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ABC MARTES 11 4 2006 Cultura 53 POÉTICA DEL PAISAJE JUAN M. HERNÁNDEZ DE LEÓN El arquitecto, ayer en su estudio de Sao Paulo, donde recibió a los periodistas ¿Y hay algún ejemplo en la arquitectura que atienda esa preocupación social? -El edificio Copan (uno de los iconos de Niemeyer en São Paulo) es un ejemplo. Es el supremo ejemplo de habitación contemporánea en la idea de una ciudad para todos. Hay pisos de 40 metros cuadrados, 90 metros cuadrados. No hay diferencia entre pobres y ricos. Lo que mide el tamaño de la casa no es la riqueza o la pobreza. -En su concepción, ¿cómo debe ser el espacio público y qué ciudad ha sabido implantarlo mejor? -Venecia y toda Holanda. Son lugares que no existían, todo fue fabricado. Era imposible hacer una ciudad en Venecia, por la cantidad de barro, pero existió un deseo y se hizo. Es un trabajo de ingeniería maravilloso. Eso es arquitectura, ésa es la arquitectura que nos interesa. Por necesidades y deseos humanos. Se emprenden obras nunca vistas antes para hacer de toda esa región un territorio posible. Se hacen canales, se planifica todo el territorio y nos queda esa maravilla. Es el producto del trabajo, de la invención, del descubrimiento y de la confraternización humana. No son canales para comprar una especie en África y hacer un dulce italiano. En el fondo establecemos relaciones humanas y así se construye Venecia. Y Holanda es un territorio imposible, con obras extraordinarias y un deseo, que en el fondo es lo que mueve BELLEZA Y ARQUITECTURA Para ser nuevo, hay que convocar memorias. La arquitectura no tiene que ser bella, tiene que ser oportuna, basarse en el deseo humano HABITAR EL MUNDO Hay que organizar la habitabilidad del mundo, no hacer monumentos. La ciudad del pasado se hacía con palacios y monumentos. Hoy eso es tontería, la idea de ciudad es monumental LA CIUDAD PERFECTA ¿Una ciudad actual que admire? De hecho no hay ninguna, sólo hay un deseo y una experiencia de todos nosotros en esa dirección FORMACIÓN Mis dos abuelos eran de cierta manera ingenieros. Desde niño nunca dudé de lo que es posible hacer la arquitectura. La mecánica de los fluidos, la mecánica de las aguas, de las máquinas. El aparecimiento más notable en todo esto es la ingeniosidad maquinista del hombre. Saber convertir la naturaleza en una máquina, en una ingeniosidad para disfrutar. Los filósofos dicen que sorprender a la naturaleza es obligarla a revelar sus misterios. ¿Y hay alguna ciudad contemporánea que admire? ¿Usted conoce alguna? De hecho no hay ninguna. Lo que hay es un deseo y una experiencia de todos nosotros en esa dirección, lo que hace que la arquitectura sea reconocida hoy más que nunca, como una forma peculiar de conocimiento y que el intercambio entre los arquitectos sea hoy cada vez más importante. Veo la posibilidad y la oportunidad y tenemos que trabajar en esa dirección. Es una política activa. No tenemos que mirar la política como si fuese de los otros. ¿Cuál es el desafío entonces de la arquitectura contemporánea? -Organizar la habitabilidad humana del planeta, no hacer monumentos. La ciudad del pasado se hacía con monumentos, palacios. Hoy eso es una tontería porque toda la ciudad es monumental, la idea de ciudad es monumental. ¿Cuáles son sus influencias? -Todos en el tiempo. Los hombres de las pirámides del Cairo, por ejemplo, pero principalmente los que aún no son, los jóvenes. ecibo la noticia del premio Pritzker a Mendes da Rocha en la India, días después de haber visitado Chandigarh. Allí, la monumental obra de Le Corbusier- -esa explanada del Capitolio que anticipa el perfil lejano de Himalaya- explica mucho sobre la revisión crítica del movimiento moderno en cuanto potencia la relación entre arquitectura y paisaje, y afecta el reconocimiento de lo vernacular como herramienta significativa que modula el impulso abstracto de la nueva edificación. El premio a Mendes da Rocha parece que rectifica el, en algunos casos, vacilante criterio de los jurados últimos más atentos al espectáculo arquitectónico que al reconocimiento de una sólida obra ajena al alboroto mediático como es la de este arquitecto brasileño. Conocí a Mendes da Rocha- -como persona, puesto que su arquitectura ocupaba ya una posición importante en la reciente historia- -en Alcalá de Henares, con motivo de haber sido galardonado con el premio de la Bienal Latinoamericana. Y allí descubrí al maestro tranquilo, de humanidad no afectada, cuya sensible timidez no podía ocultar la lección permanente de su manera de entender la dimensión poética del oficio del arquitecto. Tan cercano en sus presupuestos proyectuales, así como en su irónico y amable perfil psicológico, a los de su amigo el portugués Álvaro Siza. Mendes da Rocha, comprometido con el paisaje en su sentido más amplio, consigue a sus 77 años el segundo Pritzker para la arquitectura brasileña, después de Oscar Niemeyer en 1988. Su afinidad no se limita al ejercicio profesional sino que desde el año 1959 ha ejercido como profesor en la Universidad de Sao Paulo, desde donde ha podido proyectar su magisterio en las nuevas generaciones. Pero son sus obras más conocidas, como el Museo de Arquitectura Brasileña, tan reveladora de su relación emocional con la naturaleza, las que explican por sí mismas la capacidad de Mendes da Rocha para transformar la herencia del lenguaje canónico de la moderna arquitectura. Quizás la anécdota oculta que resulta más emocionante es la presencia en el jurado que le otorga este premio, de Balkrishna Doshi, aquel antiguo colaborador de Le Corbusier en Ahmedabad y hoy todavía protagonista de la nueva arquitectura de la india. Como si Doshi hubiera podido reconocer estas lejanas resonancias de la lección india de Le Corbusier en la arquitectura de Rocha. R