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ABC JUEVES 13 4 2006 51 Madrid celebra La Noche de los Libros, con multitud de actos, y como preámbulo al día 23 de abril La música rap, instrumento de terapia y de reinserción social gracias a una iniciativa en Torrejón de Ardoz Me he limitado a ser fiel a mí mismo y a hacer las cosas lo mejor que sé, sin permitirme negligencias El escritor que asoma la oreja, sin justificación alguna, en el relato que está escribiendo hará un mal cuento No se puede estar de acuerdo con tanta mentira, tanto egoísmo y tanta bazofia politiquera pisoteando la buena voluntad de muchos eran muy personales. Un día me puse a trabajar en un cuento: No sé lo que tú piensas Estuve 15 días con él en el bolsillo, leyéndolo una y otra vez, quitando y poniendo, en el Ateneo, en los cafés, por donde quiera que iba. Y, una vez acabado, entusiasmó a varios plumíferos amigos. Un día, Sastre y yo nos fuimos a tomar chorizo a la brasa a una tabernita y me dijo: ¿Vas a hacer cuentos? Los cuentos parecen tener menos importancia y dan poco nombre y poco dinero al que los hace Eso no me importa le dije. Me gusta escribirlos y, además, no son fáciles de hacer Ser un llanero solitario tiene cierta belleza... ¿Por qué sus cuentos están labrados con el cilicio en la mano y con un desprecio casi patológico a cualquier ingeniosidad a destiempo o cualquier blandenguería? -Demos, una vez más, crédito a Borges. Él decía que, en el cuento, había que sacrificar lo superfluo en aras de la eficacia. Y, desde luego, el escritor que asoma la oreja, sin justificación alguna, en el relato que está escribiendo, por puro afán de protagonismo, para que el lector note que él está ahí, hará un mal cuento. -De usted se dice que es un observador minucioso, tierno e incisivo de la realidad, que luego transforma en irreal. Algunas voces le clasifican entre los disidentes otras le ven más como un francotirador ¿Es un Robin Hood literario? -Creo que soy más francotirador que disidente, aunque, tal y como está el mundo, quiero pensar que todos somos disidentes por lo menos una vez al día. No se puede estar de acuerdo con tanta mentira, tanto egoísmo y tanta bazofia politiquera pisoteando, con el mayor cinismo, la buena voluntad de muchos. En cuanto al robin (petirrojo) que vive en mi jardín, lo hace mejor que yo y me recreo en ver que es inimitable. -Coloque el punto y final a esta entrevista con un final de cuento... -Llaman a la puerta. Bajo a abrir y no hay nadie. Oigo una lejana algarabía en las nubes y miro. Una bandada inmensa de pájaros se dirige al sur. No puedo irme con ellos, pero les doy las gracias por haberse acordado de mí cuando pasaban. Una exposición en Viena muestra desnuda la realidad vital de Mozart Algunas cartas desvelan la precaria situación en la que vivió el músico b Amante de la diversión y trabajador infatigable, la muestra recoge partituras en las que el propio Mozart indica que fueron creadas mientras jugaba a los bolos ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS CORRESPONSAL VIENA. Cuando Mozart murió, su viuda Constanze publicó un aviso para que sus acreedores reclamaran sus deudas. Nadie lo hizo, quizás como muestra de respeto a la enorme figura del genio o quizás por el oscuro origen de esas deudas, relacionadas con los juegos de azar, prohibidos en aquella época. Dos explicaciones posibles y que dicen mucho de cómo fue la vida de Wolfgang Amadeus Mozart en los 10 años que pasó en Viena. Esa es la intención de la exposición de la Sociedad de Amigos de la Música (http: www. a- wgm. com) que hasta el día 30 de junio muestra documentos originales del siglo XVIII, muchos expuestos por primera vez, para explicar cómo vivió y trabajo Mozart en la entonces capital del imperio Habsburgo. Partitura manuscrita de Mozart de su ópera Las bodas de Fígaro Mozart rico Cuando Mozart llegó a Viena en mayo de 1781, su prestigio y sus honorarios eran ya enormes. Sus lecciones magistrales de piano para la alta sociedad, sus trabajos de composición y sus actuaciones hasta tres veces por semana durante la temporada de conciertos le reportaban enormes cantidades de dinero. En la Viena de finales del XVIII, donde un jornalero ganaba 25 gulden al año y un burgués de clase media podía vivir cómodamente con 550, Mozart cobraba hasta 600 gulden por un recital. Según Otto Biba, historiador y organizador de la muestra, sus ingresos anuales oscilaban entre los 7.000 y los 12.000 gulden y le situaron entre los hombres más ricos de la ciudad. La familia no se privó de lujos: servicio doméstico, coche con cochero, ropas caras y residencia en las calles más céntricas. Carta de Mozart a su editor Hoffmeister, fechada en Viena en 20 de noviembre de 1785, pidiendo de forma urgente una enorme suma de dinero sión vitalicia para su viuda. Pero aparte de su afición a las timbas de la época, la actividad de Mozart eran continua. Composiciones religiosas, partituras para teatros populares, representaciones para los nobles, encargos de editoriales, trabajos para el emperador... su obsesión era ser conocido por todos. Su popularidad era enorme y no cesaba de idear nuevas formas de sorprender a un público que siempre esperaba más de él. Un ejemplo es el Concierto para piano en Re menor KV 466 de 1785 que Mozart interpretó con ayuda de los pies en un piano de pedal, una técnica novedosa en aquel momento, y que hoy día, según Biba, es una pieza que nadie puede ejecutar en su totalidad. La exposición también habla de cómo pasaba su tiempo libre. Jugar al billar en casa, los bailes de la corte y acudir a las sangrientas peleas de fieras que hacían furor en la época, eran varias de sus aficiones. Pero su genio creador nunca se detenía: la muestra recoge partituras en las que el propio Mozart indica que fueron creadas mientras jugaba a los bolos. Mozart pobre Pero paralelamente a la bonanza, el genio de Salzburgo pasó por apuros económicos. La muestra exhibe cartas en las que el compositor solicita a sus patronos adelantos y préstamos muy elevados que requería de forma inmediata y que se cree estaban destinados a abonar deudas de juego. A su muerte, la situación de la familia ya no era tan buena, aunque el prestigio de Mozart aún ejerció su influencia. En un gesto inaudito para en aquel tiempo, el emperador Leopoldo II ordenó una pen-