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46 VIERNES 14 4 2006 ABC Cultura y espectáculos El 13 de abril España se había acostado monárquica y el 14 se levantó republicana. Don Alfonso XIII decidió suspender el Poder Real y partió al exilio. Hoy, cuando se cumplen 75 años del cambio de régimen, el historiador Ricardo García Cárcel analiza aquellas horas dramáticas Aquel 14 de Abril POR RICARDO GARCÍA CÁRCEL La caída de la Monarquía de Alfonso XIII empezó en septiembre de 1923 con la Dictadura de Primo de Rivera. Aunque tengan razón Seco y Tusell al negar la implicación del rey en el golpe, como ha escrito Mercedes Cabrera: El hecho es que recibió el juramento de Primo de Rivera como presidente del Directorio como si de un relevo más en el Gobierno se tratara Con la Dictadura, la Monarquía constitucional dejó de existir y nunca consiguió Alfonso XIII superar la desconfianza de la clase política derivada de aquella experiencia. La sombra de aquel pecado, si no de complicidad complaciente, sí al menos de pasividad inconsciente, marcó la trayectoria posterior de la Monarquía y constituyó una hipoteca terrible para la misma. Después, vendría el error Berenguer, diagnosticado así por Ortega, cometido por el general al que encargó el gobierno Alfonso XIII tras la dimisión de Primo de Rivera: Dámaso Berenguer, el responsable último de Annual, el hombre que ejercería la llamada dictablanda Consistió, según Ortega, en tratar de hacer como si aquí no hubiera nada radicalmente nuevo creyendo que los españoles pertenecen a la familia de los óvidos, en la política son gente mansurrona y lanar en definitiva, considerar que aquí no ha pasado nada y actuar con el referente del monarquismo previo a 1923, reconstruyendo el viejo caduco sistema caciquil y oligárquico de la Constitución de 1876. El artículo demoledor de Ortega, de noviembre de 1930, acababa así: Como eso es un error, somos nosotros y no el régimen mismo, nosotros, gente de la calle de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros ciudadanos: españoles, vuestro Estado no existe. ¡Reconstruidlo! Delenda est monarchia Texto del manifiesto que Don Alfonso XIII entregó al presidente del Consejo de Ministros, Juan Bautista Aznar, y que fue redactado por Gabriel Maura vas sangrantes. Se establecía por primera vez la distinción entre monarquismo y alfonsismo. En el Gobierno Aznar mandaba Romanones sobre un auténtico puzle de fuerzas monárquicas supervivientes de la Restauración. El Gobierno de concentración no dejaba alternativa alguna al dilema disyuntivo: Monarquía o República. La primera iniciativa del nuevo Gobierno fue la convocatoria de elecciones municipales para el 12 de abril. Ningún monárquico previó una consecuencia negativa. Y llegaron las elecciones. Se computaron 22.150 concejales monárquicos frente a 5.775 republicanos. Sólo en ocho provincias el número de concejales republicanos era superior al de monárquicos. Hecatombe del voto monárquico Pero tras las cifras globales había una realidad: la hecatombre del voto monárquico en las capitales de provincia. Sólo en 7 (Lugo, Vitoria, Pamplona, Soria, Ávila, Cádiz y Palma) habían ganado los monárquicos. En Madrid, el triple de votos republicanos que monárquicos. En Barcelona, el cuádruple. La opinión pública urbana había triunfado sobre las inercias del viejo sistema. El hundimiento moral de la monarquía fue total. Aznar, abatido, dijo aquello de que España se había acostado monárquica y levantado republicana Berenguer escribía un telegrama la misma noche del día 12 a los capitanes generales pidiendo se atuvieran al curso lógico de la suprema voluntad nacional No era un plebiscito, pero no ya los republicanos, sino los monárquicos, lo vivieron como tal. Gabriel Maura hizo el día 13 gestiones con su hermano Miguel ante el comité republicano de cara a algún compromiso, que ya no era posible. Los ministros del Gobierno presentaron la dimisión al Rey el día 13 a las cinco y media de la tarde. Sanjurjo, al frente de la Guardia Civil, se presentó ante Miguel Maura, dándole el tratamiento de ministro en tanto que miembro del Gobierno Provisional de la República. El día 13 fue un día loco de maniobras y contactos por parte del Rey. Por la mañana, aún creía él que hay varios caminos Entre otras gestiones llamó a Cambó que, pese a estar con fiebre alta, se fue a Madrid, llegó la mañana del día 14 y en el hotel Ritz se enteró de cómo estaba la situación. Optó por no encontrarse con el Rey y cogió el tren para Francia. Romanones, como Maura, intentó ganar tiempo ante el comité republicano, entrevistándose con Alcalá Zamora en casa de Marañón. El Rey estaba dispuesto a dar paso a las Cortes constituyentes, Al país Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez, pero sé bien que nuestra Patria se mostró en todo momento generosa ante las culpas sin malicia. Soy el Rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuenta rigurosa. Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación, suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos. También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles. Aznar, la única opción del Rey Un mes después del artículo se producía el pronunciamiento militar de Galán y García Hernández en Jaca. Su fracaso y la ejecución de sus líderes otorgaría a la República sus protomártires y acomplejaría más aún a los monárquicos. Unos, indecisos como Alba o Cambó- -éste además gravemente enfermo de cáncer- otros, despechados como Sánchez- Guerra, otros protagonizando defecciones flagrantes como Alcalá Zamora o Miguel Maura. Don Juan Bautista Aznar, un almirante, político de bajo perfil (Maura dijo de él que procedía geográficamente de Cartagena y políticamente de la luna) sería la única opción como presidente encontrada por el Rey tras la dimisión de Berenguer en febrero de 1931, tras una ansiosa exploración entre sus presuntos leales con varias negati- Con la Dictadura, la Monarquía constitucional dejó de existir y nunca consiguió Alfonso XIII superar la desconfianza suspendiendo sus poderes y ausentándose del país. Infructuoso. Los republicanos estaban exultantes y no aceptaban transacciones. El Rey ni podía continuar reinando ni podía abdicar. El día 14 el Rey recibió a sus ministros, uno a uno, y les comunicó su voluntad de marcharse. Sólo La Cierva le instó a hacer frente a la situación y a que se mantenga fiel a la patria y valerosamente afronte las dificultades actuales El Rey le respondió que yo no puedo consentir que con actos de fuerza para defenderme se derrame sangre y por eso me aparto de este país Al ministro Ventosa le dijo