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ABC MARTES 11 4 2006 Deportes 85 GOLF MASTERS Recién cumplidos presentó la mejor tarjeta en el último recorrido del Masters para auparse al tercer puesto y ratificar su condición de gran figura Olazábal reverdece a los cuarenta TEXTO MIGUEL ÁNGEL BARBERO MADRID. La vida empieza a los cuarenta. La frase la popularizó Miguel Ángel Jiménez hace un par de años, cuando comenzó a encadenar triunfos recién entrado en la nueva década. Y para José María Olazábal, que cumplió la cifra el pasado mes de febrero, viene como anillo al dedo. No porque no hubiera vivido nada hasta el momento. Al contrario. El vasco, todo un prodigio de precocidad y rompedor de moldes (cambió la tendencia histórica de ser caddie antes que jugador profesional) dejó claro desde sus inicios que viviría por y para el golf. Con un palmarés amateur envidiable (ganó el British en todas sus categorías inferiores) tuvo una irrupción explosiva entre los mayores: fue mejor debutante europeo en 1986 y, en sólo cinco años, ganó doce torneos, participó dos veces en la Ryder Cup y accedió al número tres del ranking mundial. Gran amigo de Severiano Ballesteros, pronto se le consideró su sucesor. Sobre todo cuando en 1994 consiguió su primer Masters de Augusta. El National se le amoldaba como anillo al dedo y con el correr de los años iba a marcar su leyenda (ha quedado siete veces entre los diez primeros) atragantada para Olazábal. Los resultados no llegaban, los rivales le pasaban por encima y cayó en picado en la tabla mundial más allá de los cien primeros. Por eso tuvo que ponerse las pilas para estar al mismo nivel que los demás. Recurrió al gurú Butch Harmond para que le asentara el swing y, ya entradito en años, José María tuvo que acostumbrarse a hacer pesas y a cuidar la dieta para seguir siendo competitivo en lo que más ama: el golf. Me faltó un golpe Con trabajo y calidad, los resultados están a la vista. Después de tres años sin éxitos volvió a ganar (Mallorca 2005) recuperó su tarjeta americana y en un año ha conseguido dos terceros puestos en los grandes más relevantes: el Open Británico y el Masters. Precisamente el bronce del domingo en Augusta fue de los días que siempre recordará. Estoy muy satisfecho. Jugué de maravilla y, después de hacer la mejor tarjeta del torneo (66) me quedé cerca de la victoria reconoció. Lástima de ese error en el hoyo 16, que le frenó una remontada impresionante con eagle en el 15 incluido. Ese fallo me mató. Creo que con un golpe menos les ha- Olazábal agradece los aplausos de los aficionados estodounidenses bría puesto nerviosos a los que marchaban por delante Da igual. Su recuperación es un hecho. Ha ascendido al duodécimo puesto mundial y pronto alcanzará el top- 10 (defiende muy pocos puntos AP esta temporada) Será el bastión europeo en la Ryder Cup de septiembre y una nueva victoria no tardará en llegar (lleva dos segundos y un tercer lugar en la PGA hasta ahora) La primera de la cuarentena. De su nueva vida. En una silla de ruedas Todo le sonreía a Chema: era joven, triunfador y admirado... hasta que una extraña lesión le dejó postrado en una silla de ruedas en 1995. Fueron dos años de calvario, sin conocer el origen ni el tratamiento de un problema que le impedía caminar. Pero se produjo el milagro y, cuando en 1997 volvió a ganar el Turespaña de Canarias, las lágrimas afloraron en sus ojos. Sin embargo, había que confirmar la recuperación y eso se produjo en Augusta dos años después, cuando alcanzó su segunda chaqueta verde. Seguía siendo joven, triunfador y admirado, aunque no contaba con la llegada de un extraterrestre al panorama golfístico: Tiger Woods. El californiano revolucionó por completo este deporte, motivó que se alargaran los campos y estableció un dominio insultante. La década 2000- 2010, pues, comenzó PERFIL PHIL MICKELSON Doble ganador del Masters Durante años a la sombra de Woods, el californiano ha olvidado sus excentricidades para asentarse como el número dos del mundo con la intención de desbancar a su compatriota El más fiero rival del Tigre M. A. B. Clasificación final 1, Mickelson (EE. UU. 281 golpes; 2, Clark (Afs. 283; 3, José María Olazábal, Goosen (Af. S. Woods (EE. UU. Campbell (EE. UU. y Couples (EE. UU) 284; 8, Singh (Fij. y Cabrera (Arg. 285; 10, Cink (EE. UU. 286; 11, Weir (Can. Miguel Ángel Jiménez y Ames (Can. 287... 46. Sergio García, 298. MADRID. Ha sido un eterno segundón durante gran parte de su carrera. Sobre todo la que le ha tocado compartir con Tiger Woods. Con un palmarés excepcional hasta 2004 (23 triunfos) se le consideraba como el mejor jugador del mundo sin un grande en su palmarés. Pero en cuanto ganó su primera chaqueta verde, todo cambió. Olvidó los miedos, desaparecieron los fantasmas y su trayectoria tomó un nuevo rumbo. Instalado en el club de los elegidos, dejaron de importar sus excentricidades (cambiar de palos antes de una Ryder Cup o dejar de jugar seis meses para estar con su familia) Su juego se consolidó y en 2005 cayeron otros cuatro torneos al zurrón, con su segundo major incluido (el PGA Championship) En lo que va de 2006 había dejado claro su estado de forma (después de cuatro top- 10 ganó hace dos semanas con trece golpes de ventaja) y llegó al Masters como favorito. Tuvo un comienzo dubitativo, pero la suspensión del sábado por la lluvia le vino como anillo al dedo. En la maratoniana jornada dominical se puso líder desde el principio y sólo tuvo que controlar a los demás para ganar. El zurdo nunca se vio agobiado y disfrutó de lo lindo compartiendo partido con Fred Couples. Sólo se le acercó Olazábal a un golpe en el 15, pero no llegó a inquietarle. Su cabeza fría y la facilidad para manejar las calles y los tapetes le dieron su tercer grand slam en otros tantos años. Phil ha recuperado el segundo puesto del ranking mundial y su duelo con el Tigre ya está planteado a tumba abierta. El último número dos que le retó (Vijay Singh) consiguió tumbarle unos cuantos asaltos. Habrá que ver si Mickelson es capaz de destronarle. Necesitaría, como el fidjiano, una campaña con ocho o diez victorias y que su rival cayera en desgracia. No parece fácil, pero una vez destapado el tarro de las esencias, todo es posible con el californiano.