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ABC MARTES 11 4 2006 Cultura 55 Tras la II Guerra Mundial, muchos alemanes refugiados en Checoslovaquia tuvieron que volver a Alemania. Entre ellos figuraban un puñado de músicos, que fundaron la Orquesta Sinfónica de Bamberg. Hoy, esta formación es una excelente embajadora cultural de la nueva Alemania CLÁSICA G. Autores e Intérpretes Obras de Mozart. Intérpretes: Milagros Poblador, Maite Arruabarrena, Luis Dámaso, Miguel Ángel Zapater, Orfeón Donostiarra, Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Juanjo Mena. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 8- IV Sesenta años de la orquesta refugiada TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL SUMA Y SIGUE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE BERLIN. Vinieron con su violín al hombro, el clarinete en su maletín, dejando atrás una tradición excelsa, además de la Ciudad Dorada, también una guerra y sus represalias. Pero en sus instrumentos guardaban el sonido bohemio y hoy han vuelto a ser una de las orquestas más prestigiosas del mundo. Los músicos de la Bamberger Symphoniker (Sinfónica de Bamberg) llegaron hace 60 años entre las columnas de refugiados de los Sudetes checoslovacos, procedentes de la reputada Deutscher Philharmoniker de Praga. Llorado lo justo, los praguenses -como se los llamaba- -se pusieron a las órdenes de su director, Joseph Keilberth, y cuando hoy celebran su LX aniversario saben que figuran entre las orquestas mayores y su singular sonido es preciado por la calidez y color de su madera. En julio de 1946, con la ejecución del primero de los decretos de Edvard Benes, que de perseguir el nazismo pasó a la deportación de todos los germanos de Checoslovaquia, los músicos alcanzaron la frontera por la comarca de Franconia Superior. En un páramo de postguerra donde faltaba de todo fundaron la Bamberger Symphoniker, que iba a convertirse pronto en la primera misión cultural alemana en el exterior, actuando en su primera gira tras la guerra en Francia, España y Portugal. Jonathan Nott, director de la Orquesta Sinfónica de Bamberg ABC Sonido bohemio Sólo tres años después de su fundación, la Sinfónica tuvo la difícil misión de ser la primera orquesta alemana en tocar en París, a cuatro años de la derrota. Su peculiar sonido bohemio debía ser la primera nota de la reconciliación en Europa y una representación, para los sentidos, de la mejor Alemania. La RFA la adoptó, desembolsando un cuarenta por ciento de su presupuesto, y nombres como Joseph Keilberth, Rudolf Kempe, Hans Knappertsbusch, Clemens Krauss, Eugen Jochum, Horst Stein e Ingo Metzmacher la llevaron por el mundo. Incluído, por fin en 1991, a Praga, la vuelta largamente soñada. Hoy ofrece cien conciertos al año, la mitad de ellos de gira, lo que la convierte en una de las más ocupadas del mundo. Para el Berliner Zeitung, esta orquesta encarna la Alemania de postguerra Hoy, la recoleta ciudad de Bamberg puede enorgullecerse de un récord musical: entre sólo 70.000 habitantes, su orquesta tiene 6.000 abonados y sus conciertos un 94 por ciento de ocupación. Su director, el joven músico británico Jonnathan Nott, que con 43 años lleva seis a su frente, recalca que Bamberg no es provincia, en el sentido de que no pase nada, sino en que la vida ha permanecido intacta y de esto es La orquesta tiene seis mil abonados en una ciudad de setenta mil habitantes, y sus conciertos están siempre llenos ejemplo la propia orquesta, cuyos músicos conviven a diario con sus vecinos en los cafés. Pero hace sesenta años, no había un auditorio propiamente, no había calefacción, no había sillas suficientes recuerda su gerente Paul Müller. Es conmovedor pensar adónde se ha llegado y cómo empezó. Su valor está en que fue una orquesta creada por músicos, muchos, muy enérgicos y determinados, y esto explica cómo han seguido haciendo hasta hoy