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ABC MIÉRCOLES 12 4 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL ABC, EINSTEIN Y OCHOA Cinco días después de su llegada, Einstein asistió a una cena en casa de Campalans que fue toda ella un homenaje al espíritu esencialmente jocoso del gran físico y también de sus anfitriones... 923 es un año que me resulta especialmente simpático, porque fue el de mi nacimiento. Naturalmente, sólo yo lo recuerdo por eso. Ese mismo año, la madrugada del 13 de septiembre, el entonces capitán general de Cataluña, don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, daría su golpe de Estado. Pero medio año antes, a finales de febrero, Einstein había pasado una semana en Barcelona, invitado por el profesor de Física Matemática Esteve Terradas, para participar en los Cursos Monográficos de Altos Estudios y de Intercambio organizados por la Mancomunidad de Cataluña y dirigidos por el ingeniero Rafael de Campalans. Prefiero asociar el recuerdo de mi nacimiento a este último hecho. En ese mismo viaje, el científico alemán visitaría también Zaragoza, donde celebró su 44 cumpleaños, y Madrid, cuya Universidad le ofrecería una cátedra en 1933, después de la ascensión de Hitler; una oferta que finalmente Einstein declinó aceptar a causa de la inestabilidad política del país. El 2 de marzo, ABC publicaría una entrevista con Einstein firmada por Andrés Révész, un judío húngaro convertido al catolicismo que hizo carrera en España como periodista. Pero en Barcelona, el 27 de febrero, cinco días después de su llegada, Einstein asistió a una cena en casa de Campalans que fue toda ella un homenaje al espíritu esencialmente jocoso del gran físico y también de sus anfitriones. Si lo dudan, fíjense en algunas de las joyas del menú: Homo platonicus secundum Diogenem cum jure Michelsoniense, Malum parvum cum Doppler effectu, Fructus Galilei, Caffea sobraliensis cum spirituosibus liquoribus et vectoribus tabacalibus. Lo del hombre platónico según Diógenes alude a la broma gastada por el filósofo cínico a Platón a propósito de haber definido éste a los humanos como bípedos sin plumas le presentó un pollo desplumado. La salsa Michelson era un homenaje al científico alemán del mismo nombre; el efecto Doppler de la manzanita (malum parvum) aludía a la sidra. El café sobraliensis a la localidad brasileña de Sobral, donde cuatro años antes una expedición británica había verificado, con la observación de un eclipse solar total, la deflección de la luz prevista en la teoría general de la relatividad. Y, para que no todo fuese revolucionario (desde el punto de vista científico) también se ofreció Continuos Euclidianus glaciatus- -helado euclidiano continuo es decir: el de toda la vida) 1 rio, y publicó, con la colaboración de los laboratorios Sanofi- Pasteur, un libro de fotografías de Ochoa pertenecientes sobre todo a sus últimos años y a sus relaciones con Asturias, Barcelona, Madrid y, especialmente, Valencia. A mí, como valenciano, es natural que me hayan interesado las relaciones de don Severo con mi tierra. La familia materna de Severo Ochoa procedía de Orihuela. Su abuela tuvo con él una relación especial, quizá por ser el más pequeño de sus nietos. Muchos años más tarde el científico todavía recordaba el acento de aquella abuela, tan extraño para sus oídos de asturiano. Poco después de recibir el Premio Nobel, su amigo el profesor Francisco Orts, de Benidorm, le proporcionó un chalet en aquella localidad, en la ladera de la serra Gelada que da al Racó de l Oix, en la playa de Levante. A don Severo le gustaba mucho nadar, y se sentía especialmente atraído por las cálidas aguas del Mediterráneo. Aunque yo sabía de su amistad con el profesor Orts, algunos de estos detalles los he conocido por mediación de Margarita Puchades, hija de Alfonso Puchades, cuñado del profesor Orts y constructor del chalet de don Severo. Como muestra de la especial relación de don Severo con Valencia, recuerdo a los lectores que su legado, compuesto por sus medallas y diplomas, su biblioteca y, sobre todo, su correspondencia, se conserva en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, bajo la custodia de Gloria Server. Dentro de la conmemoración del centenario de la teoría especial de la relatividad, el año pasado doscientas sesenta personas asistieron en Barcelona a una reproducción de aquella famosa cena ofrecida en honor de Einstein en casa de Campalans. El gran científico era también muy aficionado a la música, y tiempo después todavía mencionaba en sus cartas los buenos momentos que pasaba escuchando los discos de música tradicional catalana que le regalaron durante su visita. También el año pasado, en recuerdo de la afición de Severo Ochoa a la música, los jurados de los premios Rey Jaime I celebraron en Castellón de la Plana, gracias al entusiasmo de Liebe Klug, esposa del premio Nobel Aaron Klug y reconocida coreógrafa, un concierto del más alto interés científico: Magdalena Ernst, soprano y esposa del también premio Nobel Richard Ernst, interpretó varias canciones acompañada al piano por otro premio Nobel, Edmond Fischer. Escribo este artículo en un momento en que existe una preocupación, a mi parecer exacerbada, por el nacionalismo. Se confunde, con poco rigor, con el separatismo, con el que también se intenta confundir el federalismo, que según mi experiencia de los Estados Unidos no es necesariamente una mala idea. A propósito del nacionalismo, que Campalans, el anfitrión de Einstein en febrero de 1923, conjugaba con el socialismo, citaré algunas informaciones aparecidas en el número de mayo- agosto de la excelente revista Quark. Por cierto, ese mismo año Campalans fundaría Unió Socialista Catalana como escisión del PSOE. Sallent y Roca Rosell dicen en Quark que Einstein no podía entender que Campalans se definiese simultáneamente como nacionalista y socialista, que le dijo esto no liga Para él, en el contexto europeo, la palabra nacionalismo sólo podía aplicarse a la ideología conservadora e imperialista propia de Alemania. Tenía el mismo problema con el sionismo político, y bastantes años más tarde rechazó la invitación de ser el primer presidente de Israel. Otra cosa eran las luchas de minorías nacionales oprimidas por conseguir su reconocimiento. Así que, según dice Thomas Glick en el mencionado número de Quark, acabó convenciendo a Campalans de que abandonase el término nacionalista y lo sustituyese por catalanista o que sí es cierto es que Einstein se reunió, entre otras personas, no sólo con el Rey Alfonso XIII y con Ramón y Cajal, sino también con el famoso sindicalista Ángel Pestaña. Sin duda, en numerosas ocasiones Einstein defendió la causa republicana durante y después de la guerra civil española. También don Severo fue republicano, y gran admirador de su tío Álvaro de Albornoz, que fue ministro de Justicia durante la II República. No obstante, quería y admiraba mucho al Rey Don Juan Carlos. Porque, como he intentado presentar aquí con unas pobres pinceladas, estas inteligentes personalidades eran, sobre todo, abiertos simpatizantes y defensores de la libertad y de la paz. L l año pasado el mundo de la Física conmemoró el centenario de su annus mirabilis, 1905, señalado por la publicación de la teoría especial de la relatividad. Fue el mismo año del nacimiento de Severo Ochoa, quien publicó en ABC casi todos, posiblemente la totalidad, de sus escasos artículos periodísticos. El Consell Valencià de Cultura hizo una edición especial de su papelería corporativa para difundir el doble centena- E SANTIAGO GRISOLÍA Bioquímico