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ABC DOMINGO 9 4 2006 Cultura 51 CLÁSICA Liceo de Cámara Obras de Debussy, Ravel y Franck. Intérpretes: Josep María Colom, piano. Cuarteto de Tokio. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 4- IV TOROS MONUMENTAL DE BARCELONA Miles de argumentos por la Fiesta Monumental de Barcelona. Sábado, 8 de abril de 2006. Festival en Defensa de la Fiesta. Dos tercios de entrada. Se lidiaron, por este orden, astados de María Luisa Domínguez, Olga Jiménez, Domingo Hernández, Gavira, Santiago Domecq, Jandilla, Capea y Juan Pérez Tabernero, desiguales de presentación y juego. Luis Francisco Esplá, estocada (ovación) Finito de Córdoba, estocada corta (ovación tras petición de oreja) Francisco Rivera Ordóñez, estocada (dos orejas) Morante de la Puebla, pinchazo y estocada corta. Aviso (ovación) El Juli, media arriba (oreja) Serafín Marín, pinchazo, estocada y cuatro descabellos (ovación) En el sobrero que regaló, estocada y descabello. Aviso (dos orejas) Raúl Cuadrado, estocada tendida, estocada y tres descabellos. Dos avisos (palmas) CAMINAR DE LA MANO A. G. L. E l Liceo de cámara puede presumir de muchas cosas. Por ejemplo de poseer un notable plantel de colaboradores. Algunos se dedican a explicar la música con el detalle y la solidez documental que aplica Juan Manuel Viana en sus últimos comentarios, y otros a interpretarla con no menos portentoso convencimiento. Entre estos figura el Cuarteto de Tokio, siempre cerca del Liceo gracias al apoyo que la organización le ha ofrecido incluso en sus años de crisis. Y el favor se devuelve ahora con creces. Lo ha demostrado con su última actuación para la que han reunido los cuartetos de Debussy y Ravel junto al Quinteto con piano de César Franck. Un reto de enormes dimensiones que el Tokio ha resuelto sin ambages, haciendo gala de lo mejor de sus mejores tiempos. Desde luego, el Tokio sabe cómo escarbar entre estas notas. Incluso cómo integrar en ellas cualquier circunstancia. Podría ser su propio sonido, quizá aún falto de una extrema dulzura, algo tenso en el primer violín, Martin Beaver, y no absolutamente firme en la viola del veterano Kazuhide Isomura, como destapó alguna intervención protagonista en la primera obra. Pero es tan personal y seguro el empaste, tan dúctil el conjunto, tan capaz de adaptarse a las oleadas de los sutiles paisajes sonoros impresionistas que fue mucho lo sublime. Con Ravel pisando más la tierra que ante Debussy; caminado hacia la introspección en el primero y redondeando el segundo con un final rotundo, de acordes bien engarzados y sonido muy compacto. Hubo tensión en el escenario y silencio sepulcral entre el público pese a la aparición de una sola tos a cielo abierto que pasará a la historia de las más inoportunas convulsiones respiratorias nunca emitidas. No puede dejar de agradecerse que tras semejante primera parte apareciera el pianista Josep Colom y que en escasos momentos fuera capaz de llevar el piano al terreno de la cuerda e integrarlo en una unidad fantástica. Luego, entre medias, sonaron frases estupendas, silencios perfectamente ajustados, sólidos encuentros a la sombra de esa amalgama de duplicaciones franckianas con que se adorna el Quinteto y, ante todo, un crecimiento orgánico que llevó a la obra a más. Sin prisas, con serenidad de fondo y energía en el mensaje. Gran concierto el de estos colaboradores. Amigos. De esos en los que siempre se puede confiar. ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD BARCELONA. Cada uno de los más de diez mil espectadores que ayer acudieron a la Monumental de Barcelona portaba con su entrada un argumento en favor de la pervivencia de la Fiesta en Cataluña. Sin estridencias, con educación y pasando por taquilla. Lejos de los pitidos y caceroladas con que un centenar de antis recibían a los aficionados que llegaban a las puertas del coso barcelonés. El festival en Defensa de la Fiesta fue simplemente eso: la reivindicación de un espectáculo ligado a este pueblo. Una manifestación por la tolerancia y la libertad, contra la intransigencia y el espíritu abolicionista de unos pocos que no entienden y que quieren suprimir de un plumazo parte de la propia historia de Cataluña. Por otra parte, los taurinos, los profe- José Tomás y Albert Boadella no quisieron perderse el festival sionales de este singular mundo, también podrían haberse esforzado un poco a la hora de ofrecer un espectáculo que sobre todo en el capítulo ganadero mereció un mejor trato. Demasiada desigualdad y, a veces, el olvido de que la Monumental es una plaza de primera. Y frente a esta laguna, la entrega de los toreros. Serafín Marín asumió la doble responsabilidad de ser torero y catalán. Y se echó el festival a la espalda. Apechó con una prenda de Jandilla y no se conformó con pasaportarlo con dignidad. Regaló el sobrero de Juan Pérez Tabernero, al que cuajó en una espléndida faena de muleta. Dibujó naturales largos, poderosos y tem- ALBERTO FARICLE plados, siempre pasándose al animal muy cerca. Toda una declaración de intenciones refrendada con un estoconazo. Serafín Marín cortó dos orejas, igual que Rivera Ordóñez, que formó un alboroto en el tercio de banderillas al excelente tercer toro de Domingo Hernández, con el que disfrutó toreando al final del último tercio. Muy bien El Juli con el complicado astado de Santiago Domecq, al que entendió perfectamente. Firmeza y entrega presidieron una labor que fue ganando en intensidad y mereció la rotunda aprobación del público. Quien también tuvo una actuación plena de entrega y decisión fue el novillero Raúl Cuadrado, que vio, sin embargo, cómo su buena faena de muleta se diluía por el mal manejo de la espada. Abrió festejo Esplá, arrogante en dos arriesgados pares de banderillas por los adentros y centrado en algunos muletazos con la mano diestra. Finito se encontró en una encorajinada serie por el pitón derecho al segundo y Morante se estrelló con un novillote de Gavira. Con todo, dejó pinceladas de su personalísimo concepto del toreo. J. R. LOZANO MUNDOTORO Palomo Linares hijo sale a hombros con Cayetano en su debut en Brihuega Palomo Linares hijo salió ayer a hombros, en compañía de Cayetano, en su debut con caballos en el coso alcarreño de Brihuega. Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron novillos de El Torreón, de juego desigual. Julio Benítez El Cordobés silencio en los dos. Cayetano, oreja en ambos. Sebastián Palomo, silencio y dos orejas.