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ABC MARTES 11 4 2006 Nacional 13 EL DEBATE SOBRE LA NEGOCIACIÓN CON ETA LAS VÍCTIMAS La viuda del dirigente socialista Fernando Buesa asistió el 22 de febrero al homenaje en memoria de su marido y del ertzaina Jorge Díez, asesinados por ETA NURIA GONZALEZ TESTIGOS DEL MAL MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid l terrorismo es un modo de actuación política basado en el ejercicio sistemático de la violencia, por parte de las organizaciones que lo adoptan, contra las personas y los bienes, a fin de lograr la adhesión de la población a su causa, no mediante el convencimiento, sino por el miedo. Su objetivo es doblegar la voluntad de los ciudadanos y del Estado hasta que acaben desistiendo de mantener el sistema político y acepten las exigencias de poder de esas organizaciones. Por su apelación a la violencia armada, puede ser conceptuado como una forma singular de guerra que no se atiene a ninguna de las reglas que, partiendo de las prácticas consuetudinarias que forman parte de lo que Ignatieff llamó el honor del guerrero dieron lugar al derecho internacional humanitario. Y, por ello, ha de ser considerado como radicalmente ilegítimo. Guerra sin reglas, el terrorismo es una expresión del mal en su sentido más absoluto. Es decir, de ese Mal que ha de ser escrito con mayúscula porque designa la voluntad de unos hombres para decidir acerca de la vida y la muerte de otros y, por tanto, para romper el vínculo esencial de solidaridad que nos une entre nosotros a los seres humanos y nos permite esperar, en cualquier circunstancia, el respeto, la ayuda y el amparo de los demás. Quienes optan por el terror para desarrollar su actividad política, atacan a personas inocentes que son elegidas, a veces al azar y en otras ocasiones por su adscripción a un grupo, con independencia de cuáles puedan haber sido o no sus actos. Las víctimas del terrorismo son así testigos del Mal por su conciencia de no haber incurrido en culpabilidad alguna y no ser merecedoras del terrible cas- E tigo al que se les somete. Y de ahí que se vean envueltas en confusos sentimientos de vergüenza y desamparo. Vergüenza, porque la experiencia del Mal, el sufrimiento extremo, les da acceso al conocimiento íntimo de que el ser humano es también capaz de eso y les hace conscientes de que comparten con sus atacantes, con los asesinos de sus seres queridos, una misma condición humana. Y desamparo, porque ser objeto del crimen terrorista supone un desafío que reta todo lo esperado, que hace perder la confianza en todos los demás, que destruye la ingenua convicción de que, en la adversidad, otros velarán por nosotros, y que aniquila la ilusión de encontrar en ellos algún consuelo. No sorprenderá, entonces, que las víctimas del terrorismo y quienes están cerca de ellas vivan anonadadas el acontecimiento que produce su victimación. La experiencia del Mal les deja sin saber qué decir; las palabras se escapan y, cuando se pronuncian, parecen insuficientes para expresar completamente ese conocimiento al que sólo se accede a través del sufrimiento; y uno se ve impelido a encontrar una explicación racional imposible que jamás se encuentra. Entonces se revela la soledad con la que se afronta la existencia humana; una soledad que se vive como abandono, sin alivio alguno, sin desahogo, en un desamparo desgarrador. Ser testigo del Mal, ser víctima del terrorismo, produce daños psicológicos que muchas veces son difíciles de reparar. Los que directa o indirectamente han sufrido el impacto de los atentados experimentan un trauma, una quiebra del sentimiento de seguridad... en sí mismos y en los demás; ...una pérdida de la confianza básica, ...de la integridad del propio yo tal como ha descrito el profe- sor Echeburúa. La experiencia traumática es, en este caso, más intensa y duradera que la que pueden ocasionar otras conmociones como las catástrofes naturales, los accidentes o las enfermedades. Algunos datos empíricos- -referidos principalmente a las víctimas de ETA- -pueden ayudar a comprender mejor todo esto. Así, la sensación de desamparo se expresa de una forma muy generalizada. Casi todas tienen la idea de que no se les ha hecho justicia (99,5 y una amplia mayoría, pese a los avances que han tenido lugar a este respecto en los años más recientes, consideran que las instituciones no les apoyan (70 Igualmente, tres de cada cuatro eluden cualquier tipo de noticias sobre el terrorismo y prefieren no saber nada de él; y, de la misma manera, casi cuatro de cada cinco ni siquiera se han informado acerca de los causantes de su tragedia. No sorprende, por ello, que en el 90 de los casos no se haya atendido al proceso penal de los autores de los atentados y no se haya asistido al juicio correspondiente, así como que más de dos tercios de las víctimas jamás hayan vuelto a recorrer el lugar donde ocurrieron los hechos que les abruman (67,8 Entre las víctimas del 11- M encontramos parecidos elementos: la mayoría (86,2 se consideran mal informadas sobre la investigación de los atentados y son aún más (89,6 las que expresan una profunda insatisfacción con los trabajos de la Comisión parlamentaria que Las víctimas han de servir de aviso a quienes creen que frente al terrorismo caben soluciones de compromiso que eluden su definitiva derrota se ocupó del asunto; y casi las tres cuartas partes valoran negativamente las ayudas que han recibido. Por otra parte, la prevalencia del trauma resulta ser muy elevada, de manera que la probabilidad de que una víctima del terrorismo experimente un trastorno psiquiátrico puede llegar a ser hasta cinco veces mayor que para cualquier otro miembro de la sociedad. Así, esa probabilidad alcanza el 52 entre las víctimas directas de ETA, con un recorrido temporal que se extiende desde el 70 antes de que hayan transcurrido dos años desde el atentado, hasta el 45 pasados veinte años de éste. Entre los familiares de las víctimas la prevalencia es algo más del 36 con un recorrido que se extiende desde el 40 hasta el 30 en el mismo período. Para las víctimas del 11- M se han encontrado parecidos resultados, de modo que, actualmente, todavía la mitad de ellas reciben asistencia psicológica. En definitiva, en lo que al trauma psicológico se refiere, el sufrimiento de las víctimas es del orden de tres a cuatro veces superior al que registra la población en general, aunque resulta similar al de otras víctimas de la maldad humana, como las que han sido objeto de agresiones sexuales o de malos tratos en el ámbito doméstico. Todo esto debe ser evocado cuando hace un mes hemos conmemorado el 11- M. Y no sólo para expresar compasión o solidaridad con las víctimas, sino también para recordar que es la sociedad en su conjunto la que vive bajo su amenaza. Primo Levi dijo que tenemos necesidad de monumentos, de celebraciones e inmediatamente señaló que monumento, en su etimología, quiere decir advertencia, amonestación La memoria de las víctimas ha de servir, por tanto, de aviso a quienes todavía creen que frente al terrorismo, frente al Mal, caben soluciones de compromiso que eluden su condena radical y su definitiva derrota.