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ABC MARTES 18 4 2006 Sociedad 49 JUAN JOSÉ LÓPEZ- IBOR Catedrático de Psiquiatría Llevar a un niño al psiquiatra debe ser decisión del pediatra, no de los padres MADRID. De su padre, del que tiene el mismo nombre, asegura haber aprendido el cuidado por la exploración clínica y la curiosidad permanente por buscar en muchos sitios para entender qué son las enfermedades mentales más allá de la Psiquiatría Ahora se cumple el centenario de su nacimiento (1906- 1991) que será conmemorado con un congreso internacional que a partir de mañana pondrá de relieve en Madrid las claves que identifican el panorama de la salud mental actual. Se reconoce como un médico al que su padre también enseñó el cuidado del enfermo y de su entorno. ¿Tiene que seguir dándonos miedo la enfermedad mental? -No debería ser así, pero lo sigue siendo. Lo da por lo que tiene de desconocida, de misteriosa, de imprevisible, de no tener sentido. Nos enfrenta a la posibilidad de enloquecer, de perder el sentido. ¿Cuándo tira la toalla? -Los médicos, en general, no podemos tirar la toalla. Nunca. No nos lo perdonarían los enfermos. Los pacientes no sólo quieren que les curemos, sino que les tratemos como seres humanos hasta el final. Y eso pasa con los enfermos terminales, donde el médico aunque sabe que no tiene nada que hacer no va a abandonarle. Cuando la Medicina poco puede ofrecer es cuando empieza el trabajo del médico. ¿Es la Psiquiatría la especialidad médica más estresante? -Es la más apasionante. Todos los días pone a prueba los cimientos de la naturaleza humana. Eso la hace apasionante, difícil y estresante, es verdad. Los índices de suicidio más altos están entre periodistas y dentro de los médicos, entre los psiquiatras. -En los años 80, España desmanteló sus infraestructuras en psiquiatría. No sé si hemos recuperado algo. -La reforma psiquiátrica se ha hecho bastante bien porque se han abierto muchos centros de salud mental comunitaria y porque los hospitales generales tienen sus unidades psiquiátricas. ¿A quién le interesa en este país la psiquiatría en las cárceles? -Iba a decirle que ni a quién está en ellas, porque el número de psiquiatras en prisiones es escasísimo y muchas veces la atención recae en personal de psicología. Y las cárceles son grandes instituciones psiquiátricas. En Estados Unidos se dice que el psiquiátrico más grande del país es la cárcel del condado de Los Ángeles. En España, si sumásemos consumo de sustancias tóxicas, trastornos de personalidad y ciertas formas de esquizofrenia encontraríamos que un importante porcentaje de la población penitenciaria padece enfermedad mental y necesitaría más Ultima los preparativos del congreso que revisitará la figura de su padre al cumplirse el centenario de su nacimiento y que servirá para analizar el presente y futuro de la Psiquiatría TEXTO: GONZALO ZANZA FOTO: CHEMA BARROSO López- Ibor en su despacho del Hospital Clínico San Carlos de Madrid recursos para su atención. Los pocos psiquiatras que hay están totalmente desbordados y preocupados por la responsabilidad. ¿Se han convertido las cárceles en los psiquiátricos del siglo XXI? -En muchos países, no sólo en España. ¿Nos estamos dedicando a esconder entonces a los enfermos? -El problema está ahí. La cárcel cumple la función de la pena. Yo soy bastante escéptico sobre las capacidades de reeducación y reinserción. Pero para muchas personas enfermas es una oportunidad de tratarse ya que, quizá, fuera de ella no puedan hacerlo. -No sé si las patologías psiquiátri- LA PSIQUIATRÍA EN LAS CÁRCELES Los pocos psiquiatras que hay están desbordados. Un importante porcentaje de la población penitenciaria padece enfermedad mental y necesita más recursos LAS CONSECUENCIAS DE LAS REFORMAS EDUCATIVAS Las puede ver por las calles; el botellón chicos matándose por las carreteras los fines de semana... cas están aumentando entre la población infantil o que los padres han descubierto que psiquiatras y psicólogos pueden cubrir su papel. -Pues ambas cosas. Si se miran los estudios epidemiológicos de los trastornos del comportamiento alimentario (anorexia, bulimia) no se demuestran grandes cambios en su incidencia y prevalencia. Sin embargo, se han convertido en patologías a las que se da mucha relevancia. En la medida en que en nuestra sociedad el papel de la familia disminuye y desaparece y que su estructura se disuelve, todo lo que tiene a la familia como ambiente educativo y sanitario va desapareciendo. Al mismo tiempo cada vez vivimos más en un mundo tecnificado. Cuando surge un problema ante el que los padres no saben como reaccionar deciden ir al psicólogo o al psiquiatra. ¿Cuándo hay que llevar a un niño a una unidad de salud mental? -Directamente nunca. Yo lo llevaría al pediatra. Dejaría que fuese quien tomase la decisión. Ir a una unidad de salud mental o psiquiatría es acudir a la atención especializada que, además, es estigmatizante. ¿Cree que se está dando demasiada importancia a la salud mental de los menores? -No. Si hay una asignatura pendiente en asistencia psiquiátrica en España es la psiquiatría infantil porque no se ha desarrollado como debiera. ¿Qué representan los sistemas educativos en la salud mental de los menores? -Son fundamentales, no me cabe duda. En un país como este, los constantes cambios en el sistema educativo se han traducido entre otras cuestiones en estrés laboral en las personas dedicadas a la docencia. Y sus consecuencias no son muy excelsas. ¿De cuáles habla? -Las puede ver por las calles, las grandes fiestas del botellón los chicos matándose por las carreteras los fines de semana... -En los últimos años se ha pasado de primar la competitividad en los modelos educativos a no saber si tiene que existir o no. -Yo tampoco sabría decírselo, pero es espantoso, caótico. ¿Qué espera de la última reforma educativa, que bien podría ser derogada en dos o seis años? -Pues eso mismo y que alguna vez alguien sensato decida sentarse con personas sensatas y se dediquen a pensar sensatamente lo que queremos de las generaciones futuras. No puede funcionar un sistema educativo donde el mensaje es que es posible pasar de curso con no sé cuántas asignaturas pendientes.