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42 Sociedad LUNES 17 4 2006 ABC La mañana del 18 de abril de 1906 Hora: 5: 12: 05 de la mañana. Epicentro: A unos tres kilómetros al oeste del zoo municipal. Magnitud: Análisis modernos han ajustado esos cálculos a una magnitud de entre 7,8 y 7,9 en la escala Richter. Daños: Entre el terremoto y los tres días de múltiples incendios, 500 bloques de los cuadrantes central y noroeste quedaron completamente destruidos. Incluidos más de 28.000 edificios, empezando por el grandioso ayuntamiento. Coste: Las pérdidas materiales se estiman en 400 millones de dólares de la época, más de 8.000 millones actuales. Víctimas mortales: Aunque las cifras iniciales fueron deliberadamente reducidas a unos centenares, el coste humano real de la tragedia se calcula entre 3.000 y 6.000 muertos. Personas sin hogar: Entre 225.000 y 300.000, alojados temporalmente en campamentos construidos por el Ejército. Esfuerzo de reconstrucción: Se improvisaron vías de tren para acelerar las tareas de desescombro. En 1915, la ciudad aprovechó la Exposición Internacional Panamá- Pacífico para mostrar su resurrección ante 19 millones de visitantes. recen de las herramientas de predicción para determinar exactamente cuándo un monstruo de este tipo volverá a visitar a California. Para aportar prioridades a este debate sobre probabilidades de catástrofe, el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha publicado una animación en tres dimensiones de lo que ocurrió en 1906, mostrando cómo la destructiva ruptura sísmica ocurrida aquel 18 de abril viajó 300 kilómetros en cuestión de noventa segundos. La esperanza expresada por Mary Lou Zobak, especialista en simulación informática que ha invertido dos años en este proyecto de equipo, es que al facilitar estos datos el público se conciencie de los riesgos existentes y se entere de donde vive Fotografía de la ciudad después del terremoto, expuesta en el Museo de Arte de Moderno de San Francisco El centenario del brutal movimiento sísmico sirve para volver a insistir en que la espectacular ciudad de California tiene más de un sesenta por ciento de posibilidades de sufrir un terremoto similar durante los próximos treinta años San Francisco recuerda el terremoto que la destruyó pensando en el siguiente PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. A comienzos del siglo XX, la ciudad de San Francisco- -etiquetada como el París de América- -era un formidable epicentro de industria, comercio y cultura. Una urbe construida a la velocidad del rayo especulativo generado por la fiebre del oro. Entre su trazado complejo se contaban edificios de oficinas con múltiples pisos, un gran ayuntamiento, tranvías eléctricos, mansiones y viviendas de toda clase, iglesias y sinagogas, hoteles de lujo como el Saint Francis o el Fairmont, restaurantes, tabernas y casas de citas para satisfacer cualquier gusto, santuarios en forma de parques públicos, cuatro periódicos y hasta un teatro de ópera donde el gran Enrico Caruso interpretaba la Carmen de Bizet. Todo este envidiable paraíso urbano era también una calamidad a punto de materializarse. A las 5: 12: 05 de la mañana del miércoles 18 de abril de 1906, las placas tectónicas del Pacífico y Norteamérica cambiaron repentinamente de posición moviendo la tierra hasta seis metros en algunos tramos de la falla de San Andrés. El producto de esa extraordinaria actividad subterránea llegaría a San Francisco en forma de terremoto con una magnitud estimada inicialmente en 8,3 dentro de la escala Richter. La primera y brutal embestida duró menos de un minuto para verse acompañada en una hora por 17 réplicas sucesivas. Instantáneamente, miles de construcciones se vinieron abajo, empezando por la sede del ayuntamiento en la confluencia de la calle Market y la avenida Van Ness. Y lo que la tragedia sísmica no se llevó por delante, quedaría arrasado por los múltiples incendios posteriores. Tres días después, los cuadrantes central y noroeste de esa ciudad verdaderamente multiétnica- -la más poblada entonces de California y la novena de Estados Unidos- -no eran más que cascotes requemados. Con una factura estimada en tres mil muertos, pérdidas materiales de miles de millones de dólares, una caótica respuesta oficial y un forzado traspaso del liderazgo urbano en la costa oeste hacia Los Ángeles. Cien años después, San Francisco recuerda aquel 18 de abril- -ese Katrina sísmico- -con toda clase de ceremonias, exposiciones, documentales, conferencias, y publicaciones que detallan un nivel de destrucción que ahora resulta casi totalmente invisible para residentes y visitantes de la bahía de San Francisco, con sus prohibitivos precios inmobiliarios y espectaculares atracciones turísticas. Pero el diabólico apocalipsis atisbado en 1906 no es una simple cuestión relevante para los libros de historia, el periodismo de aniversarios y el menguante número de ancianos supervivientes. El consenso de los especialistas es Otro terremoto Dentro de este aluvión de estudios científicos inspirados por el centenario de la tragedia y la insistencia en un esfuerzo de protección civil a la vista del fiasco de Katrina otra investigación se ha ocupado de estimar qué pasaría en la bahía de San Francisco- -con nueve condados y 6,7 millones de habitantes- -si ocurriera otro terremoto como el de 1906. El resultado, pese a los códigos de construcción mucho más estrictos, sería otra vez de miles de muertos, cientos de miles de personas sin hogar, una ciudad peninsular aislada, dos grandes aeropuertos fuera de servicio y unos daños materiales que podrían sobrepasar fácilmente los 100.000 millones de dólares. En la lista de multimillonarias asignaturas pendientes para San Francisco, a pesar del preaviso con el terremoto de Loma Prieta en 1989, figura todavía reforzar miles de antiguos edificios de viviendas y algunas infraestructuras críticas como puentes, túneles y sistemas de conducción de agua, además de colegios y hospitales. Todo bajo el gran incentivo de que una repetición de lo ocurrido hace cien años es solamente una cuestión de tiempo. Así quedó el Ayuntamiento (City Hall) que la zona de San Francisco tiene más de un 60 por ciento de probabilidades de sufrir un terremoto similar durante los próximos treinta años. Partiendo de la base de que la notoria falla de San Andrés tiende a producir aproximadamente dos grandes terremotos cada milenio. Pero irónicamente, pese a todo el tiempo transcurrido y los grandes avances tecnológicos acumulados, los científicos de hoy en día todavía ca-