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ABC VIERNES 14 4 2006 47 John Eliot Gardiner crea la música prêt à porter grabaciones listas para llevar después del concierto Albert Boadella asegura que hay todavía quien actúa como si Franco siguiese vivo nuo. Hubo sus intentos de proclamar la ley marcial de una parte y de otra, hubo consignas insurreccionales la tarde del día 14 para hacer irreversible la situación. La rebelión de las masas de Ortega. Una rebelión menos espontánea de lo que creíamos, según las últimas investigaciones. En cualquier caso, la España de las provincias se impuso sobre el Madrid oficial que quedó desbordado. En el último Consejo de Ministros se leyó el manifiesto de despedida del Rey redactado por Gabriel Maura: Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil... Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España En la tarde de ese día 14 de abril, en Madrid, desde el balcón del Ministerio de la Gobernación (la histórica Casa de Correos) había sido proclamada la República. A las nueve menos cuarto de la noche una comitiva regia de tres coches abandonaba el Palacio de Oriente por la Casa de Campo, rumbo a Cartagena. Poco después de las cuatro de la madrugada, en el crucero Príncipe Alfonso salía el Rey de Cartagena hacia un destino que sería definitivo, aunque Alfonso XIII echando mano de sus reservas optimistas al desembarcar en Marsella dijo que: Será una tormenta que pasará rápidamente La tormenta no pasó rápidamente No pasó tan rápidamente. Tuvieron que pasar más de cuarenta años, con una guerra civil por medio, para que la Monarquía volviera. La soledad y el aislamiento de Alfonso XIII en las últimas horas de la Monarquía se prolongaron a lo largo de su exilio. Su dignidad, en cualquier caso, fue incuestionable y ha sido reconocida por sus propios adversarios. Aquella imagen patética del Rey desterrado en París, pocos días después de su llegada, que describió Cambó, no deja de impresionar: Yo iba al Meurice, a visitar a una familia amiga. En un rincón del hall vitré, detrás de una mesa, estaba sentado Don Alfonso: solo, sin la compañía de un libro, de un diario, de una copa. Al cabo de hora y media, don Alfonso continuaba igual, sentado detrás de la misma mesa, ¡Sin un libro, ni un diario, ni una copa! En la hora de la memoria de los setenta y cinco años de la llegada de la República, sería muy saludable un ejercicio de reflexión autocrítica del monarquismo de este país acerca de por qué cayó Alfonso XIII, que no implique la evasión de responsabilidades propias. Como constituiría, asimismo, una terapia muy deseable que la izquierda debatiera a fondo, sin renunciar de entrada a la autocrítica, sobre las razones por las que cayó la República, más allá de la lógica adjudicación de la culpa a un militar golpista llamado Francisco Franco. El simplismo, con su halo narcisista, a la hora de seleccionar el espejo histórico en el que mirarse, es un vicio muy frecuente entre los políticos. Los historiadores deberíamos recordar que los espejos históricos nunca son planos y que las imágenes que nos transmiten deberían invitarnos siempre más a la autocrítica que a la autocomplacencia. La multitud planta la bandera tricolor en la Puerta del Sol en esta histórica foto de Alfonso también: Yo tengo la sensación de que he perdido, aunque sea inmerecidamente, el amor de mi pueblo. Esto es una realidad y a ello hay que atenerse El Rey convocó su último Consejo de Ministros para las cinco de la tarde. A esas alturas España ardía de fervor republicano. Varios ayuntamientos se habían adelantado a proclamar la República en la madrugada del día catorce (Éibar, Oviedo, Sevilla, Valencia, Zaragoza) Companys en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona había declarado a la una y media de la tarde: En nombre del pueblo de Cataluña procla- Los ministros del Gobierno presentaron la dimisión al Rey el día 13 de abril a las cinco y media de la tarde Yo no puedo consentir que con actos de fuerza para defenderme se derrame sangre y por eso me aparto de este país mo el Estado Catalán bajo el régimen de una República Catalana Macià ratificaría esta proclamación minutos más tarde. La República catalana dentro de la Confederación Ibérica... La euforia impedía valorar la trascendencia de la proclamación. La movilización popular fue extraordinaria. Ucelay ha hablado del golpe invisible de los republicanos. El monopolio de la calle. Miguel Maura dijo: Nos regalaron el poder que nosotros no hicimos sino recoger en nuestras manos, a quien los del Gobierno habían dejado caer en medio del arroyo El regalo no fue tan inge-