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60 VIERNES 14 4 2006 ABC FIRMAS EN ABC prodigio capaz por su genio musical de reducir todas las barreras humanas, capaz por su palabra de borrar la dureza de los corazones. Su último aliento fue en Berlín, una ciudad que fue capital de la indignidad mayor de la historia, asociada ya a la memoria de tantas inocencias robadas a la vida, de tantas almas hechas santas en el martirio. ¿Quién más merecía el nombre de Maestro? Recuerdo las miradas de huérfanos que cruzamos en el silencio de la emoción con el pianista argentino Miguel Ángel Estrella, en la Unesco, al evocar a Yehudi Menuhin, al que llamó el padre de todos nosotros porque no olvidaba a nadie en su bondad. Apoyaba la vida, se sometía al misterio de sus ritmos, de su armonía secreta que compartía con su fiel violín que era una voz más alla de las palabras. Enrique Barón Crespo, que fue patrono a petición del Maestro, de la Fundación Internacional Menuhin, y que hoy la preside, recordó en su homenaje El violinista en el cielo que juntos pudieron crear el programa MUS- E activo en más de diez países de la Unión europea, gracias al cual muchos niños de barrios marginados, difíciles y excluidos pueden fomentar su creatividad y su dimensión humana a través de la música, el canto, el mimo o la expresión corporal Concluyendo con una llamada al tiempo que se confirmó desde el año 1997 Es de esperar que como los violinistas que vuelan en el cielo pintados por su paisano Chagall, su espíritu siga vivo en la obra que él inició Yo me encontraba en Lausana el 12 de marzo de 1997, hablando con un adepto de las filosofías hindús, cuando escuché la noticia de que mi tan querido Menuhin había abierto un nuevo ciclo de su eternidad anímica. Del pesar y del agradecimiento por haberle conocido no pude liberarme sino con las palabras de mi pluma, que reproduzco con ocasión de sus 90 años, el 22 de abril, que será símbolo de Primavera, tal como la sonata de Beethoven que grabó para la eternidad con su hermana Hephzibah. La ofrenda de Menuhin: Yehudi, un corazón, una conciencia para el mundo entero, el eterno niño- filósofo, la nobleza humana, la real gentileza y la mirada de águila sobre todas las imperfecciones, la potencia de la utopía en acción, el diseño de las armonías del universo, el culto del amor, el acento del deber siempre en el primer plano del instinto, el sentido de las palabras que lo tienen, la complicidad de los profetas entre los cuales es tal vez el último en este siglo dedicado todo a la lucha del mal y de este Bien que cantaba por sus manos, y la intuición feliz de todo lo que conforta la justicia, de lo que anima la generosidad- -dio su vida hasta el último día- por su mujer doliente, por la música que lo llamaba día tras día, por sus demasiados amigos, por este invisible que lo llenaba y lo mantiene vivo en nuestros corazones, el hombre que ha ofrecido a la humanidad la imagen de su imposible dignidad, de su invencible movimiento hacia la ternura y la bondad, su búsqueda ferviente de un orden más feliz, bajo el arco iris de la Ciaconna infinita Ciaccona de J. S. Bach para violín solo. JEAN- JACQUES LAFAYE ESCRITOR SI MENUHIN TUVIERA 90 AÑOS Apoyaba la vida, se sometía al misterio de sus ritmos, de su armonía secreta que compartía con su fiel violín que era una voz más alla de las palabras... E L Premio Príncipe de Asturias, en su último año de vida, le hizo sumamente feliz, como así lo expresó. También conmovió a los que tuvieron la fortuna de conocerle personalmente. Veía la muerte como semilla de un nuevo nacimiento, y no dudó en declarar, en el Royal Albert Hall, con ocasion de sus 80 años, que a lo largo de su increible carrera de artista y trayec- toria humana había recibido bastante blessings (bendiconnes) como para mil vidas. Fue no sólo un Lord inglés, sino también un elegido, cuyas perfecciones nunca borraron su infinita humanidad. Tal vez el milagro de su presencia resida en el hecho de que sólo nombrándole sentimos vibrar en nuestras conciencias las cuerdas más íntimas, como una esperanza y una dulzu- ra siempre posibles. Seguirá vivo por sus interpretaciones, y también por sus visiones del futuro de la humanidad, porque nos hacía sonar con la redención pacífica de la comunidad planetaria. Algunos lo llamarán profeta, pero sobre todo fue el Testigo de un ideal de belleza, interior y abierto, que se confunde con la promesa mesiánica. En 1976 lo saludé por primera vez en la Universidad de la Sorbona al ser nombrado doctor honoris causa y a las ideas y las propuestas que le presenté a lo largo de los años siempre me respondió favorablemente. Hasta el proyecto de ofrecer un concierto benéfico para las víctimas del Sida, con la colaboración de su gran colega Aldo Ciccolini, en un programa dedicado a Mozart, en París. No pudimos concretar la propuesta de un libro recogiendo sus pensamientos públicos de