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ABC VIERNES 14 4 2006 Cultura 51 ÓPERA La ciudad muerta Música: E. W. Korngold. Libreto: P. Schott. Dirección musical: S. Weigle. Dirección escénica: W. Decker. Escenografía y vestuario: W. Gussmann. Iluminación: W. Göbbel. Lugar: Gran Teatro del Liceo, Barcelona. Fecha: 12 de abril ACTUALIZAR EL REPERTORIO PABLO MELÉNDEZ- HADDAD Albert Boadella, creador y director de Els Joglars y del montaje La torna de La torna DANIEL G. LÓPEZ El nacionalismo es tabú, y los que no lo hemos respetado lo pagamos caro Albert Boadella trae a Madrid su montaje La torna de La torna b Hay también todavía un antifranquismo compulsivo, y hay quien actúa como si todavía Franco estuviera vivo asegura el dramaturgo y director catalán JULIO BRAVO MADRID. En 1977, Albert Boadella no tuvo tiempo de traer a Madrid La torna La historia es conocida; dos meses después de su estreno, la obra fue prohibida por la autoridad militar y poco después Boadella era encarcelado por injurias a las Fuerzas Armadas. La fuga de dramaturgo y director- -muy teatral, como no podía ser de otra manera- en febrero de 1978, la víspera del consejo de guerra que le esperaba, alimentó la leyenda de Els Joglars, el grupo creado y dirigido por Boadella, que ha sido en las últimas décadas una de las puntas de lanza de la escena española. El jueves próximo llegará al teatro Bellas Artes de Madrid La torna de La torna una revisión del espectáculo presentado entonces. Els Joglars no cultiva el repertorio- -se justifica Boadella- no suele repetir obras, pero recientemente se han descubierto algunas cosas sobre el personaje que inspiró La Torna Heinz Chez (que no era polaco ni apátrida, sino un ciudadano de la RDA) que nos afianzan la seguridad de que aquella ejecución fue un crimen de Estado Devolver a la vida aquel histórico montaje ha necesitado de un proceso de actualización: hay cierta ampliación, con personajes de más y un preámbulo inicial para ponerlo en la tesitura de la época. Las jóvenes generaciones desconocen cómo estaba esa época. Casos como el que narra La torna siguen ocurriendo; ya no en España ni en la Europa democrática, pero sí en otros lugares del mundo, donde se siguen llevando a cabo penas de muerte arbitrarias. Existe, claro, un lado moralizante, porque el teatro debe de tener ese aspecto moralizador; al fin y al cabo, es algo que ha ocurrido en España no hace mucho tiempo Ha dicho muchas veces Boadella que aquel episodio marcó su vida. Siempre he sido muy asilvestrado, y no tuve la prudencia necesaria. Me equivoqué al pensar que la democracia estaba ya consolidada; me equivoqué en la forma, porque la obra era directa, esperpéntica, casi salvaje. Tras la detención, llegué a pensar que las cosas se podían poner muy difíciles; y por eso me tomé la libertad por mi cuenta Para Boadella, hoy se puede decir casi de todo sobre un escenario; no hay más límites que el código penal. Las amenazas a la libertad de expresión son de orden distinto: la autocensura. Hay temas tabúes, como puede ser ahora el Islamismo; el pánico y la amenaza terrorista son una coacción a la libertad de expresión. Hay que pensar que estamos tratando con el medievo, y eso complica mucho las cosas Pero no hay que irse tan lejos. También hay temas tabúes en países más abiertos. En Cataluña, por ejemplo, el nacionalismo ha sido un tema tabú, y los que no lo hemos respetado hemos pagado tributos muy altos. Las Adminsitraciones tienen el poder de elegir a quién dan los medios necesarios para hacer arte, y ejercen ese poder La memoria, un aprendizaje La memoria es, para el dramaturgo, una forma de aprendizaje. Los pueblos enferman igual que las personas: paranoia, esquizofrenia, depresión, y conocer la realidad es la mejor forma de que una colectividad no enferme. Y ahí entra el conocimiento de la historia Hay, claro, intereses políticos en ese conocimiento. La realidad más reciente tiene ese peso. Por ejemplo, ahora ponemos la mirada sobre la Segunda República, y podemos ver que quizás no fue tan extraordinaria como la pintaron, y que sus Gobiernos tuvieron buena parte de la responsabilidad de la guerra civil. Hay también todavía un antifranquismo compulsivo, y hay quien actúa como si todavía Franco estuviera vivo. Eso es una distorsión en nuestra historia reciente, y el teatro, el cine, la literatura, tienen ciertas obligaciones para que nos volvamos a encontrar con nuestra realidad Hoy en el teatro no hay más límites que el código penal, y las amenazas a la libertad de expresión son de otro orden, como la autocensura ómo es posible que todavía haya audiencias a las que no se les haya presentado la obra maestra del teatro musical de Erich Wolfgang Korngold? Junto a Janacek, Shostakovich Britten y Richard Strauss, la obra de este compositor, denostada y perseguida, merece tener un lugar en el repertorio de este siglo XXI porque en este caso la partitura- -y la historia que empapa con su espíritu- -bien merecen la pena. ¿Que es una obra destrozavoces facilona y acaramelada? Pues sí, en gran medida, pero la buena voluntad y el talento interpretativo ayudan a suplir la recreación de la ópera en la actualidad. Esto sucedió el miércoles en el estreno español de La ciudad muerta Die tote Stadt que tuvo lugar en el Liceo barcelonés, con un Sebastian Weigle lleno de inspiración desde el podio; su mimo hacia los instrumentistas y hacia los solistas sólo puede traducirse en buenos resultados, y el equilibrio conseguido entre esa tremenda masa sonora del Korngold soñador y el escenario brindó kilates a un espectáculo sensato y de gran fuerza emotiva. ¿Es esta producción del mismo director de escena que el mediocre Otello que pudo verse hace unos meses y del Boris que inauguró la temporada pasada? Pues sí; lo delatan sus obsesiones personales, aquí un buen caldo de cultivo. Willy Decker firmó una puesta en escena con imágenes preciosas a la que sólo habría que discutirle demasiada carga onírica evidente, perdiéndose ese juego inestable propio de la obra, cuyo libreto pretende que nunca se sepa si se camina por pesadillas o realidad. Decker dice: aquí comienza el sueño y aquí acaba, tirando al traste esa dualidad iquietante que enriquece La ciudad muerta Marisa Martins, Begoña Alberdi, Francesc Garrigosa, Francisco Vas y Roberto Miguel interpretaron sus papeles con absoluta entrega. Julia Juon impresionó por su emisión, potente y decidora, mientras que Bo Skovhus descollaba en su registro medio agudo, aunque sin graves. La excesivamente burguesa Marietta de Susan Anthony tuvo en sueños momentos de gran adecuación al personaje, con algún agudo tirante- -y otro calado- mientras que el estático Paul de Torsten Kerl lo daba todo en escena; ambos tenían a su cargo papeles de extrema dificultad y fueron convincentemente resueltos. ¿C