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ABC MARTES 18 4 2006 55 Cultura y espectáculos De la máquina a la silla Ninguna idea fue más central a los sueños de una nueva utopía que el de la tecnología, representada en su literalidad y en su imagen por la máquina afirma Christopher Wilk. Las máquinas y sus partes fueron vistas como modelo de lo funcional y como símbolo de la belleza sin ornamento, así como medio para la producción de masas de los nuevos diseños. Si la máquina fue el símbolo de la pretensión globalizadora de la nueva percepción del arte como utilidad social, la silla fue el simple objeto que más fue rediseñado, el mayor exponente del esfuerzo por repensar las formas. La exposición reúne en una sala un buen número de ellas, entre las que se encuentra el modelo transgresor del arquitecto holandés Mart Stam, quien en 1927 produjo una silla en la que las cuatro patas quedan reducidas a dos al quedar unidas por una estructura tubular. El uso de tubos de acero en mobiliario ya había sido utilizado por Marcel Breuer. La silla Barcelona de Van der Rohe ha quedado como emblema de una modernidad que no ha perdido su vigencia. Tatra T 87 (a la izquierda) Espectacular coche diseñado por Lans Ledwinka. Es una de las estrellas de la muestra. Abajo, la ultramoderna Villa Savoye (Poissy) creada por Le Corbusier Londres resucita la utopía que diseñó un nuevo mundo El Victoria Albert Museum revive la irrupción de la modernidad entre 1914 y 1939 b A través de tres centenares de objetos y medio centenar de películas, el museo londinense repasa las creaciones de Van der Rohe, Breuer, Aalto o Le Corbusier EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Su pretensión fue generar un nuevo hombre, construir un nuevo mundo. Su fe se hundiría en el abismo de la II Guerra Mundial, pero sus líneas artísticas siguen vigentes un siglo después. El legado de firmas como la de Le Corbusier, de escuelas como la de la Bauhaus o de movimientos como el futurismo mantienen hoy todo el ímpetu de modernidad que en su día abanderaron. El Victoria Albert Museum de Londres revive la aportación de dos décadas prodigiosas con su exposición Modernismo: diseñando un nuevo mundo, 1914- 1939 abierta hasta el 23 de julio. Aunque la modernidad ya había comenzado en el arte con varios ismos- -el impresionista, el expresionista, el cubista y la abstracción- la atrocidad de la I Guerra Mundial y las esperanzas de la Revolución Rusa supusieron una nueva vanguardia que soñó con una definitiva era de paz e igualdad social, y que tendría en el diseño y la arquitectura sus principales instrumentos para moldear la realidad a la que aspiraba. La nueva creatividad, que en el ámbito anglosajón se ha venido denominando modernismo, por más que ese nombre remite a otros procesos culturales, se derramó en estilos diferentes. No obstante su variedad, obedecían a los mismos principios: rechazo de la historia y los ornamentos; preferencia por la abstracción, la línea y la geometría, y creencia de que el diseño y la tecnología transformarían la cotidianidad. La muestra de Londres, con más de trescientos objetos expuestos y la proyección de secuencias de medio centenar de películas, va desde los trabajos pioneros de la Bauhaus alemana y de la vanguardia rusa en el albor de los años veinte a la adaptación de los diseños a un mercado de masas en la década de los treinta, auspiciado por las demandas de dictaduras en crecimiento. Su idea central fue que el mundo debía ser repensado, que cabía una salvación de la condición humana mediante el arte y el diseño afirma Christopher Wilk, responsable de la exposición. Una utopía básica, según Wilk, que aunaba muchas otras: la comunista (Vladimir Tatlin) la social (Bauhaus) la racional (Le Corbusier) la es- piritual (Bruno Taut) y la tecnológica (futurismo) Todo ello en un marco de interés por adecuar a la persona humana los espacios y los objetos (el prototipo de cocinas en serie de Grete Lihotzky o los innumerables modelos de sillas, entre ellos los de Alvar Aalto y Marcel Breuer) y mejorar sus condiciones de vida, así como la preocupación por el cuerpo sano a través del ejercicio físico. La exposición recorre los planos de viviendas de Mies van der Rohe, Walter Gropius, Erich Mendelsohn, Antonio Sant Elia y Le Corbusier (su aún ultramoderna Villa Savoye) las funcionales líneas para factorías de Alexander Vesnin, el vestuario teatral de Oskar Schlemmer y la cinematografía de Lenin Riefenstahl. Un cuarto de siglo de diseño, desde la clásica lámpara de Wagenfeld a los automóviles Volkswagen y el osado Tatra.