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4 Opinión MARTES 18 4 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL PEOR GUÍA DE LA CAUSA PALESTINA L actual Gobierno palestino ha perdido una gran ocasión para haber dado una señal positiva hacia Occidente. Negándose a condenar un atentado suicida que ha causado muertes inocentes en la ciudad israelí de Tel- Aviv, al calificar el execrable asesinato de acto de autodefensa los responsables de Hamás no hacen sino reforzar el criterio de que esta organización debe seguir incluida en la lista de grupos terroristas. El atentado ha sido uno más de la lamentable lista de acciones repugnantes que se han convertido en señal de los tiempos y como acertadamente ha dicho el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, un crimen que no ayuda en nada a la causa del pueblo palestino ni a la imagen de los musulmanes en el mundo. Además de añadir gravedad a la situación, la lamentable reacción de Hamás E DOS AÑOS, BALANCE DEFICIENTE E N la mitad de la legislatura, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero presenta un balance claramente deficiente. El Ejecutivo tiene a su favor que el estado de expectación generado por el alto el fuego de ETA está actuando como un inhibidor social ante las consecuencias de sus políticas reales. Pero esta es una baza de doble filo, por el largo plazo previsible para el desarrollo del mal llamado proceso de paz y por los enormes riesgos que rodean a todo Gobierno que negocia con terroristas. Descontado el efecto deslumbrante- -por tanto, efímero- -de la tregua etarra, el Ejecutivo socialista llega a la mitad de su mandato con un saldo negativo en sus principales frentes políticos. En el ámbito internacional, España ha pasado a ser irrelevante. Los fogonazos del cambio de política hacia Cuba, del apego a los movimientos populistas de Iberoamérica, de la ocurrente Alianza de Civilizaciones o de los bandazos en Bruselas, se han extinguido para dejar a la vista un panorama lamentable para un país que había alcanzado con los Gobiernos de Aznar un alto peso específico internacional. España se halla en un preocupante estado de oclusión diplomática. En política nacional, el Gobierno socialista ha abierto una grieta en el modelo de Estado, al romper el principio de unidad nacional e inaugurar con el nuevo Estatuto para Cataluña una carrera de naciones de nuevo cuño, cuyo reconocimiento legal supone la apertura de un proceso neoconstituyente, encubierto y sin mandato democrático. No tiene sentido la euforia del Gobierno ante una reforma estatutaria que supondrá materialmente la derogación singular de la Constitución en Cataluña y la suplantación de los últimos restos del Estado español por el ente estatal en que se convertirá la Generalidad. En marzo de 2004 nadie votó al PSOE para que impulsara estas rupturas que, eso sí, favorecen una alianza de conveniencia entre socialismo y nacionalismos para garantía de su poder político y de exclusión de la derecha democrática. El consenso constitucional se ha roto a cambio de una estrategia de partido. Desde el punto de vista social, el Gobierno socialista ha impulsado reformas con luces y sombras. Entre las primeras, cabe destacar la ley integral contra la violencia sobre las mujeres, aunque su eficacia estuvo sublimada por una actividad propagandística que ahora choca con un número espantoso de mujeres asesinadas en 2006. También la anunciada ley de Dependencia abordará un problema social acu- ciante, pero, aprendida la lección, requerirá menos propaganda y más realismo en la valoración de medios económicos y en la colaboración con las administraciones autonómicas. En el reverso de esta política social, el Gobierno ha de cargar con leyes que han manipulado sentimientos colectivos legítimos, como los de los homosexuales, para imponer por ley en la sociedad transformaciones radicales que no eran demandadas y que se han abordado de forma deliberadamente hostil. El laicismo agresivo del Gobierno socialista alienta buena parte de este concepto de sociedad nueva tan peligroso, que enmarca su política social. La reforma educativa, por su parte, es un capítulo agravado de este balance, porque sintetiza un modelo de educación basado en una visión pobre de la sociedad, sin ambiciones para sus jóvenes, sin confianza en una enseñanza exigente, sin voluntad de acabar con el fracaso escolar mediante el incentivo del esfuerzo. La inmigración ha sido tratada con demagogia, manifiesta ineficacia y falta de planificación. Mauritania y Canarias han sustituido a Marruecos y Ceuta y Melilla, ante un Gobierno que siempre ha llegado tarde a los conflictos migratorios, incluso cuando estaba sobradamente avisado. Los efectos de la regularización masiva están absorbidos por una nueva bolsa de inmigración ilegal para la que el