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ABC MARTES 18 4 2006 Cultura 59 Kevin Spacey tropieza como director artístico del Old Vic londinense El actor retira una obra de Arthur Miller, dirigida por Altman, por falta de público b TEATRO Siglo XX que estás en los cielos Autor: D. Desola. Dir. B. Portillo. Ilum. F. Ariza. Música y esp. sonoro: P. Salinas. Olores: Darío Sirerol. Int. R. Enríquez, S. Abascal y R. Gómez S. Crespo. Lugar: Teatro Español. Madrid. Cuando el célebre actor asumió la dirección del teatro londinense hubo vítores de bienvenida, pero ahora se escuchan voces que reclaman su marcha OFICIO DE TINIEBLAS J. I. G. G. EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El actor norteamericano Kevin Spacey, que se hizo cargo hace dos años de la dirección artística del Old Vic, uno de los teatros más legendarios de Londres, en medio de una gran expectación, ha debido cancelar ahora la representación de Resurrection Blues de Arthur Miller, por falta de público y abandono de algún actor. Spacey se queja de que a él se le exige mucho más, por ser una conocida figura de Hollywood, que a cualquier otro responsable teatral. La crítica responde que los errores cometidos en el Old Vic son gruesos y poco habituales. No es normal que Resurrection Blues que llegaba con la publicidad de ser dirigida por el octogenario cineasta Robert Altman, subiera al escenario mal ensayada, con actores tan nerviosos que ni acertaban a colgar un teléfono. La producción falló también en su misma concepción y la falta de público- -no llegaba al 40 por ciento del aforo en sus últimas semanas- -provocó la espantada de una de las principales actrices. Spacey ha admitido que algunas cosas no han salido bien, pero se ha negado a hacer autocrítica. Por ejemplo, Spacey posa ante el Old Vic Theatre de Londres, del que es director artístico que su labor comenzara con una obra como Cloaca una pieza danesa más bien frívola, ha sido presentado por Spacey como el propósito de, primero, intentar atraer espectadores jóvenes al Old Vic, procurando levantar una audiencia que el teatro había perdido desde sus grandes años como sede de la compañía del Teatro Nacional. El actor también destaca que otros títulos como Aladdin con Ian McKellen, o Ricardo III en el que él hizo de protagonista, han supuesto un gran éxi- AP to. Pero recuerda que él no está en su puesto para salvar al Old Vic apareciendo en el escenario, sino para crear un modelo teatral que perdure en el tiempo. En cualquier caso, Spacey se enfrenta a la dificultad de hacer rentable una entidad que no cuenta con subvenciones. Su intención es dar un poso de calidad al Old Vic, que recupere audiencia, aún estando alejado del concurrido centro teatral del West End, y le permita recibir dinero público. Para ello, asegura estar preparando una sólida programación para las próximas temporadas. TEATRO Informe para una academia Autor: Franz Kafka. Dirección, traducción, dramaturgia, escenografía e interpretación: José Luis Gómez. Vestuario: Pepe Rubio. Iluminación: José Manuel Guerra. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid. METAMORFOSIS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN uando José Luis Gómez se mira en el espejo de Pedro el Rojo se ve probablemente a sí mismo hace treinta y cinco años. Es el mismo actor y el mismo hombre, pero es, también, un actor y un hombre distintos. Tal vez por eso no ha intentado reeditar sin variaciones aquel montaje de 1971 que fue su tarjeta de presentación en los escenarios españoles tras su periodo de formación en Francia y Alemania. Por el simio ilustrado y por el intérprete ha pasado el tiempo, y el espectáculo es otro, aunque también sea el mismo. Gómez, un mono sabio y experto en carpinterías escénicas, hace una muy inteligente relectura de aquel trabajo, lo deconstruye, lo viste de referencias metateatrales, proyecta diapositivas, le añade al- C gún otro breve texto de Kafka e introduce en él hasta un oportuno guiño al Beckett de La última cinta en el centenario del formidable escritor irlandés. Lo que el público ve es la preparación de ese informe que el orangután Pedro el Rojo presentará ante una academia. El montaje empieza con dos detonaciones que abaten a un mono, un muñeco que acompaña al actor durante todo la representación