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ABC DOMINGO 16 4 2006 Madrid 39 MADRID UNA Y MEDIA TIEMPO PARA LA ESPERANZA JESÚS HIGUERAS El estruendo de los tambores anunció la llegada de la procesión de la Soledad La Virgen de la Soledad a su paso por la calle de Bailén, cerca de La Almudena a su Basílica y aguardan largas horas a la intemperie hasta conseguir besar el pie derecho del Cristo y formular las tres peticiones rituales. Además de esta procesión y de las que se celebraron desde el Domingo de Ramos, las calles más céntricas de la capital fueron recorridas por otras cofradías. El Viernes Santo, la congregación del Santísimo Cristo de los Alabarderos, con sede en la parroquia de San Sebastián, salió del Palacio Real por la Puerta del Príncipe y fue recibida por el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, a su paso por la Catedral de la Almudena. Esta procesión, en la que la imagen de Cristo es escoltada por la Guardia Real, fue recuperada para Madrid hace cuatro años. En otros distritos de la capital como Villaverde y Carabanchel se celebraron procesiones de gran tradición, como la de la Santa Cruz y la Soledad o la del Silencio. Ayer, Sábado Santo, el silencio por la muerte de Cristo acompañó a la Virgen Dolorosa, que partió a las ocho de la mañana de la Basílica de Jesús de Medinaceli, organizada por la Archicofradía Primaria Nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Por la tarde, Nuestra Señora de la Soledad, una imagen del siglo XVIII, considerada como una de las más bellas de cuantas atesora la capital, salió de la Iglesia de San Ginés, entronizada en su paso de corte clásico y de más de 2 metros de altura. El sonar de los tambores, reunidos antes de comenzar el desfile en el Monasterio de las Carboneras, custodió la imagen de la Virgen y anunció su paso por la calles del centro de la villa. Una década en Madrid La tradicional tamborrada en la Plaza Mayor, encomendada este año a la Cofradía de la Esclavitud de Jesús Nazareno y Conversión de Santa María Magdalena de Zaragoza, despedirá hoy la Semana Santa madrileña. Como en los diez años anteriores, decenas de tambores y bombos simbolizarán con su estruendo los temblores de tierra que, según relato evangélico, se sucedieron a la crucifixión de Cristo. Los cofrades saldrán al mediodía del monasterio de las Jerónimas Carboneras de la plaza del Conde de Miranda, y desde ahí irán hasta la Plaza Mayor tras recorrer las calles del Sacramento y del Cordón, la plaza de la Villa, y las calles Mayor y Ciudad Rodrigo. El Santo Entierro El Cristo de El Pardo y el Divino Cautivo también salieron la tarde en que se conmemora la muerte del Señor en la Cruz. Y la Procesión del Silencio, en la que la imagen de la Virgen de los Dolores era portada únicamente por mujeres. Además, la Cofradía de María Santísima de los Siete Dolores cruzó la Plaza Mayor en una de las procesiones más antiguas (más de 400 años) El Santo Entierro, organizado por la Real y Primitiva Cofradía del Glorioso Patriarca Señor San José y Santísimo salió de la parroquia de la Santa Cruz y cerró los desfiles procesionales del viernes por el centro de Madrid. Las imágenes, el Cristo de la Vida Eterna o Cristo Yacente y la de Nuestra Señora de la Paz en Palio de Respeto fueron acompañadas en respetuoso silencio por miles de fieles. La procesión de la Soledad cerró ayer los desfiles sacros de la Semana Santa madrileña Hoy tendrá lugar en la Plaza Mayor la tamborrada que este año protagoniza una cofradía de Zaragoza risto ha vencido a la muerte! Este es el grito de alegría que desde hace dos mil años no nos cansamos los cristianos de anunciar al mundo entero, puesto que la Resurrección de Jesucristo no es una propiedad particular de la Iglesia católica. Con Cristo todos hemos resucitado y en Cristo la muerte y por tanto, cualquier forma de maldad, de daño, de error, cualquier pena y cualquier cruz que un ser humano puede cargar, ha sido superado. Cristo es el vencedor del sufrimiento y de la muerte, puesto que es la expresión del amor del Padre por la humanidad y nos ha demostrado que el amor es más fuerte que la muerte, que donde hay amor no puede haber muerte y que el camino para la resurrección de todo ser humano, es único y ese camino es el Mandato Nuevo que nos dio el Señor, de un amor gratuito, desinteresado, que no pasa factura y sin límites, el amor de Dios que es capaz el hombre de recibir, vivir y trasmitir a los demás. Por eso, la Resurrección de Cristo es motivo de esperanza para todos aquellos que sufren, que creen que la vida temporal es la última palabra en la historia del hombre. Sabemos que tras la muerte la vida continúa y que esa vida no va a ser en espíritu puro, sino que va a tener también corporalidad. Saber que voy a volver a ver a mis seres queridos con rostro, con labios, con ojos, con timbre de voz y que voy a estar con ellos gozando eternamente, con un cuerpo glorificado como el de Cristo, es motivo para luchar y para no perder la esperanza. Cristo, el único salvador del mundo, es el único que puede dar sentido a la vida y por eso, todos los cristianos tenemos que anunciar con gozo que Cristo ha resucitado y que además ha enviado su Espíritu, que nos convence de la victoria de Jesucristo, que nos da la gracia de poder apropiarnos de esa victoria y que nuestras pequeñas o grandes muertes cotidianas también son vencidas y que cada día podemos morir con Él para resucitar con Él a un corazón nuevo y a una vida nueva. La Iglesia desborda de alegría por Cristo, por nosotros y por toda la humanidad, que ha sido redimida y salvada de aquello que más daño le podía hacer, que es el absurdo, la nada y el sin sentido. Todo tiene valor y sentido si Cristo ha resucitado. Por eso, no nos cansemos de anunciar a todos los demás que podemos esperar, luchar y vivir un gran valor. ¡C