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16 4 06 SIETE DE SIETE (Viene de la página anterior) negación creadora de otro orden de valores que actúan de contrapoder LA INDOLENCIA al vez nos hemos adormecido en la autocomplacencia de la sociedad de consumo, y hemos caído en uno de los abismos más terribles de la decadencia de toda civilización: la indolencia. La dejación de las responsabilidades éticas con los otros, no sólo en el resto del mundo, sino en nuestro entorno cotidiano. Celebramos las maravillosas manifestaciones culturales de Semana Santa, pasión y muerte de uno de los grandes revolucionarios del amor, Jesús de Nazaret, mientras apalizan a un trabajador negro en Cataluña, o una pareja de hombres está a punto de ser linchada en Málaga por una cuadrilla de albañiles que depositan su hombría en la vejación, el insulto y la amenaza a ciudadanos que ejercen en libertad su condición. La incomparecencia de la Policía local es sintomática de la falta de conciencia ciudadana. Sólo el amparo anónimo de un establecimiento hostelero que me permitiré decir, Casa Mariano, su dueño y personal, así como la intervención de la Policía nacional, sin estar en regímenes talibanes afganos ni en el siglo I d. C. impidió males mayores. Dos personas podrían haber sido gravemente agredidas por ir cogidas de la mano, simplemente, ante la inhibición de cuerpos de seguridad locales, la incomparecencia de políticos del ayuntamiento que fueron avisados- -debe de ser que no es parte de su deber como autoridades de la ciudad- -y, sobre todo, la incultura atávica y endémica, la falta de respeto de un grupo de personas, por llamarlos de alguna manera, que creen tener más derechos que el resto. No hablo de oídas. Fui uno de los dos hombres insultado, desposeído de mis derechos como un reo de otros tiempos, a punto de ser linchado por unos inmorales y lamentables ciudadanos. No personalizaría, jamás lo he hecho. No soy adalid de ninguna causa más que de la libertad y el respeto. Es parte de mi compromiso con la sociedad en la que vivo: denunciar la injusticia que sufrimos hoy, a nuestro alrededor, en nuestro país, en este siglo. Reflexiona Zambrana: Buda y Jesús predicaron la compasión y el amor; y dejaron, en el sermón de Benarés y en el de la Montaña, dos fuentes inagotables de conductas antisistema en el corazón de la historia No estaría mal que en estas fechas dejásemos la autocomplacencia y recordásemos nuestra obligación con una sociedad y un mundo al borde de la deriva. T Oprah, o el orgullo de estar bien alpargatada Pasarela ROSA BELMONTE Oprah Winfrey, encantada de haberse conocido prah Winfrey es muy rica, ha llegado a estar muy delgada (después de ser muy gorda) y tiene muchos zapatos. Y ya se sabe lo de que una mujer nunca es demasiado rica ni está demasiado delgada ni tiene demasiados zapatos. Menos lo de los zapatos, lo otro es de Wallis Simpson, aunque Coco Chanel lo repetía, así que es difícil saber cuál de esas dos grandes mujeres del siglo XX fue la autora de la memorable frase (seguramente ninguna) Lo que ambas podrían haber asegurado es que nunca una mujer es lo suficiente fea de vieja, porque hay que ver cómo se estropean los cuerpos, que diría Lina Morgan. Y las caras. Nada más hay que fijarse en el aspecto actual de Chita, con lo mona que ha sido. Pero andaba con la riqueza de Oprah. Ha estado en Baltimore (ciudad natal de la duquesa de Windsor) en un acto de recaudación de fondos para una escuela. Tengo montones de cosas, como todos esos Manolo Blahnik, y creo que es genial. No soy una de esas de bueno, debemos renunciar... No, yo tengo un armario lleno de zapatos y me encanta soltó ante el encantado auditorio. Como si estuviera en Ricos Anónimos: Hola, me llamo Oprah y soy rica Debe de ser de las que están convencidas de que los que creen que el dinero no compra la felicidad no tienen ni idea de dónde com- ABC O La Taylor cuando soñó que era Cleopatra ABC prar. Desde luego no se siente culpable por tenerlo, aunque no lo guarda en casa como esos delincuentes de Madrid, que estarían pensando en hacerse piscinas como las del Tío Gilito para revolcarse en billetes y monedas, segu- Liz Taylor: Si alguien es lo suficientemente estúpido como para pagarme un millón de dólares por hacer una película, no seré yo tan tonta como para disuadirle