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ABC MIÉRCOLES 12 4 2006 Internacional 31 La Cosa Nostra y la Ndrangheta, puntales del imperio del mal b La mafia está presente en Italia en regiones como Sicilia, Nápoles, Calabria, Puglia (Apulia) y Cerdeña; la más organizada y peligrosa actualmente es la calabresa ABC ROMA. La detención del padrino Bernardo Provenzano ha dirigido la mirada hacia la mafia italiana, que está repartida en varias regiones: en Sicilia ejerce su poder la mítica Cosa Nostra; en Nápoles, la Camorra; y en Calabria opera la cada vez más poderosa y peligrosa Ndrangheta. El imperio de mal como se denomina también a la mafia, está presente asimismo en Italia en la región sureña de Puglia (Apulia) donde controla el territorio de la Sacra Corona Unida, y en Cerdeña, donde la Anónima sarda es especialista en secuestros. Los diferentes clanes cuentan con un ejército cercano a los cien mil hombres, según un informe de las asociaciones de empresarios, que se ven chantajeados por los mafiosos, que le exigen el pizzo el impuesto revolucionario que les garantiza la tranquilidad Aunque cuando se habla de Cosa Nostra la imaginación vuela, la criminalidad organizada más peligrosa y potente actualmente en Italia es la Ndrangheta, la mafia de la sureña Calabria, según afirmó recientemente el ministro de Interior, Giuseppe Pisanu. Es la organización más consolidada y peligrosa debido al control que ejerce sobre el territorio, a su creciente pujanza y a la dificultad que tiene la Policía para infiltrarse. Bernardo Provenzano en el momento de su detención. En el recuadro, la última foto que se tenía de él, de 1958 REUTERS La detención de Provenzano, el jefe de jefes marca otro relevo en Cosa Nostra El mayor asesino de Italia, fugitivo desde 1963, fue apresado ayer en Sicilia en la casa cuando llegaron los policías. Intentó bloquearles el acceso pero enseguida dejó de oponer resistencia. Sí, soy Bernardo Provenzano J. V. BOO. CORRESPONSAL ROMA. El mayor asesino de Italia, autor de docenas de homicidios con sus propias manos y responsable de centenares de órdenes de asesinato, cayó ayer en manos de las autoridades justo cuando el país intentaba descifrar el resultado de las elecciones. La noticia del arresto de Bernardo Provenzano, fugitivo desde 1963, corrió como un reguero de pólvora por toda Italia y sobre todo en Sicilia, donde una multitud acudió a la comisaría de Palermo para recibirle con los gritos de ¡Asesino! y ¡Bastardo! mientras la policía se dedicaba esta vez a protegerle de los familiares de sus víctimas. El jefe de jefes de Cosa Nostra- -de cuyo rostro verdadero se conocía tan solo una vieja foto de 1958- -se parece a los retratos robots pero tiene, paradójicamente, un aire mas bondadoso, casi inofensivo, de abuelo inocente. Quienes conocen Sicilia no se sorprendieron de que la Policía le hubiese encontrado, al cabo de 43 años de búsqueda, en una casa rural a dos kilómetros de Corleone, su pueblo natal, donde viven su mujer y sus dos hijos. Los capos están siempre en su territorio y, con frecuencia, cuando les arrestan, se b Estaba solo descubre que eran fugitivos en su propia casa Según los fiscales, nadie le delató. Lograron descubrirle siguiendo la pista a dos paquetes enviados por su esposa. Estaba solo en la casa cuando llegaron los policías. Intentó bloquearles el acceso pero enseguida dejó de oponer resistencia. Poco después reconocía: Sí, soy Bernardo Provenzano A golpe de pistola El tío Binnu aprendió el oficio de Luciano Ligio, el mafioso de Corleone que eliminó a los rivales de la familia Navarra. Poco después, Luciano Liggio, Totó Riína y Bernardo Provenzano iniciaron el asalto a las familias de Palermo. A golpe de pistola y de kalashnikov, los corleoneses se hicieron con el control de la mafia de la capital y, por tanto, de Sicilia. Tras el arresto de Liggio, Totó Riína tomó el relevo e impuso una guerra abierta al Estado, con docenas de asesinatos de policías, carabineros, funcionarios públicos e incluso muchos magistrados como los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992. Cuando Riína fue arrestado en 1993 ¡Asesino! ¡bastardo! le gritaba la multitud, mientras la Policía le protegía de los familiares de sus víctimas en su casa del centro de Palermo, Provenzano emprendió la estrategia de la mafia invisible que evita matar gente en las aceras y disimula su existencia para reducir la alarma social mientras infiltra amigos en la política y reinvierte el dinero en la economía legal. En pocos años, la alarma social y, con ella, la guerra a la mafia cayeron en picado mientras aumentaban los protectores en la política, desde los ayuntamientos de Sicilia hasta el Parlamento de Roma, donde el cambio de leyes procesales favoreció las prescripciones y la reapertura de procesos al tiempo que dificultaba el uso de arrepentidos o la protección de los colaboradores de la Justicia. Aun sin estudios, la refinada mente de Provenzano le permitía dirigir el reparto de contratas de obras públicas con una precisión asombrosa. Daba las órdenes a través de notas mecanografiadas en una máquina de escribir que tenía consigo en el momento del arresto, un sistema a prueba de escuchas telefónicas que incluía, además, numerosos intermediarios. Junto con los ingresos del reparto de obras públicas aumentaron también los de la extorsión, el pizzo que pagan el 95 por ciento de los comerciantes de Palermo y el 80 por ciento en otras ciudades. Los beneficios se reinvertían en la economía legal. Era el triunfo de la mafia emprendedora cuyo jefe cayó por fin ayer. O quizá fue entregado por su sucesor. Un 3,4 por ciento del PIB El Estado, según precisó Pisanu, le tiene declarada la guerra y no le da tregua desde que el pasado mes de octubre varios sicarios mataron al vicepresidente del Gobierno regional de Calabria, Francesco Fortugno, cuando acababa de votar como líder de la izquierda a Prodi. Según fuentes policiales, el volumen de negocios de la Ndrangheta fue en 2004 de casi 36.000 millones de euros, lo que supone el 3,4 por ciento del producto interior bruto (PIB) del país. Ese dinero proviene especialmente de la droga, que distribuye incluso fuera de Italia, debido a los pactos realizados con bandas de malhechores balcánicos. La Ndrangheta mantiene relaciones con grupos de delincuentes españoles y de otros países europeos. Cuenta esta organización con unos 155 clanes y unos 6.000 miembros. Hasta hace unas décadas se dedicaba sobre todo a los secuestros, escondiendo a sus víctimas en cuevas de la inexpugnable montaña Aspromonte, al sur de Calabria.