Gobierno parece no tener respuesta, después de que Europa entera se alarmara por la entrega general de papeles de trabajo y residencia. La Justicia ha entrado, por vez primera desde 1978, en la subasta autonómica, alcanzando al núcleo duro del principio de unidad jurisdiccional, mediante el desapoderamiento de sus instituciones centrales- -el Tribunal Supremo y el CGPJ- en contra de la voluntad expresa de la Constitución de configurarla como un poder unitario del Estado. Sólo la economía (y si le quitamos el intervencionismo gubernamental en las opas que pesan sobre Endesa) se rescata muy parcialmente del balance negativo general, pero no por efecto de la gestión del gabinete, sino por la omisión de tal política, que el Ejecutivo ha creído erróneamente innecesaria por la inercia acumulada durante la etapa del PP. Sin reformas estructurales en el mercado laboral, en la competencia o en el sistema tributario, y con unos índices de inflación, paro y endeudamiento familiar preocupantes, la sensación es que se han perdido los dos mejores años de los que disponía el Gobierno para modernizar la economía. Haniyeh, primer ministro palestino EPA EL CRUDO POR LAS NUBES E L petróleo ha desbordado los 70 dólares barril en todos los mercados y no hay razones para pensar que ese precio sea excepcional en el futuro inmediato. No es previsible que baje, e incluso es posible que siga su escalada. Al parecer, la inestabilidad generada por el desafío nuclear iraní (uno de los grandes exportadores mundiales) es el factor que más ha empujado el precio, si bien a este hecho hay que sumar como factor determinante el aumento constante de la demanda, fundamentalmente de los nuevos países asiáticos en desarrollo. Con el actual nivel de precios es previsible que entren en explotación nuevos campos de producción y que aparezcan otros yacimientos (los del mar Caspio serán operativos antes del 2008) pero llevará tiempo, así que no cabe esperar inmediatos incrementos de la oferta como para moderar los precios. El crecimiento económico mundial comienza a poblarse de incertidumbres tras este nueva brote alcista. Para España, uno de los países más dependientes en materia energéti- ca (especialmente de petróleo) la noticia es aún peor, como reconocen fuentes oficiales, pues está en riesgo la actual fase de crecimiento sostenido y vigoroso. A pesar de ello, poco se ha hecho para mitigar la dependencia del crudo. La producción eléctrica con energías alternativas ha protagonizado un despliegue importante pero es insuficiente para lograr mayores cotas de independencia. Quizás en este momento sea preciso reabrir el debate sobre la cuestión nuclear. El primer gobierno socialista paralizó en 1983 las inversiones atómicas de tal manera que la última central operativa (Trillo) recibió la autorización definitiva en 1987. Desde entonces se impuso la moratoria, que ha cancelado esa alternativa, a pesar de que sin la aportación nuclear no hubiera sido posible sustentar el crecimiento económico y el bienestar actuales. Parece claro que, certificada esa extrema dependencia, el Ejecutivo no puede sentarse a esperar a ver cómo sube el crudo o a que por arte de magia lleguen, en la cantidad suficiente, energías alternativas. hace prever una difícil cohabitación en la cúpula palestina y será un milagro si esta situación no desemboca en un bloqueo permanente o en una confrontación civil. El hecho de que Hamás haya sido la vencedora de unas elecciones democráticas legítimas no significa que tenga patente de corso para usar a su antojo el mandato de los ciudadanos. Cualquier Gobierno legítimo está obligado a mantener unas pautas de comportamiento dentro de la buena práctica política y que haya otros gobiernos que hagan lecturas parciales de la legislación internacional (como ha sucedido demasiado frecuentemente con Israel) no justifica que uno pueda usar o justificar el uso de métodos abominables en el mundo civilizado como los atentados suicidas. Lo que se le pide a Hamás es simplemente que acepte de una vez que la violencia no es el camino adecuado para la consecución de objetivos políticos, que es lo menos que se le puede pedir a cualquiera de las partes enzarzadas en un conflicto, si quieren que se les ayude a resolverlo. La Unión Europea, que ha sido en los últimos seis años el principal donante económico y el más sólido apoyo político para los palestinos, ha demostrado la sinceridad de su oferta de mantener esta política. Si los dirigentes palestinos prefieren enrocarse en esta deriva radical, incluyendo esa peligrosa aproximación al régimen iraní en momentos de especial tensión entre Teherán y la comunidad internacional a causa de la gravísima disputa sobre su rearme nuclear, si prefieren mantener eternamente prendida la llama del conflicto, entonces será imposible que se les pueda ayudar.