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16 Nacional DOMINGO 16 4 2006 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL PRÍNCIPE NUEVO os analistas siguen discrepando sobre las causas que han provocado la dimisión cese de Bono. Acudo a esta fórmula híbrida, con barra interpuesta, porque se ha oído hablar de un Bono dimisionario, y también de un Bono cesado. La polifonía diagnóstica demuestra que el asunto no está claro, y que las dos interpretaciones son igualmente posibles. La versión divulgada por el propio Bono no ayuda a formarse un concepto cabal de lo ocurrido. El antiguo ministro de Defensa se ha referido a una carta de dimisión que obraba en manos de Zapatero desde hace tres meses. Supongamos- -no hay motivo para no suponerlo- -que esto es rigurosamente exacto. El dato revelaría que Bono quería irse, pero no despejaría una incógnita aún más importante desde el punto de vista político. La de por qué se la he dejado marchar justo ahora. Según la hipótesis más popular, Zapatero necesitaba, tras el alto el fuego de ETA, a un hombre de su confianza en las inmediaciones del Centro Nacional de Inteligencia. Bono, titular del ministerio que acoge al Centro, no daba el perfil. Se juntaron por tanto el hambre con las ganas de comer. El deseo de poner tierra por medio que ya había expresado Bono, y las prioridades impuestas al Gobierno por la tregua. Las dos partes agarraron la ocasión por el rabo, y formalizaron un divorcio amistoso. ¿Cuadran las cuentas? Regular, sólo regular. Sin duda ninguna, ha habido un elemento de improvisación, de emergencia, en el relevo del manchego. Éste obtuvo su carta de libertad horas antes de que se celebrase el consejo de ministros, al filo de una conversación que impidió al presidente cumplir con una cita oficial de asistencia obligada. Es lícito en consecuencia, es más, es inevitable, maliciar que sobrevino un accidente, sobre el que seremos informados dentro de unas semanas, unos meses, o unos años. La tesis del accidente desluce un tanto la idea de que Zapatero ha vuelto a mover los hilos con el despejo y astucia que últimamente se le atribuyen. Si es cierto que Bono ha levantado el vuelo a impulsos de un calentón, el juego ulterior de substituciones- -Alonso ocupa el hueco de Bono, y crea un hueco que a su vez viene a llenar Rubalcaba- -debería ser interpretado más como un remiendo en serie, que como una obra de ingeniería sutil. El sacrificio de la ministra San Se- L Ahora el PSOE es un conglomerado de gente que se lo debe todo al presidente gundo queda, dicho sea de paso, sin explicar, y ello con entera independencia de la perspectiva exegética a que finalmente resolvamos adherirnos. Es raro, rarísimo, que la responsable política de una ley presuntamente importante para el Gobierno, sea cesada al día siguiente de aprobarse ésta en el Congreso. El razonamiento de que Zapatero estaba descontento con la ley, o con el modo como se había gestionado, no es suficiente. Primero, porque Zapatero es todavía más responsable de la ley, que la ministra. En segundo lugar, porque no se castiga a un ministro incompetente apretando un timbre para que se abra una trampilla y desaparezca de pronto de la vista del público. Hay que completar el gesto intempestivo con un argumento, una aclaración. Hago esta observación, con el propósito de que recuperemos el sentido de las proporciones y no incurramos en el mal hábito de considerar normal lo que no es normal. El que se acostumbra a todo en política, apura en un santiamén el itinerario que conduce a la complacencia, y de ahí a la docilidad. Vayamos a continuación a lo seguro, o sea, a lo que no son conjeturas. La salida de Bono, ya se haya tratado de un accidente o del fruto de una larga premeditación, ya haya sido pactada o decidida sobre la marcha, imprime un tono inédito, más monocolor y también más radical, al Ejecutivo de Zapatero. Imagino que Bono no ha pintado nunca demasiado en el entorno de La Moncloa. Pero su presencia sugería la posibilidad de políticas alternativas a las puestas en práctica por el Gobierno desde que empezó a adquirir masa crítica el proceso estatutario catalán. Se podía hablar, todavía, de un socialismo dividido y por lo mismo equívoco, es decir, no comprometido de modo absoluto con la deriva confederalizante a que ahora