Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 12 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA ITALIA, ITALIA E ¡TÓS POR DESIGUAL, COBARDES! N I los japoneses de los grupos turísticos ponen tal cara de extrañeza cuando ven la Giralda como la que ha sacado Rajoy viendo los pasos de la Semana Santa de Sevilla, donde lo ha llevado Javier Arenas, que debía haberle dado una somera teórica: -Mariano, cuando veas a los nazarenos y a los costaleros, tú pon cara de señor normal, como si no hubieras hecho otra cosa en tu vida que ver costaleros y nazarenos... A Kofi Annan, a la misma hora, el alcalde de Sevilla también se lo llevó a ver cofradías. Y las miró con una cara de total normalidad, nada que ver con la de Rajoy. Vamos, como si por delante de la ONU estuvieran pasando todos los días las cofradías. Le darían probablemente la teórica cofradiera que le faltó a Rajoy: -Usted, tranquilo. De momento, si le preguntan si es hermano de la ANTONIO Cofradía de los Negritos, diga que sí. BURGOS Y después, si ve a unos señores con un cucurucho blanco, no tema, no son del Ku Klux Klan, tranquilo. En cuanto a otros que se encontrará con unos paños en la cabeza, no son egipcios, ni mucho menos concejales de Marbella dispuestos a trincar la tela, sino costaleros, los que llevan a hombros los pasos. Con la teórica aprendida, Kofi Annan parecía que no había hecho otra cosa en toda su vida que ver cofradías, y Rajoy, en cambio, ha sacado en las fotos una cara de turista sorprendido que no se puede aguantar. O quizá no sea de turista sorprendido, sino de español envidioso. Ahora que lo pienso, cualquier español que quiera defender la Constitución en Cataluña o en las Vascongadas pondrá la misma cara de sorpresa trufada en envidia que se le ha quedado a Rajoy en las fotos. Porque Rajoy contempló una levantá, cuando el capataz, tras animar a sus costeleros, da un martillazo con el llamador para que, todos al mismo tiempo, eleven el paso sobre sus cuellos. Rajoy tiene en las fotos esa cara de sorpresa porque se la tomaron en el preciso momento en que el capataz, instantes antes de dar el golpe de martillo, estaba diciendo: ¡Tós por igual, valientes! Que es justamente, y de ahí la cara de sorpresa de Rajoy, todo lo contrario del grito que últimamente viene dando el capataz Rodríguez Zapatero: ¡Tós por desigual, cobardes! Y la trabajadera de los catalanes se levanta por un lado, y la de los vascos por el otro, y hasta la trasera de los gallegos y de los canarios por el suyo, y el paso, en vez de alzarse armónicamente, se descuajaringa: cada candelabro por su lado, el Cristo por allí, los apóstoles por acá y Judas... En cuanto a Judas, se admiten apuestas, porque de Judas sí que estamos bien despachaditos. Ahora, que la misma cara de sorpresa de Rajoy viendo que en Sevilla seguimos manteniendo la España del tós por igual se me ha puesto a mí contemplando el ardor guerrero de la despedida de Bono. No sé por qué, me he acordado del Cristo de Mena. Pero no de la procesión malagueña donde rinde honores la Legión, sino del cristo que le formó Bono al dignísimo teniente general Mena, infamante e injusto arresto domiciliario incluido, por decir sólo la mitad de cosas que él largó ante la cúpula militar en la opereta patriotera de su despedida. Por lo visto, ahí tampoco vamos tós por igual Si Mena dice vamos con la Constitución, valientes se le mete un paquete. Pero si lo dice Bono, No Nada, aunque haya estado tragando separatismos como ministro del Gobierno, y hasta las derechas caigan en la falacia de su hipocresía y se crean que es un patriota, y no una versión masculina de Marujita Díaz, especialista en envolverse en la bandera de la Patria. Si es tan patriota y tan constitucional, tenía que haber ido tós por igual con Mena, y no formarle el cristo a Mena mucho antes de la Semana Santa. L milagro italiano existe. Es un auténtico prodigio, cuyas claves escapan a la lógica, que un país que lleva medio siglo sumido en la corrupción política, la inestabilidad institucional y el caos administrativo siga formando parte de las potencias económicas más desarrolladas del planeta. He ahí un desafío para los politólogos. La Mafia y las logias secretas infiltradas en el poder, el monocultivo de la Democracia Cristiana, la desestabilización comunista, el terminal desafío terrorista con el cadáver de Aldo Moro en una furgoneta, el big- bang del sistema a manos de los jueces de Manos Limpias, una nomenclatura entera en la cárcel, la refundación de la República, la ineficacia de un quinquenio de izquierda y, finalmente, Berlusconi y su teledemocracia, el régimen baIGNACIO nalizado del homo videns. CAMACHO Una nación que aguanta todo eso y sobrevive ya constituye un verdadero portento, pero resulta inevitable preguntarse dónde estaría Italia si hubiese gozado de unas elementales condiciones de normalidad civil. El último episodio de esta azarosa aventura que es la política italiana acabó ayer en un reñido mano a mano, resuelto en la prórroga y con el gol de oro en propia meta de una Ley de mayorías promulgada por Berlusconi para beneficiarse a sí mismo. Berlusca ha protagonizado el periodo más largo de estabilidad desde 1946, y han sido cinco años; así se entiende que este país excepcional necesite tan a gritos un repaso de infraestructuras, que nadie ha procurado ante la levedad de una política encarnizada cuyo pasatiempo más excitante era derribar gobiernos hasta batir sus propios récords de fugacidad. Berlusconi ha sido un epifenómeno heterogéneo e inclasificable, una especie de Jesús Gil en traje cruzado que ha combinado populismo, diligencia, corrupción, carisma y esa mezcla tan italiana de expeditiva simpatía campechana y rancia energía fanfarrona. Pasará a la Historia por haber implantado una democracia catódica, basada en el principio de un televidente, un voto, y que ha venido a sustituir las Cámaras parlamentarias por las de las transmisiones en directo. Al final, ha caído víctima de su sobreactuación; ha cansado a la gente y ha acabado llamándoles gilipollas- coglioni -a los electores que le abandonaban. Le sustituye, aunque por los pelos, un tipo con aires de cura laico que ya fracasó como gobernante al frente de una variopinta coalición trufada con los peores tópicos de la progresía, pero que le ha ganado dos veces en una década. Frente a la estridencia berlusconiana, Romano Prodi es sensato, moderado, discreto y cabal, aunque su capacidad de entusiasmo equivale a la de un cómico recién viudo. Este hombre triste y casi setentón fue víctima del cainismo inmaduro de la izquierda que ya denunció Lenin, y es probable que ahora lo sea del virus de la intransigencia y el revanchismo. Ante la tesitura de elegir entre Prodi y Berlusconi lo natural habría sido quedarse en casa, pero ésta es otra muestra fascinante de ese país mágico: ha ido a votar más del ochenta por ciento. Italia, Italia.