un trabajo tan brillante y cautivador Los praguenses y sus compañeros de las orquestas de Kárlovi Váry y de Silesia traían una nobilísima tradición musical y un sentido de su historia: la corporación había tenido al frente a Gustav Mahler y a Carl Maria von Weber y en su misma estirpe estaban los músicos que acompañaron a Mozart, cuando montó en Praga en 1787 el arriesgado Don Juan Pero de entre las asociaciones de sudetes deportados, aún hoy sumidas en la amargura, la Sinfónica es sin duda la más positiva de todas. La cadena Bayerischer Rundfunk recuerda que la orquesta ha vivido sus tragos: olvidado su papel con la reunificación y con deudas, tras los noventa casi fue a la quiebra, su intendente fue cesado y Baviera tuvo que hacerse cargo de un ochenta por ciento de su manutención, por lo que ha pasado a ostentar el sobrenombre de Filarmónica del Estado bávaro Pero la orquesta hizo entonces algo más: acudió a una gestora cultural para aprender qué les había pasado y cómo no volver a caer, lo que supuso un nuevo compromiso consciente de administración y músicos que la crítica dice apreciar. Nott goza con unos músicos a los que sólo les interesa la música y el chelista Markus Meyer asegura que el británico consigue transmitir positivismo En su concierto y gira de jubileo en Bamberg y luego en Berlín- -y de ahí a Europa- -estaba todo vendido y, naturalmente, se imponía un programa checo: la ambiciosa Misa glagolítica de Leos Janácek, a la que siguió el Mozart del Concierto para piano en Do Menor la Octava Sinfonía de Dvorák y una propina del Concerto Românesc de György Ligeti. l actual aniversario de Mozart parece demostrar que se viven tiempos de cierta incredulidad. Será porque los 250 años del nacimiento llegan en el justo momento en el que la musicología ya ha estudiado cualquiera de los documentos relacionados con el autor de Salzburgo, su obra musical se ha editado en impecables condiciones, la discografía ha grabado hasta la más oscura de sus psicofonías y el mercado editorial, el profesional y el diletante, fiel a los tiempos que corren, ha llevado las pesquisas hasta la misma alcoba del compositor. Sólo en este contexto se pueden explicar algunas propuestas que le ponen salsa a la rutina como ese anatemático espectáculo vienés cuyo título, I hate Mozart es toda una declaración de principios y actualidad. De manera que lo más sensato parece insistir en la interpretación de su obra. Tal vez, en el Réquiem y con él en la revelación de los matices que las distintas interpretaciones mozartianas ofrecen. Sería muy tentador y al mismo tiempo falso decir que el que ahora se ha escuchado, por mor de la Universidad Autónoma, es el del Orfeón Donostiarra. Pero lo cierto es que el coro vasco posee una fuerte impronta. El gusto por los matices y colores, la peculiar forma de cubrir la voz, la transparencia del conjunto, la frescura vocal y la unidad, llevan la obra hacia una posición más contemplativa que incisiva o interrogante. El maestro Juanjo Mena debió querer insistir en este aspecto cuando ya fuera de programa repitió el Lacrimosa con menos excelencia que antes, todo hay que decirlo. O lo que es igual: con la misma terrenal humanidad con la que un tenor, que de inmediato se debió morder la lengua, se adelantó a todo el conjunto en el último gran ataque de la obra. Y pese a las excelencias corales, sería tendencioso no recalar en el muy serio trabajo de Mena, en su concepto firme, claro y coherente, despojado de romanticismos y vagamente historicista. Su flexibilidad fue la de la Orquesta Sinfónica de Bilbao y su proporcionado equilibrio. Así se vio ante el Réquiem como se adivinó ante la Música para un funeral masónico y el cariñoso Stabat Mater del niño Arriaga, quien también está de aniversario, 200 de su nacimiento, pero que aún esta pendiente de ser conocido a fondo. Vamos, como si de un aspirante a Mozart se tratase. E