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ABC MARTES 11 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECADERO ADIE duda en estos momentos de que Arnaldo Otegi sea o vaya a ser un personaje relevante enlas negociaciones entreel Gobierno y ETA- -demomento lo ha sido en las conversaciones de Batasuna con el PSE PSOE- pero en ningún sitio está escrito que esa condición tan sui generis faculte a nadie para incumplir la ley. Tampoco está escrito en ninguna parte que en un diálogo entre un Gobierno democrático y una banda terrorista los delegados de esta última hayan de estar necesariamente enlibertad. Es más, enotros casos similares, como el tan admirado ejemplo irlandés, los emisarios gubernamentales han tenido que ir a veces a la cárcel a despachar con interlocutores presos, lo que tiene la ventaja de dejar muy claro quién pone las condiciones. De IGNACIO modo que no se entiende CAMACHO bien esa exigencia de impunidadcon que los batasunos quieren amparar a su dirigente. Por la misma regla de tres, si se trata de negociar de tú a tú, que venga Josu Ternera a Madrid con un pasaporte diplomático, y acabamos antes. Por lo menos Ternera parece que de verdad manda en la ETA. Porque otra falacia derivada de la ya cargante similitud con el Ulster es la que trata de representar a Otegi como el Gerry Adams español. Dejando aparte la diferencia nada insustancial de que míster Adams posee mucha más envergadura políticaque don Arnaldo, lo cierto es que existe un factor de desemejanza esencial, y es queel líderdel Sinn Fein controlaba al mismo tiempo al brazo armado del IRA, mientras el vasco parece más bien un títere sin capucha de la dirección etarra. Cuando Blair, o Trimble, o los que fueran, llegaban a un acuerdo con Gerry Adams, sabían que ese pacto se iba a convertir en una orden en cuanto el de las barbas descolgara un teléfono. Otegi, en cambio, viene a ser más bien una especie de recadero cuyo criterio carece de validez hasta que alguien le da el visto bueno al otro lado de la muga. Es un etarra en comisión de servicios. De ahí que no resulte comprensible tanta deferencia con un tipo que interpreta el alto el fuego como un salvoconducto de inmunidad. Otegi está desafiando abiertamente la legalidad porque pretende hacer desu desafío una cuestión de fuerza, y fuerza por fuerza acaso sea menester que el Estado recuerde quién tiene la sartén por el mango. Entre otras cosas, porque si no lo hace los ciudadanos acabaremos por pensar que los que la tienen son ellos, o sea, la ETA. Y eso igualno le conviene a Zapatero. Claro que toda esta confusión no se produciría si el Gobierno no estuviese dando la impresión de que ya conoce el final de la película. Si cada legítimo paso de prospección y acercamiento en busca del final de ETA fuese acompañado de una defensa sin ambigüedades del orden legal vigente. Si nadie estuviese abriendo desde las filas socialistas perspectivas mucho más abiertas de lo que aconseja la prudencia y marca la ley. Si el Estado, en fin, no ofreciera la sensación de haber puesto la carreta del pragmatismo político delante de los bueyes del Derecho Penal. N PORCENTAJES PARA EL ESTATUT E L proyecto de Estatut se presentó en Madrid al redoble de un 90 por ciento de votos en el Parlamento autonómico, pero las primeras encuestas le dan poco más del 50 por ciento del voto de los ciudadanos de Cataluña. Un 40 por ciento del voto soberano se evaporó al regresar, o quizás es que ya no sustentaba aquella votación del Parlamento autonómico catalán. Se sabrá en el referéndum de ratificación. Por ahora, Maragall ya ha sugerido que un buen resultado sería un 50 por ciento de participación y un sí del 70 por ciento. En realidad, ése es un resultado de flaca ejemplaridad porque representa que el Estatut tiene a dos terceras partes del censo o bien en contra o bien resueltos a la indiferencia. Se ofrecieron diamantes que hoy por hoy son cenizas: no sería una jornada histórica para la Cataluña del nacionalismo transversal que al abrir las urnas el voto afirmativo corresponda a poco VALENTÍ más del 50 por ciento del total del cenPUIG so. En términos de ficción, el 40 por ciento del Parlamento autonómico habría votado un Estatut no deseado por los ciudadanos a quienes representan. He ahí una consecuencia indeseada de la megalomanía con que el particularismo cultural y político hincha sus velas. Prácticamente todo el sistema mediático de Cataluña, público y privado, contribuirá a un clima favorable al sí, hasta el punto de que la ocasión pudiera ser indicada para la pura holganza del pluralismo. Lógicamente, habrá una campaña muy beligerante a favor del sí por parte de los partidos políticos que por uno u otro camino se sumaron- -tripartito y CiU- -en la conveniencia de una reforma estatutaria que Zapatero les había exhortado a presentar. Aquel Estatut no es el mismo que ahora regresará a Cataluña, pero eso sólo le importa a ERC y todavía está por ver que pida el no porque a lo mejor resulta que su electorado no obedece y vota sí. Hasta ahora, una encuesta de la Generalitat habla a lo sumo de un 66 por ciento de participación, con un sí de un 50 por ciento, 14 por ciento de votos en contra y un 2 por ciento en blanco. Respecto al abstencionismo, la experiencia indica que al final siempre es considerablemente mayor de lo que dan las encuestas. En general, el ciudadano abstencionista no se confía al encuestador. En el caso de Cataluña el abstencionismo es una pauta de las elecciones autonómicas, a la que se adscriben muchos votantes del socialismo en las elecciones generales. Por eso en las elecciones generales ganaban los socialistas y el pujolismo salía más votado en las autonómicas. Es un rasgo del electorado catalán, mucho más abstencionista en las elecciones autonómicas que en las otras Comunidades Autónomas que componen España. Ese mismo voto abstencionista participa luego en las elecciones municipales. En esta ocasión, no hay muchos motivos para pensar que la pauta no se repita, salvo que exista en el referéndum un efecto Zapatero, un voto a Zapatero, como si de unas elecciones generales se tratase, para revalidar una trayectoria con tregua de ETA y Estatut incluidos, lo cual sería una paradoja apreciable. Incluso así, la crisis política en Cataluña no es de fácil desenlace y, lo que es peor, puede llegar al claroscuro de una crisis institucional. La creación sobre el papel, en términos virtuales, de un nosotros que se diferencia de un ellos hostil conduce a situaciones como la que describen las primeras encuestas sobre el referéndum. Al final, no es tan sencillo identificar los incentivos y las limitaciones del elector. Otro dato no es para el olvido: según la votación del Congreso, el Estatut tiene en contra a más del 40 por ciento del electorado nacional- -escribe Antonio Fontán en Nueva Revista -y a un número muy estimable, si no muy alto, de los ciudadanos que votan socialista en las otras Comunidades Autónomas. Ya hay un hueco para Maragall en la galería de los más ilustres. vpuig abc. es