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ABC MARTES 18 4 2006 Nacional 21 Horas de angustia e incertidumbre GIJÓN. La tarde del accidente fue de minutos dramáticos, inciertos, angustiosos... Ocho de la tarde. Una treintena de allegados esperan en la explanada de la parroquia San Miguel, en el barrio gijonés de Pumarín. Con los móviles, alternan llamadas a los servicios de urgencias y ponen en común la información que les entregan con cuentagotas. La noticia del accidente va saltando de casa en casa. Fue muy fuerte. Sonó el móvil y una mujer a la que no conocía me dijo que el autocar de mi hija había tenido un accidente. Era una mujer que se detuvo a ayudar cuando vio lo que había pasado. A través del teléfono llegaban las voces y la histeria que se vivía allí Ocho y media. Se amplía la presencia de familiares. Hay rumores de que son una quincena los chavales y monitores trasladados a los centros hospitalarios. Diez de la noche. Un miembro de la Benemérita convoca a los familiares en la escalinata de la iglesia y da una lista vaga de las personas que han sido atendidas. El accidente de los boy scouts dejó un balance de 16 heridos J. BILBAO Aitor, de 4 años, es uno de los 15 heridos que permanecen ingresados en hospitales de Oviedo, Mieres y Langreo. El grupo de scouts sufrió un accidente el domingo cuando el autobús que los devolvía a sus casas, en Gijón, se salió de la autopista Todos lloraban, pero yo fui valiente TEXTO: ANA SALAS, DIANA DE MIGUEL OVIEDO MIERES. Lo que debió haber sido unas inolvidables vacaciones de Semana Santa se tornó en tragedia y en drama. Sobre todo para los allegados a las víctimas del siniestro al salirse de la autopista el autobús que les devolvía a sus casas. La espera era necesaria pero insoportable para los familiares de los niños ingresados en el Hospital Central. Muchos pasaron la noche en el centro y el cansancio se dejaba ver en sus caras. Las lágrimas brotaban en cuanto trataban de explicar algún detalle de la situación clínica de sus hijos, nietos o amigos. A pesar de que el equipo médico del hospital iba informando a los familiares de la evolución, a ellos no les parecía lo suficiente. Si antes no se conocían a partir de ahora no se olvidarán. El gesto de Armando cambió radicalmente desde que su pequeño Aitor P. de 4 años, llegó al hospital. Por la noche fue trasladado a planta y aunque con 60 puntos en la cabeza, está bien. Para lo que podía haber pasado, no es nada decía el padre logrando esbozar una sonrisa. El niño era uno de los más pequeños del viaje y por eso estaba sentado en la parte delantera. Eso le salvó la vida A pesar de los momentos tan duros, Armando quiso recalcar que confiamos mucho en el conductor. Llevaba a los niños de excursión desde hacía seis años Aitor está consciente. Relataba, orgulloso, a sus familiares que todos los niños lloraban, pero yo no porque fui muy valiente recordaba, emocionado, su abuelo Joaquín. Pero la mayoría de los padres no estaban tan tranquilos, eran conscientes de la gravedad que corrían sus pequeños. Los teléfonos, las explicaciones y las lágrimas eran habituales en el Central. Los amigos de varios jóvenes esperaban en la puerta las noticias que, de cuando en cuando, bajaban los padres. No eran positivas. A uno le habían amputado varios miembros. A otra le seguían haciendo pruebas. Hay que esperar dice Maximiliano Mateos, abuelo de Andrea P. la ni- ña de 7 años con peor pronóstico. Sus propios padres participaron en el rescate. Coincidieron en la carretera y fue horrible dice mientras espera nuevas noticias de sus hijos que habían entrado a visitar a la niña. Paso a la tristeza La confusión y el nerviosismo vivido el domingo en el Hospital Álvarez- Buylla de Mieres dejó paso ayer a la tristeza. Los familiares de los cuatro heridos que permanecen allí ingresados, entre ellos el conductor del autobús siniestrado, aún no daban crédito a lo sucedido, aunque asumían que la tragedía podía haber sido peor. Tuvo suerte dicen los padres de Aroa G. de 8 años, que se recuperaba ayer de sus traumatismos. Pregunta constantemente por dos de sus amigos, pero uno de ellos ha muerto lamenta una amiga de la familia, en referencia al pequeño Kevin Sanz, uno de los últimos en ser identificados. Todavía ayer el personal del centro rememoraba la trágica búsqueda de sus padres hasta bien entrada la noche. Ni siquiera cuando nos describieron la ropa que debía llevar el niño pudimos ayudarles decía un sanitario. Los padres de Aroa no fueron los únicos que tuvieron que enfrentarse a las preguntas de sus hijos. La historia se repite en la segunda planta, donde está Yordan C. de 16 años. Está bien, pero pregunta todo el rato por sus compañeros dice su padre, que aún recuerda la tensa espera de noticias el día anterior. Hubiera sido más llevadera si hubiera podido llevar móvil dice el primo de la joven. En la conversación de pasillos también fue inevitable hablar de la seguridad. Uno de los médicos nos dijo que si hubieran llevado cinturón no hubiera habido muertos afirman amigos de los familiares de los pequeños. Tanto Aroa, como Yordan y el conductor del autobús, Francisco, serán dados de alta hoy. El otro joven, David S. de 14 años, aún tendrá que estar varios días más Ayer continuaba en la unidad de reanimación.