como evidencia de la abolida memoria selvática y feliz. El simio está en su camerino y entre actuación y actuación- -no olvidemos que ha elegido el music- hall como alternativa a la jaula del zoo- -repasa el discurso con ayuda de un magnetófono, escucha en él la entrevista que le hecho un periodista (la voz es de Iñaki Gabilondo) graba, rebobina y borra lo que no le parece conveniente. De tanto en tanto, asciende por una pequeña escalerilla hacia un escenario figurado para, de espaldas al público real, interpretar algún número ante unos espectadores también figurados. El espectáculo concluye donde empezaba el montaje de antaño: con Pedro el Rojo ante el imaginado auditorio- -de espaldas, lógicamente, a las butacas del Teatro de la Abadía- -e iniciando su discurso tras subirse a un taburete impulsándose con un peque- ño golpe de nudillos sobre el asiento. Pero no es el mismo Pedro el Rojo del comienzo de la función: paulatinamente ha ido despojándose de su condición simiesca, de su maquillaje, de los aditamentos pilosos, y se ha embutido en un frac: es enteramente humano. Una metamorfosis contundentemente ilustrativa de las concesiones y las renuncias obligadas para ser aceptado socialmente; en la intrahistoria kafkiana es una metáfora del precio que un judío debía pagar por su asimilación entre los gentiles, pero una metáfora tan poderosa que sirve igual que en 1917, cuando el autor checo la escribió, para cualquier otro proceso de asimilación social. Un ejercicio de devastadora ironía sobre las grietas de la condición humana. José Luis Gómez ha reflexionado sobre este montaje y sobre su carrera teatral, y este mono que ha encontrado un modo de supervivencia en el mundo de los hombres adquiriendo la capacidad del lenguaje, es un mono reflexivo, resignado a la rutina de la profesión que ha elegido: la supervivencia frente a la libertad imposible. El actor y director realiza un trabajo impecable, dueño y señor de sus registros interpretativos en un montaje en el que el humor corrosivo está impregnado de feroz melancolía. ué mejor forma de materializar un espacio sin límites, formas ni descripción alguna que lo acote? Sin duda, haciéndolo invisible. Ésa es la opción elegida por Blanca Portillo para representar el limbo en que dos almas esperan para volver a ocupar un cuerpo. Los espectadores se encuentran en las más absoluta oscuridad, perciben sonidos que reverberan, truenos, voces distanciadas por la modulación de los micrófonos, alguna música... Si no fuera por los relámpagos que a veces perfilan fugazmente un cuerpo esquivo, por algún olor o por la vibración de los sonidos fuertes que se transmite a través del suelo y las sillas, podría decirse que se escucha un programa radiofónico, como aquel Teatro del aire que hace décadas emitía RNE. Siglo XX que estás en los cielos es el título de esta comedia sobrenatural de David Desola que ha inaugurado una nueva sala del Español, un pequeño recinto antes ocupado por la cafetería del teatro y en el que puede sentarse más o menos un centenar de espectadores. La protagonizan dos almas que, según explica el autor en el programa, resumen dos periodos dramáticos del siglo XX español: la guerra civil y el azote de la heroína de los años 80. Una de las almas es la de un joven combatiente anarquista catalán al que reventó un obús, y la otra, la de una chica que se prostituía para pagarse el caballo que la condujo a la tumba. Desola imagina que un alma puede regresar a la Tierra cuando ha muerto la última persona que la recordaba, y esas dos se encuentran en una suerte de sala de espera aguardando el momento de su vuelta; mientras, Dios, que se comporta como un niño caprichoso, juega a fastidiarles con pequeñas actividades que no saben hacer. Medio siglo de historia separa a ambas almas, lo que da pie a divertidos diálogos en que la joven explica al miliciano sorprendido cómo ha ido evolucionando la situación de España, a alguna broma con el catalanismo de por medio y a un quiebro final que es mejor no fastidiar revelándolo. Desola ha vertido mucho humor y ternura en esta comedia en la que se apela a la complicidad del espectador para que convierta su imaginación en escenario de la acción. Con esos mimbres, Blanca Portillo ha redondeado un espectáculo agradable y bien dicho por los actores. ¿Q