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ABC LUNES 17 4 2006 47 Tres libros meten el dedo en la llaga de muchos aspectos desconocidos del pop y el rock and roll Teresa Nieto estrena hoy en el Teatro de La Abadía su espectáculo Ni patrás ni palante Pitol sostiene el Quijote ilustrado por Doré, durante la entrevista con ABC en México des del mundo de Elio Vittorini; El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, y las obras de Jane Austen. Son autores muy variados, pero todos comparten una gran riqueza estética y de construcción. -También Guerra y paz es un título señero en su formación... Guerra y paz lo terminé cuando tenía doce años. Aquellas estepas llenas de nieve, aquellas cacerías, la corte de los zares... eran algo irreal, pero sus imágenes eran muy fuertes. Fue mi abuela quien me dio a leer a Tolstoi; era una mujer que vivía sola y cuya única pasión era leer desde la mañana hasta la noche. Cuando volví a leer Guerra y paz muchos años después, estando en Moscú como agregado cultural, me sorprendió cómo podía haber entendido yo aquellas cosas cuando sólo era un niño. Otras de las pasiones de Pitol es el cine. El dinero recibido por el premio Herralde de novela lo emplearía en construirse una sala de proyección un cuarto con una buena pantalla y una buena colección de DVD en su hogar de Xalapa, donde vive rodeado de plantas y de perros. ¿De dónde le viene esa afición por el séptimo arte? -De pequeño, cuando no tenía fiebre me llevaban al cine. Era un cine ambulante y las proyecciones se realizaban en un almacén. Aquellas películas aún las tengo en la memoria: La reina Cristina de Suecia La llama de Nueva Orleáns Ser o no ser (que después habré visto veinte o veinticinco veces) Tres lanceros bengalíes La carga de la brigada ligera películas de Capra... Hoy apenas veo cine moderno; sólo alguna vez en televisión, pero ni siquiera sé sus títulos. Lo que verdaderamente me gusta es el cine clásico, los expresionistas alemanes... -Usted ha conocido muchos países, muchas culturas. ¿Cómo observa este tiempo en el que, si no choque, sí hay fricción entre las distintas civilizaciones? -Cuando cayó el Muro, en 1989, tenía la seguridad de que el mundo iba a ser mejor, al terminarse las tensiones de la Guerra Fría. Pero ha sido todo lo contrario. Las grandes figuras de las grandes potencias pensaron que la democracia sólo era el comercio libre, y nadie se ha preocupado por reducir el armamento, mejorar la justicia... Ante el futuro cercano no soy optimista, pero sí lo soy si pienso lo que ocurrirá dentro de veinte años. ¿Cómo ve este año electoral en su país? -Con preocupación. La situación es muy difícil. Hay un candidato favorito en las encuestas al que hace tres años que se le acosa desde todos los frentes. Si en julio ganara Andrés Manuel López Obrador candidato del izquierdista Partido de la Revolución Democrática creo que en las siguientes elecciones, dentro de seis años, sí podríamos llegar a una verdadera democracia en México. -Usted también ha vivido en España. ¿Qué le queda de aquella época? -Viví dos años en Barcelona, que era una isla respecto al resto de España. Trabajé en espléndidas casas editoriales y, pese a la cólera por la situación política, había una vitalidad cultural que no existía en otras partes. Tuve allí muchos amigos y amigas, y entre todos intentábamos hacer buenas cosas, a pesar de la censura. Pero no nos desanimábamos y lo intentábamos una y otra vez. Queríamos introducir en España la literatura más nueva, y aquello te llenaba la inteligencia y el corazón. Además, fue allí y en aquella época cuando escribí mi primera novela. ¿Y cómo ve la situación política española de este momento? -Creo que el presidente Rodríguez Zapatero ha tenido muchos altibajos. En un principio le ocurrió un poco como a López Obrador, que tuvo una oposición muy fuerte a cualquier cosa que hiciera o dijera. Ahora creo que está mucho más asentado, una vez se ha abierto la posibilidad de alcanzar la paz con ETA. ¿Qué opina de los nacionalismos? Sabe que son uno de los puntos más ásperos en el debate político español... -Suiza es perfecta. Hay una suiza alemana, otra francesa y otra italiana, cada cual con sus idiomas y con sus gobiernos, pero con una política exterior común y no se conoce que haya problemas entre ellas... Los problemas llegan cuando el centralismo exacerba los nacionalismos: eso puede ser peligroso. -Para terminar: ¿Escribe en ordenador, usa internet? -No, escribo a pluma. Yo me quedé en la electricidad.