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48 MARTES 11 4 2006 ABC Cultura y espectáculos Los políticos deberían leer las crónicas de Pla sobre la República, pues son una lección de sensatez Destino edita en un volumen más de mil articulos parlamentarios de 1931- 36 testigo periodístico de excepción de la vida política de la Segunda República. Al principio, la apoyó, pero las circunstancias le volvieron contrario al régimen TULIO DEMICHELI MADRID. Aunque el proyecto estaba en marcha desde hace tiempo, esta recopilación de las crónicas que Josep Pla escribió entre el 18 de abril 1931 y el 2 de abril 1936 aparece en coincidencia con el 75 aniversario de la proclamación de la República y el 25 aniversario de la muerte de su autor. Ayer, el ensayista, narrador y columnista de ABC Valentí Puig, que ha escrito el prólogo; y el historiador, editor y también colaborador de nuestro periódico, Xavier Pericay, lo presentaban en Madrid. Para Puig, estamos delante de un libro que es una gran aportación editorial, porque toda lección que venga del pasado así lo es. Llevo años predicando sobre Pla y siempre hay cosas nuevas que decir. Hoy es uno de los clásicos del siglo XX que más lectores tiene en España y que son lectores de varias generaciones. La de los que en su día leyeron Historia de la Segunda República Española (1940) modelo de libro por lo que en él hay de desconexión entre vencedores y vencidos. Y una segunda generación que incluye a Umbral, Muñoz Molina, Trapiello y Sánchez Ostiz b Pla fue Extracto de la crónica publicada en Las Provincias el 28 de mayo de 1932 La discusión del Estatuto catalán ...De manera que podría darse el caso de que saliéramos de la discusión del Estatuto, de un lado, con una Cataluña disgustada, inquieta y dolorida y, de otro, con una España sufriendo como si le hubieran amputado uno de sus miembros más importantes. Podríamos salir de esta discusión sin que nadie se encontrara satisfecho, y por el contrario, todo el mundo agraviado. Tan mal han sido planteadas las cosas, tantos errores se han cometido de una y de otra parte, que casi puede tenerse por seguro que estamos abocados a este lamentable resultado. Lo cual forzosamente será sentido en la raíz sentimental y producirá consecuencias profundas, y decimos profundas porque el único problema de esta calidad que existe en esta Península, es el de su organización interna. Y he aquí a donde hemos llegado por haber abandonado el único método posible de planteamiento del problema: el método de la concordia. Toda persona que sea capaz de elevarse del terreno político anecdótico a una perspectiva histórica, comprenderá la gravedad que puede tener para el régimen el que éste quede involucrado con la insatisfacción de los particularismos regionales El señor Azaña, presidente del Consejo de Ministros, tiene razón al decir que la República no estará consolidada hasta haber dado cima al problema catalán. Se podría completar la frase diciendo que no sólo no estará consolidada la República, sino ningún político republicano. Éste es el problema de nuestro tiempo en esta Península. Del problema depende el que el país tenga o no la sensación de que el régimen dispone de servidores capaces de engrandecerlo, de avivarlo y de administrarlo. La cuestión es de esta magnitud, y frente a ella no valen trampas ni procedimientos de abogado. Josep PLA El Pla que llega a Madrid Antes de su destino madrileño, Pla ha pasado por Francia y otros países europeos después de la Primera Guerra Mundial y allí aprende mucho- -explica Puig- Al volver, se integra en el catalanismo moderado, de cáracter liberalconservador, que lidera Francesc Cambó i Batlle. Escribe, así pues, para la Lliga en La Veu de Catalunya y en La Publicitat Viene cuando se olfatea la República (llega la mañana del 14 de abril enviado por Cambó, cuyas famosas tertulias frecuenta asiduamente) Ya es un hombre maduro que está situado y se relaciona con hombres de gran capacidad política, atravesando un momento de gran esplendor periodístico y que hace gala de una pluma sagaz e inteligente. Carlos Sentís en Madrid ve a un Pla pletórico En un primer momento, aunque la caída de la Monarquía ha significado una pérdida del capital político de Cambó, Pla cree que el nuevo sistema político puede cuajar en España si se consolida siguiendo el modelo de la República Francesa- -añade Puig- Siente que hace falta lo que ahora se llama una derecha civilizada En esos años, la política le hace extraños compañeros de cama, como el radical Alejandro Lerroux, que ya ha dejado de ser un comecuras y al que llega a considerar como una fuerza de estabilización política El antecedente en el tiempo de la obra presentada fue Madrid, advenimiento de la República (1940) libro que, para Puig, debería ser de obligada lectura en las facultades de Ciencias de la Información. A Pla hoy también deberían leerle los políticos y aprender de su prudencia y sensatez, sobre todo en el momento que estamos viviendo. Algunos de sus artículos sobre el Estatut están clavados, como cuando señala la irresponsabilidad de ERC concluye. Xavier Pericay explicó que el volumen incluye todo lo que Pla escribió sobre y durante la República. Han quedado fuera sólo algunos textos que ANTES DE LA TORMENTA XAVIER PERICAY El 14 de abril de 1931, cuando Josep Pla llega a Madrid como enviado especial de La Veu de Catalunya, acaba de cumplir 34 años. Aunque lleve ya un tiempo residiendo entre Barcelona y el Ampurdán, este periodista ha viajado mucho. Ha estado en París, en Londres, en Berlín, en gran parte de Italia, en Rusia, en los Países Bajos, en Escandinavia, en los Balcanes... También ha recorrido España, pero poco. Por ejemplo, es la segunda vez que pisa Madrid. Y de la primera hace ya diez años. La ciudad ha cam- biado mucho, claro. Y él también. A estas alturas, puede que ya haya asumido que eso del periodismo será para toda la vida. Además, parece que por fin ha encontrado el sitio. En La Veu, al servicio de la Lliga Regionalista y de Cambó. En Madrid le espera un trabajo distinto al que haya podido hacer hasta la fecha. Nada que ver, pongamos por caso, con lo realizado en París en los años veinte, aunque allí existiera también una República, con su Asamblea Nacional, es decir, con su Parlamento. Ahora apenas hay distancia entre él y el objeto de su relato. La suerte de este nuevo régimen, para bien o para mal, es la suerte de aquello por lo que Pla ha luchado desde que entró en el periodismo. La autonomía, por supuesto; el Estatuto de nunca acabar. Pero también una cierta idea de España: un proyecto de país moderno, culto, libre, seguro. Algo así como Francia o Inglaterra, ni que sea en vías de desarrollo. Algo en que creer, en fin. Día a día, irá narrando el proceso. Unas veces, con entusiasmo. Otras, con rabia. Otras, aún, con desesperación. En esos vaivenes se le irán cinco años de su vida. Cinco años pegado a la actualidad. Mandando crónicas a diestro y siniestro, pero casi siempre con tino. Construyendo artículos. Puliendo reportajes. Tratando de adivinar, de un modo u otro, el mañana. Sin mucha fe, es cierto, pero con mucho aguante. Hasta que un día del 36 dirá basta y abandonará Madrid. Antes de la tormenta, pero sintiendo ya sus estragos. Sin nada ya que narrar. Excepto el desastre.