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ABC MIÉRCOLES 12 4 2006 29 El jefe de jefes de la mafia siciliana, Bernardo Provenzano, fue detenido ayer por la Policía italiana Irán reiteró su desafío al anunciar que consiguió enriquecer uranio para hacer combustible nuclear La historia personal explica el talante del hombre que ha vuelto a recibir la confianza de los italianos para ejercer el gobierno los próximos cinco años La paciencia del corredor de fondo J. V. BOO ROMA. Cuando una persona crece como el octavo de una familia de nueve hermanos tiene ya mucho ganado para poder gobernar Italia. Se acostumbra a tener paciencia, a estar siempre con gente, a pedir ayuda y a aprender de los demás. Hace un año, Romano Prodi anunciaba sonriendo que con la nieta que estamos esperando, la tribu va a llegar al número cien Los miembros del clan llevan la cuenta, pues pasan juntos parte de las vacaciones cada verano. Es un curioso grupo de personas brillantes- -todos son profesores, médicos o arquitectos- -que rezuman normalidad. Les encanta la música clásica y suelen tocar juntos, grandes y pequeños, con la excepción de Romano, carente por completo de oído musical. Tampoco tiene dotes para la cocina, pero es muy competitivo como ciclista y corredor de maratón. de Milán y en la London School of Economics le llaman a eso disciplina presupuestaria y Romano Prodi la incorporó como bagaje para el resto de su vida como catedrático de Economía en la Universidad de Bolonia y como servidor del Estado. Ministro de Industria Su tesis doctoral sobre el proteccionismo le permitió estudiar una patología de Italia, que ha combatido a lo largo de los años. Su prestigio como catedrático y su cercanía a la Democracia Cristiana le valieron el nombramiento de ministro de Industria en 1978, y de presidente del IRI (el INI italiano) entre 1982 y 1989. Coherente con sus ideas, su principal tarea al frente del IRI fue privatizar los enormes conglomerados de empresas estatales que producían desde el acero hasta los helados o el famoso panettone Precisamente la venta de un grupo alimentario haría saltar las primeras chispas con un tal Silvio Berlusconi, que acabaría procesado por corrupción de algunos de los jueces que intervinieron en el caso. En 1996, una coalición de partidos bautizada como El Olivo le convenció para presentarse a las elecciones frente a Silvio Berlusconi, que las había ganado en 1994 pero había sufrido a los dos años el abandono de la Liga Norte y la consiguiente caída de su Gobierno. Prodi derrotó a Berlusconi pero acabaría siguiendo sus pasos, también en la caída, en 1998. No tuvo tiempo de aburrirse pues en 1999 dio el salto a Bruselas como presidente de la Comisión Europea. Allí permaneció hasta el 2004. Pero siempre con la mirada puesta en el regreso a Italia. Católico practicante Romano Prodi abraza a su nieta Chiara tras darse a conocer su victoria electoral solicitud de comprobación Pocas horas antes, Romano Prodi había manifestado no tener ningún inconveniente a que se hagan las comprobaciones necesarias. Su aliado Piero Fassino sugería incluso la posibilidad de que los números definitivos sean más favorables a la Unión, y recordaba que la maquinaria electoral ha estado hasta ahora exclusivamente en manos del Ministerio del Interior. AP Actitud beligerante Aunque la actitud beligerante de Berlusconi- -acusando por enésima vez de chanchullos a sus rivales- -puso un epílogo un tanto amargo, la jor- nada de ayer trajo un gran alivio a millones de italianos. Hasta casi el mediodía, absolutamente todos estaban descontentos con los resultados provisionales, que daban a Prodi el control de la Cámara y a Berlusconi el del Senado. Aparte de que empatar a una Cámara para cada uno llevaría a la ingobernabilidad total, significaba también que nadie había ganado las elecciones. Por la tarde, en cambio, al menos los votantes de la Unión podían celebrar su triunfo. Pero con la mosca tras de la oreja, pues el recuento de resultados podría arrojar todavía nuevas sorpresas. El hombre que ha vuelto a recibir la confianza de los italianos nació en un pueblecito de Reggio Emilia el 9 de agosto de 1939, y su historia personal explica su talante. Es hijo de un ingeniero hidráulico, ejemplo de seriedad, y de una profesora que contagió a sus nueve hijos el gusto por aprender. Como casi todos los miembros del clan, y como su esposa Flavia, Romano Prodi es un católico practicante pero sin aspavientos. Son un matrimonio de vida sencilla, con dos hijos- -Giorgio y Antonio- y los primeros dos nietos. Haber visto de muy niño la Segunda Guerra Mundial y la miseria de la posguerra enseña a cuidar las cosas y a no estirar el brazo más que la manga. En la Universidad Católica