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ABC DOMINGO 16 4 2006 La Entrevista 11 Kofi Annan, entrevistado en Sevilla por ABC pero que los demás acepten las reglas del juego y acaten los resultados. ¿Por qué no dijo una sola palabra a favor de Abdel Rahman, el afgano condenado a muerte por convertirse al cristianismo, y que finalmente obtuvo asilo en Italia? -No dije personalmente nada, pero la ONU sí habló. Mi representante sobre el terreno fue uno de los primeros en manifestarse. Y no nos limitamos a hablar, también actuamos. Trabajamos con las autoridades afganas, pero no quisimos hacer más ruido del necesario. -En medio de la violenta reacción contra las caricaturas de Mahoma, usted pidió respeto para todas las creencias. -Yo creo en la separación entre la Iglesia y el Estado, creo que no se debe mezclar ambos campos. Al mismo tiempo, cuando hice aquellas declaraciones, subrayé que aunque estamos a favor de la libertad de Prensa ésta tiene que ejercerse de modo sensible, con buen criterio y respeto a lo que para algunos es sagrado. Eso no quiere decir que defienda la intromisión de la religión en asuntos seculares. El mensaje que quería transmitir es que tenemos derechos, pero deben ser ejercidos de forma responsable. -Algunos esperaban más del secretario general de la ONU en los días previos a la guerra de Irak. -Trabajé muy duro tratando de evitar la guerra. Pero hay que entender también que cuando la organización está dividida, cuando los miembros que forman la ONU están divididos, es responsabilidad del secretario general tratar de acercar posiciones, aunar voluntades para llegar a un acuerdo que permita seguir adelante. Mi postura ante la guerra era bien conocida, no estaba a favor de la guerra, no la respaldé, y en mis conversaciones con los americanos y con las otras partes dejé claro mi punto de vista. Al mismo tiempo, como secretario general mi labor consistía en acercar posiciones, no hacer todavía más profundas las divisiones. Lo que te queda después es tratar de seguir haciendo lo que debes. -En su segundo y último mandato al frente de la ONU, la reforma de la organización y los objetivos del Milenio para reducir la pobreza en el mundo no parecen haber llegado muy lejos. -No creo que podamos esperar milagros en el mundo en que vivimos. Me parece que con respecto a los objetivos de desarrollo del Milenio la fecha clave es 2013. Tiene razón, algunos países puede que no lleguen a alcanzar todos los objetivos. Otros sí los lograrán, e incluso irán más allá. Lo importante es que seamos capaces de mantener un marco general de desarrollo. Los objetivos del Milenio, en ese sentido, han sido universalmente aceptados, y es algo que la gente corriente comprende. La lucha contra la pobreza continúa. La reforma de la ONU también continúa. Como he señalado una y otra vez, es un proceso, no un acontecimiento. De todos modos, creo que desde el pasado mes de septiembre muchas cosas se han logrado, como que los países miembros hayan aceptado el concepto de la responsabilidad que los Estados tienen de proteger a sus ciudadanos. Hemos establecido una comisión de pacificación para ayudar a los países a salir de conflictos, y reformado la Comisión de Derechos Humanos. Hemos constituido también un centro de evaluación de conflictos que nos permitirá actuar más rápidamente, y hemos creado un nuevo fondo para ayudar a la transición hacia la democracia. Y he propuesto revisar la duración de los mandatos dentro de la ONU, y todo el que lleve más de cinco años al frente de un organismo será sometido a una eva- luación para comprobar si ha cumplido adecuadamente o no. ¿Qué le ha informado José Luis Rodríguez Zapatero sobre ETA, y qué le ha dicho usted al presidente del Gobierno acerca del posible fin del terrorismo en España? -No entramos en detalles pormenorizados sobre el asunto. Sí hablamos del anuncio de alto el fuego de ETA, lo que considero un hecho positivo que conviene explorar. Y espero que todos los actores políticos en España lo tengan en cuenta y traten de encontrar un final de la violencia. Esto ha durado demasiado tiempo. Sé que ha habido mucha gente que ha sufrido mucho, algunos han perdido a familiares, y hay que tener en cuenta a las víctimas. No se pueden buscar excusas para la violencia, y lo digo mientras la ONU sigue tratando de establecer una Convención Universal contra la Violencia. Aunque contamos con muchos tratados, continuamente nos atascamos en el mismo concepto: en si hay que hacer una excepción para los luchadores por la libertad y la resistencia a una ocupación, algo en lo que la mayoría de los países árabes insisten a causa de la situación en Palestina. Personalmente creo que hay que ser moralmente muy claros frente al terrorismo. Durante mi pasada visita a España, en marzo, hice una propuesta en ese sentido: considero que cualquier ataque contra civiles desarmados con la intención de matar, herir o aterrorizar es terrorismo puro y simple, al margen de la causa que se defienda. Y si todos llegan a aceptar este claro principio moral, podremos seguir adelante y aprobar una convención al respecto. Pero volviendo a la cuestión de ETA, hemos visto conflictos de larga duración que han sido resueltos, por eso espero que nos encontremos en el principio del fin de la violencia de ETA. ¿Es el Kofi Annan del último año de su mandato la misma persona que hace casi diez años se puso el yelmo de secretario general? -No puedo pretender que sea la misma persona que hace diez años. He aprendido mucho sobre la naturaleza humana. Sin embargo, no he perdido la esperanza ni mi optimismo. Creo no haber perdido mi capacidad de simpatizar con la gente, de sentir empatía por el sufrimiento ajeno. Hay mucha hipocresía al acusar de corrupción a la ONU -Una famosa canción de Crosby, Stills, Nash y Young dice Educad bien a vuestros hijos ¿Qué aprendió del purgatorio de la investigación del programa petróleo por alimentos y las sombras que se cernieron sobre la ONU? -Fue un doloroso período para mí y para la organización. Pero creo que podemos extraer varias lecciones de lo ocurrido. Es evidente que hubo algún desvío en la gestión que tenía que haberse evitado. Pero cuando uno lee el informe completo descubre que la idea de que la ONU estaba corrompida fue manifiestamente exagerada. Después de una investigación que costó 36 millones de dólares, se averiguó que un alto cargo de la organización podría haberse apropiado de 150.000 dólares. Eso del total de un programa cifrado en 64.000 millones de dólares. Si hubo escándalo, el escándalo estuvo en las capitales (de los países miembros) Cuando se destaca el hecho de que se trataba de 2.200 empresas que permitían a Sadam vender y comprar, creo que hay un alto grado de hipocresía, aquí y en el hecho de que muchos se mostraran sorprendidos de que Sadam se hubiera querido aprovechar del programa. No conviene olvidar que se trataba del mismo dirigente que había sido capaz de burlarse de los más sofisticados servicios de espionaje del planeta. ¿Por qué escandalizarse entonces de que intentara aprovecharse y sacar partido del programa de la ONU? Esta fue una circunstancia políticamente explotada por determinadas instancias, sobre todo en EE. UU. para desacreditar a la ONU y a su secretario general. Pretendían demostrar que todos los funcionarios de la ONU estaban corrompidos. Son los mismos funcionarios que están dispuestos a ir a lugares a los que muchos gobiernos no quieren enviar a sus soldados para prestar ayuda a gente que la necesita. Creo que merecen mejor trato.