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ABC VIERNES 14 4 2006 Nacional 17 AUTO DE PROCESAMIENTO DEL 11- M Las conversaciones telefónicas de Otman El Gnaoui permiten reconstruir paso a paso los días previos a su viaje a Burgos, donde se encontró con El Chino para ayudarle en el último traslado del explosivo comprado en Asturias Nos has hecho esperar aquí mucho tiempo, y hay muchos policías TEXTO: NIEVES COLLI MADRID. 27 de febrero de 2004. Son las 22.16 horas y por fin suena el teléfono de Otman El Gnaoui: -Otman El Gnaoui. Sí -Jamal Ahmidan, El Chino ¿Qué? -O. Nos has dejado esperar aquí al lado de Alcampo mucho tiempo, y aquí hay muchos chicos y muchos policías -J. ¿Dónde estáis? -O. Estoy con Hamid Ahmidan, primo de Jamal al lado de tu casa -J. Nos vemos en el campo de fútbol. -O. Vale, te esperamos, pero ¿vas a tardar mucho? -J. No, el tiempo del camino y estoy allí -O. Vale, gracias Quien llama a Otman (procesado en el 11- M por los delitos de colaboración con organización terrorista, falsedad en documento oficial y hurto) es Jamal Ahmidan El Chino que llega tarde a su cita con dos de los hombres que esos días trabajaban en la finca de Morata de Tajuña y que conocían lo que allí estaba ocurriendo (la preparación de las mochilas- bomba) el propio Otman y Rifaat Anouar, junto a El Chino otro de los siete suicidas de Leganés. En las tres horas anteriores a esa conversación, Otman y Jamal habían hablado ya varias veces, y este último había dado instrucciones al primero para quedar en Madrid. Nosotros- -había dicho Jamal- -estamos en Móstoles y queremos bajar para daros algo de dinero Pero antes, El Chino (jefe operativo de la célula islamista del 11- M quería asegurarse de que todo estaba en orden en la casa de Morata, de que habían terminado- sí, está todo listo le aseguró Otman- y de que habían cerrado la puerta y guardado todo dentro ya he metido todo en su sitio le tranquilizó Rifaat- Estas conversaciones, interceptadas por la Policía en una investigación antidroga, son el preámbulo de las que El Chino y Otman El Gnaoui mantuvieron dos días después- -29 de febrero- coincidiendo con el último traslado de explosivo desde Asturias hasta la casa de Morata de Tajuña. Otman debía ir al encuentro del jefe de la célula y encontrarse con él a mitad de camino, lo que le mantuvo a la espera de instrucciones todo el día 28. El nerviosismo se hace ya patente cuando, cerca de la medianoche, no ha recibido noticias de El Chino Entonces, Otman llama al primo de aquél, Hamid Ahmidan (procesado por colaboración) -O. ¿No te ha llamado Jamal? -H. No Otman El Gnaoui trabajó a diario como albañil en la casa de Morata de Tajuña, donde se prepararon las bombas -O. A mí tampoco. Dame su teléfono, o bien apúntalo y me lo das luego. ¡Despierta, cojones! Cuarenta minutos después, vuelve a telefonear a Hamid: A ver, dámelo (el teléfono) Otman estaba en ese momento en Leganés. La esperada llamada de Jamal Ahmidan no se producirá hasta las doce de la mañana del día siguiente, 29 de febrero. El Chino que sigue en Asturias, quiere saber quién está en la casa de Morata y le comunica a Otman que regresarán a Madrid esa tarde (a Avilés viajaron El Chino y los también suicidas Abdennabi Kounjaa y Mohamed Oulad Akcha) En esa conversación, El Chino transmitió por fin a EFE Un familiar de El Chino observó que se había radicalizado tras un viaje a Marruecos N. C. N. V. MADRID. A finales de 2003, tras uno de sus múltiples viajes a Marruecos, Jamal Ahmidan El Chino regresó a Madrid muy cambiado. De ser una persona normal pasó a mostrar un comportamiento propio del islamismo más radical. Así lo explica en la declaración prestada como testigo protegido un familiar próximo de uno de los suicidas de Leganés. Tras ese viaje, ocurrido en la segunda mitad del año 2003, El Chino empezó a vestir de blanco. El testigo asegura en una declaración incluida por el juez Juan del Olmo en el auto de procesamiento que Jamal había cambiado mucho hasta el punto de que, al ver su vestimenta, le preguntó: ¿Qué pasa, te has vuelto fraile? Antes- -continúa el familiar- -vestía normal, sin llamar la atención En esa misma época, El Chino mostró otros síntomas de su radicalismo. Empezó a mostrar interés por su hijo, de cuya educación quiso hacerse cargo para llevarlo a la escuela de la mezquita. Pero no pudo hacerlo porque no tenía la tutela del menor, que entonces tenía unos diez años. Otman las instrucciones para que cogiera la carretera del norte en referencia a la N- I: Trae el clavo grande, vente en coche y vente con uno o dos chicos, los chicos te darán el clavo. Luego os llamo para deciros en qué kilómetro quedamos (la Policía interpretó que con el clavo se referían a droga, pues los miembros del grupo estaban siendo investigados por tráfico de estupefacientes, y no por terrorismo, por lo que no existía ninguna sospecha de que el material que transportaban fueran explosivos) Esa tarde se producirían más llamadas. A las dos, El Chino habló con Otman para indicarle que tenía que ir a Burgos. A las cinco menos diez, cuando el jefe de la célula se encontraba en la localidad burgalesa de Sotopalacios, donde le paró la Guardia Civil por exceso de velocidad, contactó de nuevo con Otman. Éste se encontraba ya en la provincia (en concreto en Cogollos) donde había viajado con Rachid Oulad Akcha y Asrih Rifaat (ambos se suicidaron en Leganés) para ayudar en el traslado de los explosivos. El Chino habló también con Mohamed Oulad Akcha, a quien presumiblemente informó del incidente con la Guardia Civil. Mohamed Oulad había realizado el viaje desde Asturias en otro coche cargado con el material. El Chino iba delante, a modo de lanzadera, para advertirle de la presencia de patrullas.