Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 16 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL BUCLE REPUBLICANO UCHAS de las imágenes que han salido en las procesiones de esta Semana Santa fueron reconstruidas o hechas de nuevo en los años 30 y 40 porque los templos que las albergaban padecieron en mayo del 31 la tolerancia religiosa de ciertas turbas ante la pasividad de las autoridades republicanas. No por conocido el episodio debe dejar de recordarse entre otros muchos, de distinto signo, que sacudieron el ahora idealizado clima civil de la República hasta desembocar en una tragedia que venía planteándose tras la concienzuda fractura nacional en dos bandos abocados al exterminio mutuo. Celebrar el sueño republicano con la nostalgia IGNACIO retroactiva de un bucle CAMACHO melancólico, como ha hecho esta semana la izquierda española, es un ejercicio de ignorancia histórica que procede de una deliberada miopía de sesgo ideológico. Un poco de lectura desapasionada- -recientes, por ejemplo, los libros de Cortázar, Beevor y Bennassar, éste último con el expresivo título de El infierno fuimos nosotros -basta para entender que la II República fue un fracaso colectivo en el que naufragaron todos los viejos demonios de nuestra memoria, que arrollaron a los siempre minoritarios espíritus de la moderación ilustrada para acabar en un bárbaro baño de sangre muy a la medida de nuestra tradición cainita. Fracasó el republicanismo burgués porque no pudo detener el maximalismo revolucionario; fracasó el socialismo porque al prender la hoguera de Asturias, como reaccióna la victoria electoral de Lerroux y Gil Robles, acabó con la posibilidad de una alternancia democrática y puso la simiente de la guerra; y fracasó la derecha porque no supo sustraerse a la tentación recurrente del golpismo. Entre todos la mataron y ella solita se murió, dejando un ideal destruido y una herida insalvable que agravó la victoria de Franco. Y negarse a entender esa frustración o reinterpretarla desde la actualidad constituye un error que puede lastrar seriamente el futuro de la convivencia. Ciertos sectores de la moderna izquierda- -representados por el presidente Zapatero- -parecen incómodos con el hecho incontestable de que gran parte del ideal republicano haya acabado lográndose en España bajo la monarquía restaurada de Don Juan Carlos, al calor de un pacto de concordia construido en la Transición a base de tener muy presentes las causas del anterior descalabro. Y eso es lo que ha hecho posible, 70 años después, con una profunda y exitosa reforma del tejido social, económico, cultural y político, la nación democrática que soñaron los republicanos, paradójicamentecoronada por un Rey constitucional. La Historia tiene a veces estos guiños traviesos, pero tiende a complicarse cuando no se acepta su veredicto supremo. El optimismo adanista que niega el pecado original conduce a jugar en la boca de ese infierno que, como sugiere Bennassar, llevamos dentro de nosotros mismos con una devastadora semilla de destrucción. M EL LINCHAMIENTO DE ENCARNA HORA toca Encarna. Han aprovechado un cabo de año redondo de su muerte para que toque Encarna. Cuál sería su grandeza profesional, que no hay que poner apellido para saber a qué Encarna nos referimos. Le pasa como a Boby. Tampoco hay que poner apellido para evocar micrófonos que llegaban al corazón de los grandes públicos. Boby incluso lo tuvo más fácil. Reinó en la radio con su triunfal cabalgata fin de semana ¿o fin de época? cuando no tenía frente a la televisión. Encarna se impuso no sólo ante la televisión única, sino ante la irrupción de las privadas. Primero con sus taxistas de la noche y luego con su imperio de la tarde, Encarna le buscó las vueltas a las horas punta de consumo televisivo y logró audiencias millonarias en la radio. Lo mismo nos reíamos con la gracia cartujana de sus folklóricas en la mesa camilla que sentíamos unas ganas irreANTONIO primibles de comprar el remedio efiBURGOS cacísimo y definitivo contra la alopecia si lo anunciaba ella. Fui seguidor de su mesa camilla porque era la más perfecta parodia humorística de las tonterías que con tanta solemnidad como poco conocimiento proclamaban entonces, y siguen proclamando ahora, los truchimanes de las tertulias. ¿No era más serio acaso el ay, que me meo de risa de Carmen Jara que un pedantuelo hablando de las condiciones objetivas de los dos escenarios que hay que contemplar para no sé qué? Encarna Sánchez sigue ganando el EGM de la memoria mucho después de muerta. Quizá por eso le han levantado la veda y la someten a un linchamiento del que no entiendo nada. Verán. Ni porque hemos estado en Semana Santa, o quizá por eso mismo, ha cesado su crucifixión. ¿Y saben por qué? Aquí viene mi perplejidad más absoluta: pues por un asunto que más políticamente correcto no puede ser. A Encarna se la pone verde porque A (para entendernos con todo respeto a su memoria) unos dicen que era Progenitor A y otros, que Progenitor B. ¿Pero no hemos quedado que eso ahora es un mérito, que hasta da puntos en las baremaciones (espantosa palabra) para ocupar cargos públicos? ¿No hemos quedado en que nadie puede ser discriminado por sus libres opciones sexuales? ¿Por qué entonces asistimos a este desfile de testigos, como en un juicio de película americana, sobre lo que libremente quisiera hacer Encarna con su vida privada? ¿Puede alguien explicarme cómo exactamente lo mismo que se dice contra Encarna como un baldón para acabar con el recuerdo de su prestigio como radiofonista popularísima sea, en cambio, utilizado en loor de otras personas? ¿Por qué tanta reverencia a la Coordinadora de Gays y Lesbianas, o al cura de Valverde mismo, y tanta leña al mono con Encarna? ¿Me lo puede explicar alguien? Y luego, los sobres. En la España malaya y malhaya de Marbella, de Filesa, de Mienmano, por lo visto no había ni hay más sobres que los de Encarna. Pues tengo mucho gusto en hablar de esos sobres, y sé que no me dejará por embustero José Antonio Gómez Marín, que fue su colaborador y le guarda tan grata memoria como los que en su día gozamos del aprecio de Encarna por nuestros libros y nuestros escritos. Sí, Encarna andaba con sobres. Unos sobres así de gordos. Lo sé por Gómez Marín. Cada vez que iba al programa en los estudios de Madrid, Encarna le entregaba un sobre abultado: -José Antonio, ¿te importa llevarlo de mi parte a las Hermanas de la Cruz en Sevilla? Van dos millones de pesetas... Cuánto trajo Gómez Marín a las Hermanas de la Cruz de parte de Encarna es algo que sólo Sor Angela sabe. Y que quienes asisten al tristísimo espectáculo del linchamiento de Encarna deben saber. ¡Mira cómo de los sobres de Encarna para las Hermanas de la Cruz no hablan los inquisidores de peaje!