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82 Deportes JUEVES 13 4 2006 ABC El Maratón de las Arenas es la prueba más dura del mundo. Siete días de supervivencia por el Sahara, 243 kilómetros abrasados bajo cuarenta y dos grados, con una mochila que pesa once kilos. Llevan una colchoneta, el hornillo para cocinar, una bengala y la comida de toda la semana. Sólo se les regala la jaima para dormir y nueve litros diarios de agua. El Dakar andante TEXTO TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN MADRID. Se supone que uno debe comenzar cada jornada limpio. Pues no. Hemos empezado hasta arriba de arena, sucios, por una tormenta del desierto parecida a la que sufrimos ahora. Un regalo después de veintiocho kilómetros bajo un calor insufrible Chema López Sánchez, 38 años, uno de los españoles que compite en el Dakar andante relata así una de las etapas del Maratón de las Arenas, la competición de fondo más importante del planeta. Una prueba que este año se ha superado a sí misma. El calor y un recorrido con las dunas como emperatrices ha supuesto que casi un centenar de los 731 participantes hayan tirado la toalla, la mochila, en la cuarta etapa, a falta de tres para el final. Es inaguantable. Supervivencia pura. En 2005 se retiraron treinta. Ahora habrá récord de bajas. Ezequiel Navío, uno de los compañeros de Chema, no ha podido soportar más este vía crucis. El Sahara es el amado y odioso espectador de la batalla que le declaran estos centenares de espíritus indomables, que osan pasarle por encima como si Supermán existiese. Pues existe. Y Superwoman también. Muchos de estos hombres y mujeres, que abarcan desde los 19 a los 71 años, consiguen el reto de superar los 243 kilómetros durante siete días, a través de montañas, rocas y dunas. Atletas aficionados que admiten unas reglas de castigo que un camello rechazaría. Porque un camello sabe el agua que tiene. A estos locos se la limitan. Nueve litros diarios. Aunque la enorme dureza de esta edición ha provocado que la organización les regale un litro adicional. Ahogados por falta de agua Ellos son los tuareg del siglo XXI. Deben vivir como si estuvieran perdidos en el desierto. De hecho, se pierden. Portan una bengala para avisar a la organización de su derrota. Esa bengala acompaña al saco de dormir, al hornillo para cocinar, a la brújula y a los cinco kilos de comida que rellenan la mochila de once kilos que cargan a su espalda. Porque llevan los alimentos de toda la semana. Hay que saber sufrir y repartirlos. La organización solamente les concede dos premios burgueses: la jaima donde dormir al final de cada jornada y la ración diaria de agua bendita. Pero las tormentas del desierto hacen volar las jaimas, como bien saben Daniel Crespo, Enrique Sendagorta, Javier Dusmet, Carlos García y Ezequiel, los compañeros de hotel de Chema. El martes tuvieron que montarla tres veces. Bonita fiesta después de aguantar la paliza del día. Eso les ocurre por querer dormir. Ellos sí que pernoctan siempre en un cinco estrellas. Las disfrutan todas las noches sin pagar IVA. 731 participantes de 32 países comenzaron la prueba de fondo más dura del mundo; ya se ha retirado casi un centenar Otros dos compatriotas, Jordi Nou y Luis Marcos, son los mejores españoles en la general. Pero ganar no es lo importante. El objetivo es vencer al Sahara. Un triunfo que el marroquí Lahcen Ahansal ha conseguido, por delante de todos, durante nueve años. Ahora se apresta a repetir el éxito. El resto de competidores dicen que vuela, que las montañas se esconden cuando él llega. Solamente le ven salir. Anoche sufrieron la etapa más indignante. Setenta kilómetros. Decenas de participantes tiraron la mochila. Muchos lanzaron la bengala, exhaustos, asfixiados. Perdidos. Chema, Quique y compañía tuvieron que dar agua a un francés que se ahogaba en la arena. Aquí se ahogan por falta de agua. Para Quique, 29 años, profesional en un banco alemán, esta es una afrenta especial. La última escapada que María le permite, preludio de la boda. Un buen entrenamiento para el maratón del matrimonio. Aquí, en el Sahara, estos supermanes se casan con el cielo. AFP Los números de la supervivencia Recorren 243 kilómetros. Un trazado más duro que nunca, pues se han introducido más kilómetros de dunas. 17.500 calorías en siete días. Es la cantidad mínima que un fondista debe portar en su mochila para poder participar, a razón de 2.500 diarias. Son cinco kilos de comida a cuestas. El límite de agua sube a 10 litros. La organización concede oficialmente a los 731 participantes- -ya quedan 640- -nueve litros diarios. Sin embargo, es tal la deshidratación que está añadiendo un litro adicional en cada etapa. En los controles, pastillas de sal. Es el único extra en los avituallamientos. Los competidores comen avellanas, almendras y queso en plena prueba. Comida química o real. Los españoles, como Chema, Daniel, Enrique, Javier, Carlos y Ezequiel, cocinan por la noche en la jaima, pero hay extranjeros que sólo cargan con barritas, geles y toda clase de alimentos químicos AFP Las tormentas de arena son el extra que pone en juego su resistencia