la ultima década del siglo XX al que hubiéramos deseado llamar el siglo de Menuhin un ÁLVARO VALVERDE ESCRITOR LA FUNDACIÓN ORTEGA MUÑOZ NO de los artistas indiscutibles de la pintura extremeña (y española, o viceversa) del siglo XX es Godofredo Ortega Muñoz. Por fortuna, faltaría más, no es el único; ni siquiera, eso va en gustos, puede que sea el mejor. En arte y literatura esas consideraciones propias del deporte siempre me han parecido ridículas. Algunos delimitan su tarea y le denominan paisajista lo cual no deja de ser un matiz innecesario. Estamos ante un pintor total y eso es lo que de verdad importa. Recuperado definitivamente para Extremadura gracias, de un lado, a la donación por parte de los herederos de algunas piezas de su colección privada (35 cuadros) y, de otro, a la adquisición de otras obras a cargo de la Junta de Extremadura (23) se visualizó el regreso de su legado con una espléndida exposición en el MEIAC cuyo comisario fue Antonio Franco; una de las muestras más visitadas en la primera década del museo. Será imposible olvidar el gentío que llenaba la planta baja el día de su inauguración. De histórico, sin ambages, habrá que calificar el nuevo paso dado por la sociedad extremeña a favor del artista de San Vicente de Alcántara con la constitución del patronato de la Fundación que llevará, de ahora en adelante, su nombre; creada, según sus estatutos, para custodiar el legado artístico de su obra y, así, conservarlo, estudiarlo y difundirlo, al tiempo que para recuperar la figura del pintor extremeño, uno de los artistas españoles más singulares de su época. U El patronato de la Fundación, cuya Presidencia de Honor ostenta el Rey Don Juan Carlos, está presidido por el presidente de la Junta y está formado por los citados herederos del artista, Clemente y Javier Lapuerta, y personalidades del arte contemporáneo como Miguel Zugaza, director del Museo del Prado; Rosina Gómez Baeza, presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo y ex directora de ARCO; la directora del Museo Reina Sofía, Ana Martínez de Aguilar y el vicepresidente de su Patronato, José Luis Yuste Grijalba; el crítico Miguel Fernández Cid; Carlos Robles Piquer, albacea testamentario del pintor; Carmen Alborch, ex directora del IVAM y la catedrática de Historia del Arte de la UEX María del Mar Lozano Bartolozzi. Además, componen este órgano el Consejero de Cultura de la Junta de Extremadura, en calidad de Vicepresidente, así como otros responsables de esa Consejería. Como explicó Robles Piquer, no es frecuente que el Rey acepte estos cargos pero en este caso, a pesar del criterio restrictivo de la Casa Real, ha sido posible por la sensibilidad y admiración que el Monarca siente por la obra del extremeño. No en vano, siendo aún Príncipe, inauguró una de las exposiciones más importantes del pintor, la de 1970 en el Casón del Buen Retiro de Madrid. Uno de los acuerdos adoptados en esa primera reunión fue el de impulsar proyectos que, tomando el paisaje como referencia, atiendan a las relaciones entre arte y naturaleza (una tendencia en alza, como señaló Rosi- na Gómez Baeza) desde planteamientos y expresiones propias del arte contemporáneo (land art, arte público, pintura, fotografía, arquitectura, etc. y, desde este punto de vista, promover iniciativas que pongan en valor el paisaje extremeño y la imagen de Extremadura. Además del impresionante catálogo de la exposición del MEIAC, ésta ya ha visitado Málaga y está previsto que recorra otras ciudades, Madrid entre ellas. Del mismo modo, se va a construir una página web que recoja imágenes y textos relativos al artista. No estará de más esta proyección global de la obra de un hombre que nació en un pequeño pueblo de Extremadura (en condiciones de dureza que no hace falta evocar) y que, tras viajar y estudiar mucho, fue capaz de crear un mundo propio y, de paso, renovar el paisajismo español lo que, a la postre, le ha convertido en uno de nuestros pintores más universales. Como señaló su sobrino Clemente- -alma de la Fundación- no estamos ante un pintor del pasado sino ante una figura y una obra plenas de modernidad. Su pintura está vigente y goza del crédito de los verdaderamente grandes. Según el crítico Juan Manuel Bonet, es uno de los pintores que a la hora del recuento, ha de quedar Fernando T. Pérez (al que volvimos a echar de menos) escribió en su impecable Ortega Muñoz, en el crisol del tiempo: La crítica, como espiral del serpentín, suele someter el prestigio de una obra a los altibajos y volatines de un lento proceso de decantación, pero el tiempo, que es el crisol último y más poderoso, termina aquilatando su auténtico mérito. Y el tiempo y el reposado silencio no ha hecho sino esclarecer y acrecentar el alto grado de estima que gozó siempre la pintura de Godofredo Ortega Muñoz Su pintura silenciosa como la denominó Zamora Vicente, es ya inseparable de nuestro imaginario.