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ABC JUEVES 13 4 2006 Internacional 31 EL FINAL DEL TERRORISMO EUROPEO EL JAQUE MATE DE HELMUT La aburguesada desorientación de la RAF se resume en la confesión de Peter Jürgen Boock, líder de la segunda generación: No teníamos un objetivo pero creíamos que la propia lucha nos ayudaría a reconocerlo La guerrilla de salón de Baader Meinhof RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. El órdago de la Fracción del Ejército Rojo contra la República Federal Alemana, en el tenebroso Octubre Alemán de 1977, fue respondido por un jaque mate del canciller Helmut que, aún hoy, recuerda como definitivo el líder de la llamada segunda generación: fracasamos ante la firme posición adoptada por el Gobierno Peter Jürgen Boock reconoce a como vencedor del sangriento desafío; y a nuestras propias contradicciones como corresponsables de la derrota de la banda más atrabiliaria pero sugestiva y desestabilizante que ha conocido la Europa de entreguerras. El fenómeno que generalmente se atribuye a la RAF- -Rote Armee Fraktion según el nombre que Ulrike Meinhof copió urgentemente del llamado Ejército Rojo Japonés- -es en realidad el de media docena de grupos, empezando por la famosa Banda de Baader y Meinhof y siguiendo por su legataria Fracción del Ejército Rojo (RAF) los herederos del Colectivo Socialista de Pacientes- -de un psiquiátrico, por cierto- los paralelos Movimiento 2 de Junio (B 2 J) y Células Revolucionarias (RZ) y los más pequeños Tupamaros de Berlín Occidental que en breve se unieron al B 2 J. En un momento en que surge la mediatización y teledifusión del terrorismo como principal arma de choque- -cuyo cúlmen es el asalto palestino a las Olimpiadas de Múnich- -sólo las RZ se sustraen a la tentación mediática de convertirse en póster, pero pese a ser menos conocidos cometieron con el B 2 J tantos atentados como la genuina RAF. Lo significativo es que todo ello no es mal visto por esta generación bien comida, a caballo entre idealismo, propaganda tercermundista y la euforia de la descolonización. En un delincuente callejero como Andreas Baader, carente hasta de una épica como El Lute, encuentran un Che Guevara, que se mueve con su novia Gudrun Ensslin como si fueran Bonnie Clyde, y a los que una reputada Ulrike Meinhof ofrece la coartada intelectual. Un 20 por ciento de la población llegó a sentir simpatía por la banda de Baader y Meinhof en un estudio del Instituto Allensbach de 1971. En el norte, un 10 por ciento de jóvenes se dijo dispuesto a acoger en la noche a terroristas si llamaran a su puerta. Aura mítica Adquirieron un aura mítica, incluso internacional, y Sartre, Grass, Böll o Fassbinder mostraron su comprensión y el propio fiscal general estadounidense, Ramsey Clark, salió en su defensa frente a torpes maniobras jurídicas de un Gobierno casi acorralado. El actual diputado verde Hans Christian Ströbele y el ex ministro de Defensa Otto Schily fueron sus abogados. Todo ello supuso para el modesto planteamiento inicial del grupo un acicate estupefaciente y la creencia visionaria de poder vencer a un Estado democrático, aunque fuese desde bases en Estados tiránicos como Jordania, Etiopía, Somalia o la RDA. Pero la sangre derramada cambió radicalmente la percepción popular y enajenó a la banda las simpatías iniciales. El propio Jean- Paul Sartre, que intentó mediar ante los presos de Stammheim, dijo tras lograr hablar con Baader: Este tío es un idiota El jefe de la patronal alemana, Hans- Martin Schleyer, en la foto enviada por los terroristas durante su secuestro antes de que fuera finalmente asesinado ABC Acabar con la RFA Durante los años en que unos y otros derivaron hacia el terrorismo, entre el Berlín del 67, el atentado ultraderechista contra Rudi Dutschke y el París del 68, y hasta su declive con la desaparición de sus líderes en la cárcel en 1977, en total un centenar de estudiantes alemanes, en su mayoría situados, siguieron la proclama de Gudrun Ensslin de que a la violencia sólo la vence la violencia y se armaron con el objetivo declarado de acabar con la democracia en la República Federal de Alemania. Dejaron un reguero de 32 asesinatos y ellos mismos sufrieron 20 muertes en sus filas. El malestar nace 20 años después de la derrota y en un inciso, tanto de la guerra fría, como del milagro económico alemán, pero responde a una preocupación generacional antiburguesa, precedente del Mayo Francés pero ahondada por la desnaturalización de la sociedad alemana tras el nazismo y el ajuste de cuentas entre el olvido interesado y la culpa obsesiva. La nueva generación rechaza además el miedo El propio Sartre, que intentó mediar ante los presos, dijo tras hablar con Baader: Este tío es un idiota al Pacto de Varsovia y se manifiesta pidiendo confianza en la Unión Soviética como potencia de paz. Los archivos de la RDA han demostrado que todo ello fue financiado desde Berlín Este, pero esto no inquietaba en absoluto a Baader y Meinhof. La noche negra del 17 de octubre Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan Carl Raspe se suicidaron en sus celdas de aislamiento el 17- 10- 77 según la versión oficial. Ulrike Meinhof, la creadora de conceptos como espontánea violación de las reglas y resistencia liberadora de la violencia estructural ahora deprimida y desdeñada por sus camaradas, se había colgado de los barrotes, año y medio antes, el día de la Madre de 1976, dejando dos huérfanas abandonadas en un campo de entrenamiento palestino y rescatadas luego por el hoy director del Spiegel. El crudo episodio entre los muros de alta seguridad de Stammheim, y en medio de un angustioso Octubre Negro, es disparatadamente increíble- -y para la izquierda radical ha sido artículo de fe durante años- -que fue un asesinato de Estado. En pocas semanas se había tensado el pulso a base de secuestros, chantajes, detenciones y ejecuciones, entre ellas la famosa del jefe de la patronal Schleyer o el asalto al vuelo Palma- Fráncfort, que acabó en Mogadiscio tomado por agentes de élite alemanes y con los secuestradores muertos. De seguido se supo del suicidio de los líderes en la cárcel y, consecutivamente, Libération recibió en París la nota del asesinato de Schleyer. El mejor análisis sobre aquellas horas lo ha hecho una persona tan cercana al grupo como el periodista Stefan Aust y en Der Baader Meinhof Komplex parece creer que efectivamente los detenidos pudieron suicidarse con la ayuda deslizada por sus abogados. La RAF se hundió a los ojos de una ciudadanía de repente asustada, pero aunque sea menos conocido la violencia continuó en manos de una tercera generación y entrados los años 80, hasta el anuncio definitivo de disolución en 1998, precisamente en torno a las fechas de la victoria electoral de socialdemócratas y verdes, los llamados a formar el primer Gobierno de sesentayochistas Por su parte, el abogado Horst Mahler, el fundador técnico de la organización, dirige hoy un grupo revisionista neonazi.