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52 LUNES 17 4 2006 ABC Toros DOMINGO DE RESURRECCIÓN REAL MAESTRANZA DE SEVILLA Y el toro lo descompone (casi todo) Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 16 de abril de 2006. Lleno de no hay billetes Toros de Núñez del Cuvillo, incluido el sobrero (1 bis) de terciada presentación, los más serios eran por la cara; flojos, mansos, sin casta; el 6 se movió más a media altura, sin clase; un sobrero de Pereda (5 bis) mansurrón y manejable. César Rincón, de verde oliva y oro. Media atravesada (silencio) En el cuarto, estocada pasada y tendida. Aviso (silencio) Morante de la Puebla, de negro y azabache con cabos blancos. Media trasera caída (palmas) En el quinto, estocada corta (saludos) El Cid, de caldero y oro. Dos pinchazos y estocada caída (silencio) En el sexto, estocada caída (petición y vuelta al ruedo) Se guardo un minuto de silencio por la muerte del ganadero Luis Algarra. ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. El hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone (casi todo) Además hay cosas que no ayudan. No ayudó el terno de los cocacoleros patrocinados por la manzanilla Solear con unos polos amarillos canario que hacen daño a la vista y al menos supersticioso. Y no ayudó el terno luctuoso de Morante de la Puebla, un negro y azabache triste y fúnebre como el alma de la corrida de Núñez del Cuvillo, al fin y a la postre la responsable del enorme bostezo en el que se convirtió un Domingo de Resurrección de redondo cartel. El duelo servido entre los dos toreros de Sevilla aspirantes al trono de consentidos, como dicen por México, Morante el de La Puebla y El Cid de Salteras, cayó en el más profundo pozo, lastrado por la falta de fuerza, la ausencia de casta y la nula clase de los nuñezdelcuvillo. Rincón, de testigo, que no debía ser convidado de piedra, lo fue en la misma medida que sus compañeros de terna. Comparsa de desilusión. Ni siquiera en los escasos flecos positivos que apuntaron algunos toros los toreros superaron el bajío de la tarde. Las camisetas amarillo pollito, el terno negro... La plaza llena hasta la bandera, los pasillos, las escaleras, gafada por el mal fario. No parece, de momento, que la ganadería de Joaquín Núñez vaya a reeditar los éxitos de la temporada pasada. Valencia y Sevilla han sido dos pincha- El segundo toro de César Rincón empeoró su frágil comportamiento con este volatín zos de órdago. Los pocos flecos de optimismo pocos son para salvar nada. Quizá el último toro hiciera ver espejismos que espejismos fueron. Se movió más, es cierto. Pero con la cara a media altura sin entregarse a la muleta de un Cid que tampoco se entregó. Faena ligera, petición de oreja ligera y vuelta al ruedo de consolación. Sonó la música cuando Alcalareño pareó sacando los brazos desde abajo. Para desmonterarse, bien; para que se arrancase la banda, no. A este paso todos los días habrá pasodobles para tercios notables, y el pasodoble tal vez sea pieza para la excelencia. Las notas siguieron cosiendo la faena de Manuel Jesús Cid como lo más hilvanado de la misma. Hubo muerte pronta y la reseñada solicitud que rechazó un palco acertadamente EFE El duelo servido entre los dos toreros de Sevilla cayó en el más profundo pozo, lastrado por el pobre juego de los nuñezdelcuvillo conservador. Los pañuelos al viento no cuajaron sus esperanzas, las ilusiones de ver más allá de la realidad. Cid nada había logrado con el tercero, que derribó e hirió al caballo, casi más por accidente laboral que por empuje y poder. De hecho se desfondó a plomo en la muleta. Morante se vistió para la ocasión de un curioso negro azabache sobre ne- Boadella: ¡Ciudadanos, todos a la Maestranza y sin complejos! El dramaturgo Albert Boadella convirtió ayer el tradicional Pregón Taurino que organiza la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en una auténtica representación teatral, donde se simulaba un debate entre el propio pregonero y un personaje antitaurino, representado también por él. El director de Els Lloglars, que fue presentado por el ganadero Juan Pedro Domecq Solís, conectó desde el primer momento con el público que llenaba el teatro en una disertación que desmontaba desde la lógica, la historia, la moral, la ecología y hasta la filosofía los habituales argumentos de los colectivos antitaurinos. Boadella fue rebatiendo y desmontando los argumentos del antitaurino representado por él mismo: El mundo moderno corre en sentido contrario a Velázquez y hoy lo cambiaríamos por cualquiera de los pintores actuales Según informa Efe, el creador catalán manifestó: Tengo la impresión de que los toros, por lo menos en Sevilla, perdurarán lo mismo que la Macarena, lo cual no me parece poco Y dirigiéndose al antitaurino dijo: No pretendo que nos acompañe. Está en su legítimo derecho al reprobarnos, pero no quiera impedirnos unos momentos de gozo ante un arte auténtico que no ha sido esterilizado, domesticado ni recalentado como los demás. Para mantenerlo vivo, si es necesario, pasaremos a la clandestinidad, pero mientras: ¡Ciudadanos, todos a la Maestranza y sin complejos! gra seda y cabos blancos. Demasiado barroco, sobrecargado de luto. Entre el luctuoso atuendo y el amarillo de los cocacoleros se presentó la mala fortuna, y el quinto se partió un pitón por la cepa contra un burladero. El sobrero de Pereda no desentonó en mansedumbre de la corrida. El sobrero de Pereda que, por cierto, ya era segundo sobrero de la tarde. Salió suelto del caballo y obedeció chochón a la derecha del de La Puebla, preocupado de la compostura en demasía. La forma por encima del fondo. Había sido su primero altón y desgarbado enemigo, que escarbó sin decoro y no se empleó nunca con la cara a la altura de su cerviz. Una media de porcelana, una trincherilla de cartel y el resto, tiempo muerto y escenografía de Morante. A César Rincón se le torció la tarde con el toro que le devolvieron, un inválido todo y sólo pitones. El sobrero, del mismo hierro, primer suplente, además de rajado fue un hi de puta, que escribiría Cervantes. Oleadas, huidas cruzadas, fugas malintencionadas, de las de recordatorio incluido. Rincón resolvió toreramente. Aunque con el excesivamente flojo cuarto, tras unas verónicas con su aquél y un principio con solera, no terminó de acoplarse del todo en las medias alturas de enfermería que requería el toro, que después de tanto doblar y rodar postrado por un albero suelto y sin compactar se resistió con la espada puesta y la muerte a cuestas. Ojo a los cocacoleros y su amarillo chillón. Madera, madera.