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ABC MIÉRCOLES 12 4 2006 Cultura 59 ÓPERA Trouble in Tahiti Bernstein: Trouble in Tahiti Intérpretes: Marina Makhmoutova, Isidro Anaya, Selva Barón, Andoni Arcilla, David Echeverría, grupo instrumental. Creación y dirección de escena: Tomás Muñoz. Dirección musical: J. Vicent Egea. Lugar: Teatro Real, Madrid. Fecha: 9- IV WAY OF LIFE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Mick Jagger y Cui Jian, el rockero más popular en China, durante el concierto de los Rolling Stones en Shangai, el sábado Aunque el reciente concierto de los Rolling Stones en Shangai ha sido el evento musical más importante celebrado hasta ahora en China, no es el primero, puesto que el gigante asiático vive una época similar a la de la movida madrileña Sexo, drogas y lock and loll TEXTO: PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL. FOTO: AP PEKÍN. Ahora que los Rolling Stones han tocado en China, parece que el gigante asiático ha descubierto el lock and Loll como dicen los melómanos de ojos rasgados. Pero la realidad es bien diferente. Aunque el reciente concierto de la mítica banda británica en Shangai ha sido el evento musical más importante celebrado hasta ahora en China, no es el primero. Ese mérito lo tiene, desde hace dos décadas, el grupo Wham! aquel dúo de pop- rock donde comenzó su carrera George Michael. El 7 abril de 1985, cuando el coloso oriental estaba aún cerrado al exterior, Wham! dio un histórico recital en el gimnasio del Estadio de los Trabajadores de Pekín. Según las crónicas de la época, 15.000 jóvenes chinos ocuparon los asientos del auditorio rodeados de centenares de soldados que tenían como misión vigilarlos y detenerlos si se dejaban arrastrar por la música y se ponían a bailar. De hecho, los altavoces del recinto ordenaban a la audiencia permanecer sentada. Por ese motivo, y ante los flashes de 200 fotógrafos y 70 cámaras de televisión venidos de todo el mundo, los agentes redujeron por la fuerza a un espectador que no pudo resistirse a las marchosas melodías de Wham! y desafió a las autoridades... danzando. El tour del dúo británico continuó durante diez días por China e incluyó otros dos conciertos en Guangzhou (Cantón) y Hong Kong, así como una visita a la Gran Muralla, cuyas imágenes reflejan el contraste entre las dos estrellas y los asombrados chinos con quienes se cruzaban, ataviados con el característico traje Mao Junto a Wham! otro pionero en China fue el compositor francés de música electrónica Jean Michael Jarre, quien dirigió un concierto con una orquesta sinfónica en 1981 y luego, en octubre de 2004, protagonizó otro de sus espectaculares shows musicales en la Ciudad Prohibida de Pekín. Después de ellos, la transformación George Michael y Andrew Ridgeley, durante su gira por Pekín social que ha experimentado China gracias a su crecimiento económico ha atraído a otros artistas, como Elton John, Whitney Houston, Morcheeba y hasta la banda de heavy metal Deep Purple, que escogió para sus actuaciones Shangai, la ciudad más cosmopolita y moderna del país. Por su parte, Pekín acogió el año pasado un concierto de Norah Jones y un festival de pop independiente y música electrónica que se celebró en verano y congregó a importantes nombres como Gotan Project, Saint Germain e Ian Brown, antiguo líder de los Stone Roses. Aparte del rock, Pavarotti eligió Shangai y Pekín para su gira de despedida en diciembre, puesto que China está cada vez más presente en la escena internacional. Así lo demuestran también las recientes actuaciones de renombrados dj s de música electrónica, como James Lavelle (del grupo UNKLE) Bugge Wesselftoft y el grupo Client. De igual modo, una fiesta rave que tuvo lugar el verano pasado en la Gran Muralla acabó como el rosario de la aurora por los daños que sufrió el monumento. Todos estos eventos ponen de manifiesto los cambios en el coloso oriental, en cuyas ciudades ha surgido una clase media fuertemente influida por las modas occidentales. Tras décadas de aislamiento, la juventud china vive una época similar a la de la movida madrileña marcada por el sexo, las drogas y el lock and loll a obra escénica de Leonard Bernstein necesita revisarse. Lo confirma algún reciente escrito en el que se explica que su creación se resume en un caminar hacia el popularismo De seguro que es una opinión hecha sin vacilación, con la cabeza puesta en la aparente facilidad de unas obras que parecen alejarse de ese yugo hecho de compromiso y pedagogía sangrante que ha sido bandera de los más conspicuos creadores de vanguardia. Porque, efectivamente, en la obra de Bernstein, sin duda en la escénica, hay un tono de comedia afable, pero también es cierto que tras ella existe un sentido crítico que pone en solfa asuntos existenciales, algunos tan relevantes como el propio estilo de vida americano. No parece tener discusión que la obra de Bernstein sigue esperando su descubrimiento escénico. Por eso tiene importancia la producción de Trouble in Tahiti realizada bajo el auspicio del Teatro Gayarre de Pamplona, y que tras algún rodaje ha recalado en el alternativo Café de Palacio en la sexta planta del Teatro Real. Para ella, Tomás Muñoz ha diseñado un espacio sencillo pero capaz de interesantes evoluciones. Lo limita en el fondo un panel con una ventana indiscreta que se abre a la cotidianeidad de los personajes. Es ahí desde donde Sam y Dinah resuelven su cómoda y agotada existencia, desde donde salen para integrarse en el medio y a donde se llega inicialmente en flashback a partir de un fragmento de A quiet place Una vez más se demuestra que la imaginación vence dificultades y que la coherente sencillez es capaz de explicarlo todo, aun en ausencia de subtítulos. También el trabajo y la preparación, pues este Trouble in Tahiti ha contado con un equipo bien engrasado en el que llama la atención la igualdad y sincronía del trío coro formado por Selva Barón, Andoni Arcilla y David Echeverría, la sabrosa materia vocal de Marina Makhmoutova, y el empaque de Isidro Anaya. En medio de todos ellos se escucha a un conjunto instrumental dirigido metódicamente por J. Vicent Egea, atento a la exacta concertación y al equilibrio antes que a la mordacidad de un estilo que es verdad que está hecho de cercanía. Aunque ésta sea sólo una apariencia. Sobre todo en una obra que es de los cincuenta, pero parece que habla del hoy. L