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ABC VIERNES 14 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA REENCUENTRO ABRÍAS podido hacer muchas cosas en este puente que tiraba de ti como una dulce cuerda tentadora. Quizás un viaje; estuviste mirando en Internet esos vuelos que te llevaban promesas de ciudades envueltas en un halo de seducciones. Acariciaste la primavera en París, las acacias y los plátanos de Saint Michel esperándote después de ser testigos de la tormenta social de marzo. Recorriste con la mirada de los recuerdos esa pradera verde de Ámsterdam, donde una muestra reciente de Rembrandt consuela a los viajeros de la decepción del Rijks a medio cerrar, y tus dedos se hicieron huéspedes de las teclas que iban a llevarte al viejo mercado de flores del canal; sopesaste la idea de saltar hasta la populosa elFnaa de Marrakech y saIGNACIO borear el dorado del sol CAMACHO sobre las cúpulas, y hasta coqueteaste con el horizonte de las dunas de Cádiz y la tranquilidad de un paseo descalzo entre la espuma del Atlántico. Te llamó gente con propuestas, alguna cena bajo un porche de geranios y buganvillas, alguna tertulia asomada a cualquier balcón del Mediterráneo. Te apetecía escapar, como casi todos, y estabas cansado. Pero... Al final ha tirado de ti una fuerza casi telúrica que te empuja siempre por estas fechas al mismo sitio, al lugar donde todos los senderos de la vida se bifurcan borgianamente en el punto cero de tu identidad. A ese rincón de la memoria de tu ser y el de los tuyos, al corazón de tu infancia, al pozo de los sueños familiares, al manantial de los primeros goces y las primeras certezas, al paisaje en que aprendiste la amistad. Al fondo de tus creencias, de tus sentimientos, de esa cosquilla del alma que te une a la médula de tu tierra y de tu gente. Y allá te has ido, como casi siempre, sin preguntarte apenas por qué vas otra vez, a recorrer las calles con la mirada del reencuentro y la nostalgia, a respirar con el aire de abril una bocanada de pureza que te atraviesa el alma. Y has repetido el rito que tan bien conoces, has andado los pasos que te llevan de nuevo al interior de tus entrañas para encontrarte con el abrazo silencioso de los hermanos, con el recogimiento íntimo del templo en penumbra, con el frufrú de túnicas bajo la bóveda y el trasiego de gente que azacanea en los últimos retoques de la procesión. Quizá fueses ahora incapaz de explicar en voz alta por qué estás ahí, por qué has regresado un año más a ese camino cuyos palmos más precisos llevas inscritos en el ADN de tu conciencia, qué clase de voz oculta te ha vuelto a llamar a esta liturgia del tiempo y de la memoria. Pero sabes que ni siquiera te hace falta. Has llegado, como los otros, a la cita inexplicable y antigua que surge de algún pliegue de vuestra esencia común, a la convocatoria inexcusable que está a punto de abrirte de par en par la puerta de una experiencia siempre viva en la que vas a volver a sentir bajo el antifaz la plenitud de hallarte, en medio de una ciudad convulsa, agitada e hirviente, solo frente a la realidad de ti mismo. H MI 14 DE ABRIL UE por mayo no era; qué va a ser por mayo; ni por las grandes calores, ni por las cruces. Era ahora, en abril, cuando el niño se pasaba la mañana jugando a los pasitos y las tardes viendo cofradías con sus padres. Jugaba el niño a las cofradías con una mesa, un mantel y el hermano más chico para hacer de costalero, de la cocina al cuarto de los padres, por la carrera oficial del pasillo. Por lo demás, hacía las mismas cosas que todos los niños han hecho, hacen y harán mientras haya cofradías: pedir caramelos, amasar una inmensa bola de cera, buscar entre los nazarenos a uno de colegio: ¿Tú eres Perico? -No... ¿Y tú sabes dónde viene Perico? ¿Qué Perico? -Uno que está conmigo en el colegio... ANTONIO Pasaba la cofradía y se quedaba BURGOS sin encontrar a su amigo del colegio. A este Perico no le pasaba como a él. Qué suerte tenía Perico. Perico, claro, como su padre era de una hermandad de barrio, salía ya de nazareno. Pero en la de su padre, tan seria, que él ni siquiera ha visto todavía, porque sale en una cosa de mucho misterio, en las de Madrugada, donde no van niños ni los niños las ven... En la de su padre, ni de acólito puede todavía salir. Por eso juega por las mañanas a los pasos, de la cocina al dormitorio, y enseña a sus amigos la inmensa bola de cera, que ésa sí que está grande, si quisiera podría salir en la cofradía que le diera la gana. Ahí le ha surgido al niño la vocación: todos sus amigos del cole salen y él, no. Se lo ha dicho a su padre, muy serio: -Papá, yo de mayor quiero ser nazareno... -Claro, Miguelito: en cuanto tengas la edad sales en la hermandad conmigo. ¡Pues no estoy de- Q seando yo ni nada que salgamos los dos de casa vestidos de nazareno! -No, pero un día solamente como tú, no: yo quiero ser nazareno todos los días. Yo ya se lo he dicho a los niños del cole. ¿Qué les has dicho a los niños del colegio? -Sí, que cuando se ponen a decir qué quieren ser cuando seamos mayores, unos dicen que jugadores del Real Madrid, que se gana mogollón, y otros que pilotos de Fórmula 1. Pero yo, no. Se reían mucho todos, porque a mí me lo preguntó la seño en clase. ¿Qué te preguntó? -Que qué quería ser de mayor... ¿Y tú qué le dijiste? ¿Pues qué le voy a decir? ¡Que nazareno! A la tarde, en las sillas, el padre le ha soplado la ocurrencia de su hijo a los vecinos de abono, para presumir de cantera. Todos le preguntan ahora: -Oye, que tu padre no ha sabido decirme bien lo que quieres ser de mayor. ¿Tú qué vas a ser? ¡Nazareno! Y todos ríen. Y no hacen más que preguntárselo, una y otra vez. Y venga a reírse todos, todavía más. Está por no responder a ninguno más con la verdad, y decirles que quiere ser jugador del Betis. Porque estos mayores no saben nada de nada. ¡Cuidado que reírse cuando Miguelito les dice que de mayor quiere ser nazareno! Dímelo a mí, que yo sí que te comprendo. Que no se ría nadie más de ti. Con lo serio que es esto de querer ser nazareno. Yo, como tú, Miguelito, de mayor también quiero ser siempre nazareno, en una ciudad soñada, bajo los naranjos en flor. Donde, como es Viernes Santo, llega este 14 de abril y puedes escribir de los vencejos, y del Señor muerto, y no de quienes ahondan en el peligrosísimo odio y quieren celebrar ya la Resurrección... de la República, empecinados en hacer la Pascua a la concordia constitucional que nos trajo la Monarquía Parlamentaria.