asistimos. Las bravatas de Rodríguez Ibarra, las reticencias de Paco Vázquez y las reservas de Guerra contribuyeron también a alimentar, colateralmente, la esperanza de que el partido conseguiría detener, o al menos moderar, los desparpajos e intrepideces del Presidente. El desistimiento o neutralización de todas estas figuras ha producido un efecto dramático. Ha sucedido lo mismo que cuando cambia el decorado en la ópera, y tras una escena coral viene otra protagonizada en solitario por el tenor que encabeza el reparto. Hace un año, el PSOE era un partido que se había dado por jefe a Zapatero. Ahora, el PSOE es un conglomerado de gente que apenas si existía antes del 14- M y que se lo debe todo al presidente. Zapatero se ha convertido, técnicamente, en lo que Maquiavelo denominó un príncipe nuevo Es dueño de reglas y voluntades. Y dispara antes de contar hasta tres. Maragall ya no espera a ERC para el referéndum y Piqué pide su dimisión si no logra el apoyo de 1979 Los republicanos votarán no en el Senado y sopesan pedir el sufragio nulo en la consulta b El presidente de la Generalitat, en busca del voto españolista, avisa que no sólo Cataluña, sino toda España se juega mucho en el referéndum del Estatuto ÁNGEL MARÍN BARCELONA. Pasqual Maragall ha decidido pasar a la acción para conseguir el máximo apoyo de los ciudadanos de Cataluña al nuevo Estatuto sin esperar a que sus socios republicanos deshojen pacientemente la margarita del referéndum que, al parecer. también terminará en un no o bien en la opción por el voto nulo para contentar a las bases del partido independentista. Ante esta situación, el presidente del PP catalán, Josep Piqué exigió ayer al presidente de la Generalitat que dimita y adelante las elecciones autonómicas si el aval que logra el nuevo texto estatutario es inferior al que obtuvo el Estatuto de 1979, que cosechó un 88,14 por ciento de votos afirmativos y una participación del 59,7 por ciento. Con el fin de buscar el apoyo del voto españolista- -en concreto, ese medio millón de catalanes progresistas (la mayoría de ellos inmigrantes de otras comunidades) que habitualmente se abstienen en las autonómicas y, sin embargo, votan al candidato del PSOE en las generales- el mandatario catalán aseguró ayer que no sólo Cataluña, sino toda España se juega mucho en el referéndum del Estatuto. Afirmó que estamos abriendo una etapa en la arquitectura de la España plural que, a su juicio, seguirán otras Autonomías. Pasqual Maragall EFE Si es un fracaso tanto en participación como en votos afirmativos, el tripartito debería disolverse dice el PP para intentar convencer a un electorado al que el reconocimiento de Cataluña como nación no le satisface, más bien todo lo contrario. Tras el anuncio de Maragall de tirar millas en la campaña del referéndum sin esperar la decisión de ERC, el líder de PP catalán advirtió de que puede pasar que el grado de aceptación del Estatuto sea tan pequeño que al final quede deslegitimado Si el Estatuto es un fracaso tanto en participación como en votos afirmativos, el gobierno catalán debería presentar su dimisión concluyó. Una opinión que no comparte el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, que es partidario de la continuidad del tripartito pese a que ayer anunció que su partido también votará no en el Senado y que sus bases decidirán entre la opción negativa o el voto nulo cuál será la posición final de los independentistas en el referéndum del Estatuto, previsto para el mes de junio. Las relaciones con Zapatero Maragall, junto a la cúpula del PSCPSOE, está dispuesto a patearse los barrios obreros del cinturón de Barcelona para despertar ese voto durmiente a favor del proyecto del Estatuto que, de momento, no ha calado en la colmena metropolitana. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, será una de sus principales bazas políticas para que el mensaje estatutario penetre en esas barriadas. Por eso, Maragall resaltó ayer que es un hecho objetivo que tras el Estatuto su relación de confianza con Zapatero entrará en una nueva fase tras reconocer que sufrieron algún arañazo o problema a raíz del debate estatutario. Ahora nos hemos marcado un horizonte como país, una nación implicada en la España plural, y esto es un cambio significativo que también influirá en España subrayó Maragall