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ABC MARTES 18 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA INVENTAR UNA NACIÓN NDALUCÍA no es una nación, y quienes sostienen lo contrario no saben lo que es una nación ni lo que es Andalucía. Por tanto, definirla en el nuevo Estatuto de autonomía como realidad nacional no sólo es una barbaridad- una broma según Alfonso Guerra, que quizá tenga que votar a favor de esa broma en el Congreso, como hizo con el texto catalán- sino un pastiche conceptual y político inventado con el único propósito de arropar el disparate impuesto por el consorcio de poder de Cataluña. Pero un disparate no se arregla con otro disparate. Esta deriva demencial acabará con el reconocimiento de la realidad nacional murciana, balear o riojana. Tiempo al tiempo. IGNACIO Como era de esperar, el CAMACHO Estatuto de Cataluña ha abierto una espita que nadie va a poder cerrar desde la racionalidad política. Es obvio que al reconocer a Cataluña como nación se establece un claro agravio comparativo con otras autonomías, y se ponen las bases de una España de dos velocidades que el pacto de la Transición evitó precisamente a partir de que Andalucía se rebelara contra ese designio. Lo que ahora intenta hacer el PSOE andaluz, con el concurso seguidista e irresponsable de Izquierda Unida, es extender la confusión ya sembrada a costa de la única realidad nacional que reconoce la Constitución, que es la de España. Por ende, la ponencia estatutaria que ayer aprobó ese sobrevenido delirio- ¿cuál será el hecho diferencial andaluz? -ha suprimido una mención a la unidad indisoluble de España, propuesta por el profesor Clavero en un intento de sujetar por algún lado el dislate. Esta omisión viene a avalar la voluntad torticera de utilizar el Estatuto de Andalucía como herramienta para dar cobertura al error catalán, de modo que no sólo no se dignifica a la autonomía andaluza, sino que se la manosea supeditándola al designio establecido por Cataluña y convirtiéndola en subrepticia moneda de legitimación de un modelo asimétrico. Porque por muy estupendos que se pongan los autores de esta salida de pata de banco, es obvio que la flamante realidad nacional andaluza no va a recibir el mismo trato efectivo que la catalana. Esta invención es un mero maquillaje retórico que sólo conduce a la patraña de un Estado plurinacional que devalúa el concepto sustancial de la nación española. Andalucía sólo va a salvarse con España, como parte de una comunidad de ciudadanos que jamás ha debido permitir que se la postergue en beneficio de una falsa nación de naciones Y somos los ciudadanos los que debemos alzar la voz para denunciar la burda maniobra con que nos quieren dar gato por liebre. Ya está bien de tonterías: ni Andalucía es una nación, ni Cataluña tampoco. Y lo que tendría que hacer el Parlamento andaluz es recurrir el Estatuto catalán al Tribunal Constitucional, en nombre de los ciudadanos andaluces que, como españoles que somos, no estamos dispuestos a que otros españoles saquen ventaja por el mero hecho de considerarse distintos. A LA EXTREMA DERECHA CAPTURA VOTOS NDA la extrema derecha engullendo votos en toda Europa, a la sombra del miedo al terrorismo, a las saturaciones de la inmigración, a la experimentación multiculturalista, a la globalización y a la impersonalidad de la Unión Europea. A la vista quedan los resultados del referéndum en Francia y Holanda, y la presencia de Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. En España no faltará quien observe los resultados de las elecciones municipales en zonas de conflictividad inmigratoria para luego articular o no una plataforma de mayor proyección. Lo que en verdad no se esperaba era que el Partido Laborista británico reconociera estar preocupado por su voto local en áreas en las que una población nativa de bajo valor adquisitivo vive puerta por puerta con población inmigrante. Algunos laboristas- -según refleja la prensa británica a derecha e izquierda- -temen que su voto se vaya VALENTÍ al BNP, Partido Nacional Británico, PUIG hasta ahora prácticamente al margen de la vida institucional. Obtuvo menos de doscientos mil votos en las últimas elecciones generales. Ciertamente, la cosa va por barrios pero es que son los barrios que hasta ahora nutrían los escaños laboristas. Acostumbra a decirse que, por la consiguiente proliferación de partidos, los sistemas electorales de proporcionalidad actúan como umbral para la imantación del voto de extrema derecha, a diferencia de los sistemas mayoritarios. Un caso hasta ahora indiscutido era el británico aunque ahí también tenía mucho peso la flexibilidad y el pragmatismo del partido conservador, capaz de aglutinar vastos oleajes de principios e intereses. De todos modos, el problema de la inmigración no le ha sido ajeno. Fue por un discurso de alarma ante las posibles consecuencias de las leyes permisivas respecto a la inmigración que el tory Enoch Powell, considerado por sectores como futuro líder conservador, tuvo que retirarse a segundo término. A Ahora, los tories en manos del joven David Cameron pasarán por una fase de amoldación equiparable a la plastilina, según se hunda o aflore Blair o según entre o no en escena su sucesor, Gordon Brown. Lo que no entraba en las expectativas era que el Partido Laborista- -autoproclamado partido de la ley y el orden por Tony Blair- -llegase a temerle al BNP, al Partido Nacional Británico, grupúsculo con un puñado de concejales como exiguo capital político actual. Para las elecciones locales de mayo, los candidatos laboristas perciben como el BNP atrae votos de quienes ya no se sienten representados por los dos grandes partidos. En su campaña el PNB propone medidas de segregación escolar para los alumnos que no hablen inglés con fluencia. También propone la reinstalación voluntaria de los inmigrantes de color en sus países de origen. Según el Daily Telegraph en los últimos mundiales de fútbol, el PNB no apoyó al equipo británico porque alineaba cuatro jugadores negros: su favorito fue Dinamarca. El líder del PNB, Nick Griffin, insiste en que quien viva en Gran Bretaña debiera saber el inglés. Su lenguaje coincide con los nuevos populismos europeos: preservar la identidad, eliminar las tensiones generadas al pasar de sociedades étnicamente homogéneas a otra en la que las culturas son ajenas entre sí Como en general ocurre con la extrema derecha europea, Griffin no quiere que su país acabe como Estados Unidos, donde todo el mundo ya es de piel color café y bebe coca- cola El PNB sólo admite afiliados blancos. Nada más lejos de los ensueños eurócratas para la construcción europea. Los candidatos laboristas detectan que la respuesta violenta del Islam radical a la publicación de las caricaturas de Mahoma en la prensa danesa está siendo un factor de peso para el trasvase de votos al PNB. Consta en el programa electoral del PNB de Nick Griffin que Gran Bretaña se retire de la Unión Europea y adopte políticas proteccionistas. En estas circunstancias, la actitud más insana sería mirar para otro lado una vez más. vpuig abc. es