 España se acostó monárquica y se levantó republicana. Ahora, dichoso abril, Andalucía se acostó como región autonómica, orgullosa de ser España, y se ha levantado como realidad nacional O la han levantado. Con un mal despertar. Esto de que sin que nadie te pregunte nada, sin debate alguno, con una falta de entusiasmo perfectamente descriptible, cuando la gente está en todo lo suyo, pensando únicamente en pasarlo bien, vengan y te estampillen de catalán, ea, nación por cojones, no me negarán que es un mal despertar en estas mañanitas de abril que son tan buenas para dormir que como te descuides, a la Feria de ANTONIO Ídem va a haber que ir con barretina BURGOS en vez de sombrero de ala ancha. -No, esto es la máquina de café. ¿Cómo la máquina de café? ¿Los cafelitos de Mienmano? -No, los otros: los cafés para todos de Clavero. Clavero se dejó enchufada la máquina del café y ya ve usted, ahora reparten solos y cortados de nación para todos Chaves ha cogido la máquina de café de Clavero y nos ha servido uno que es la leche: la realidad nacional. Con lo cual, otra vez estamos ante el mismo peligro que cuando el 28- F y el Estatuto Andaluz. Otra vez Andalucía, con tal de no ser menos que nadie, eleva peligrosamente el listón. Si no hubiera existido el 28- F, habrían tenido autonomía plena sólo Cataluña y Vascongadas, que era lo previsto. Pero Andalucía rompió la baraja con el justo clamor de un pueblo en pie. Luego, todas las regiones pidieron lo mismo. Murcia fue lo mismo que Cataluña. Y ese es el problema: que Catalu- ña no está dispuesta bajo ningún concepto a ser como Murcia. Si Andalucía y Murcia hubieran tenido su descentralización administrativa regional y Cataluña su autonomía con parlamento, sí, se habría cometido el famoso agravio comparativo que el café para todos evitó, pero España como nación no hubiera corrido el menor peligro, o al menos con esta velocidad. Ahora puede que estemos en las mismas. Si Andalucía, sin que nadie lo pida, se erige por voluntad de Chaves en algo tan irreal como realidad nacional Cataluña no querrá ser lo mismo, y nada digo Vascongadas. Si a este paso, como la otra vez, hasta Murcia será una nación, con el café de nación para todos a Cataluña y a Vascongadas, que nunca querrán ser como Murcia, lo de nación les parecerá poco, y no haremos sino acelerar el proceso para que sean lo que quieren muchísimo antes: estados independientes en Europa. Se han inventado una irreal realidad nacional. Bueno, sí, Andalucía es una realidad nacional... de España. Ya lo dijo Castilla del Pino: Andalucía tiene tal identidad, que le presta a España sus excedentes. La imagen de España ante el mundo es la que le presta Andalucía. Vamos, el toro de Osborne que se encampana en la bandera de España. Si Andalucía es una nación, esa nación es España. O al revés: España es Andalucía. Y si quieren realidad nacional, pues vamos a hablar de la verdadera realidad nacional, tristísima. Que no es ésta, que te acuestas como autonomía y te despiertan de nación, sino otra, de perder el sueño. La realidad nacional de Andalucía hoy es la misma de España entera: la enajenación colectiva de un pueblo dormido, al que parece que han anestesiado, con la epidural en su capacidad de protesta, resignado, que todo se lo traga, preocupadísimo por el buen vivir y el buen beber, con todo su interés puesto en la realidad nacional... de que la cerveza esté fresquita, que las gambas sean blancas, frescas y como saxofones, y que haya muchos puentes del Primero de Mayo para irnos todos a la playa o a matarnos por las carreteras colapsadas.