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ABC JUEVES 13 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA RENDIJAS P LA NORMA DA LA VICTORIA A PRODI P RODI ha vencido finalmente. Pero Berlusconi mantiene su posición. Los sondeos daban una diferencia de un millón de votos para Prodi: han sido poco más de 25.000. Repitámoslo, la mayoría de un voto da la legitimidad en el sistema democrático. Un voto no decide qué es la verdad, casi nadie cree esa simpleza. El voto es una convención, un acuerdo formal, y por las formas, en un régimen de libertad, vale la pena morir. Berlusconi contaba con el mayor sistema de propaganda televisada de Italia. Prodi aportaba una fuerte dosis de decencia. La reforma electoral de Berlusconi ha favorecido a Prodi. El porcentaje de votantes, 83,5 por ciento, es alentador. Y marca, al mismo tiempo que la alarma de los italianos, lo atrincherado de sus posiciones. El actual jefe del gobierno ha sido como una marea de desorden administrativo, irregularidad e incompetencia. Y sin embargo ha resistido. En DARÍO 2005, Italia ha sido el único país de la VALCÁRCEL Unión Europea con crecimiento cero. Antes, en 2004, Berlusconi había sido duramente advertido por la Comisión Europea ante la manipulación de dos datos decisivos, la deuda nacional y la contratación temporal. La deuda, tergiversada en varias rúbricas; es hoy del 106.5 por ciento del PIB, cuando según las normas de la Unión no debería pasar del 60; Alemania había sido advertida aquel mismo año por haber alcanzado el 62. El déficit público italiano llega al 4.1 por ciento (la UE establece un máximo de 3) Se han falsificado informes sobre el empleo precario: los contratos de trabajo de seis meses a empleados de menos de 25 años llegaban al 87 por ciento. El gobierno de Berlusconi se salda con una economía imposible de manejar, tal es la falta de fiabilidad de la contabilidad oficial. Toda economía moderna necesita saber exactamente dónde se está. Y eso, en Italia, es hoy imposible. Siendo esto así, casi 19 millones de italianos han votado por Berlusconi. La sociedad italiana es una de las más sutiles del mundo. ¿Qué está ocurriendo? Quizás haya pesado en los votos contra Prodi el miedo a una débil coalición. Pero Prodi representa hoy una opcion de respetabilidad, de verdadero cambio. Un ejemplo sobre Berlusconi. Italia ha salido hace ya mucho tiempo de la amenaza del analfabetismo. Pero esa amenaza permanece hoy en países próximos del sur: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia... La Unión Europea, sobre todo sus tres países del suroeste, Italia, Francia y España, apoyan los compromisos firmados en 2005, en la cumbre de Barcelona. Tres años antes, los diputados de Forza Italia presentaban a la Cámara una proposición de ley para reducir la ayuda educativa a esos cuatro países norteafricanos. Afortunadamente la tentativa no prosperó. Gracias al apoyo europeo, muchos magrebíes habían logrado escapar de ese callejón sin salida que es la imposibilidad de leer y escribir. En su Búsqueda Marcel Proust describe a los hombres y mujeres del campo francés de finales del siglo XIX. Frente a la Francia urbana, los campesinos no sabían nada, en ese sentido total en que no saber nada equivale a no entender nada, salvo las raras verdades que el corazón es capaz de alcanzar El mundo de las ideas no existía para ellos, aunque la claridad de su mirada fuera superior a la de muchas gentes cultivadas Una parte de Francia vivía condenada a la casi completa falta de referencias, sin esas guías que potencian el cerebro individual desde uno hasta mil. Jules Ferry y su enseñanza obligatoria acabaron con aquella situación. Recordamos a Berlusconi negociando, primero en secreto, luego abiertamente, la reducción de ayudas al Mediterráneo sur. En aquel mismo mes de 2002 acudía a una grandiosa ceremonia nupcial en la basílica de El Escorial, un acto privado al que inexplicablemente le invitaba un español entonces en el gobierno. Las vanidades en que a veces caen algunos poderosos advierten del deterioro de ese mecanismo que mantiene al cerebro humano en contacto permanente con la realidad. OCAS hipótesis podrían resultar tan desalentadoras y perniciosas para la salud de la conciencia colectiva española como la de un gatillazo jurídico en el proceso del 11- M. Y sin embargo, no sólo hay precedentes- -la operación Nécora el macrojuicio a ETA, el del 11- S- -de fiascos sonados en esta clase de grandes causas, sino que son numerosos los profesionales de la ley que estos días contemplan con alarma los pormenores del auto de procesamiento dado a conocer por el juez Del Olmo. Después de dos años de instrucción y una larga expectativa, la impresión más generalizada es que el magistrado ha hilvanado con algunas puntadas propias una larga ristra secuencial de informes policiales, en la que muchos juristas atisban excesivos IGNACIO resquicios por los que poCAMACHO dría colarse cualquier defensa avispada. No se trata tanto de que queden abiertos los flecos que sostienen las numerosas teorías de la conspiración, tan sugestivas como poco firmes, sino de que puedan existir rendijas para que escapen las aparentes certidumbres que hasta ahora alientan la esperanza de una reparación moral de la masacre. El fantasma de la autoría intelectual podría seguir planeando a falta de mayores evidencias sobre una opinión pública insatisfecha siempre que al menos la autoría material quedase debidamente acreditada con el consiguiente castigo de sus responsables. Pero la posibilidad de que el juicio se vuelva una materia inaprensible y resbaladiza sobre la que patine el derecho positivo, en medio de un mar de confusiones y conjeturas de la investigación sujetas con alfileres procesales que faciliten recovecos leguleyos, sobrevuela el sumario con la sombra amenazante de una decepción social. El 11- M dejó en la conciencia española un destrozo demasiado importante y provocó una quiebra demasiado profunda para que las heridas que quedaron abiertas se expongan a la tumefacción de un cierre en falso. Ocurre que no tenemos otra alternativa, salvo que se pretenda cuestionar el fundamento del Estado de Derecho. El trabajo del juez Del Olmo es por ahora el único asidero de que dispone la sociedad española para encontrar el vago consuelo de la justicia tras la hecatombe, y sólo cabe esperar que lo concluya de modo satisfactorio, con el tiempo y los recursos que se hagan necesarios. Lo que se deduce de su vasta exposición procesal es que el magistrado ha confiado la sustancia de sus imputaciones en el trabajo de la Policía, sobre el que se asientan precisamente las mayores críticas de rutina y linealidad. La explosión del piso de Leganés, que se llevó por delante tantos secretos, deja una nube de cuestiones abiertas para todo el que quiera especular sobre el virus de la sospecha. Pero aunque acaso nunca sepamos toda la verdad sepultada bajo tantos escombros, siquiera deberíamos saldar el máximo de cuentas pendientes con las certezas que estén a nuestro alcance. Cualquier fallo en ese ámbito decisivo dejaría una opinión pública huérfana de serenidad y estremecida de zozobra.