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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE DIBUJABA CON AMBAS MANOS FORGES C omo muy bien no dijo el filósofo, Una línea vale por mil imágenes Esto lo sabía perfectamente Mena, excepcional dibujante de líneas de infinito contenido. Viajero impenitente por medio de sus miriádicas publicaciones así como reputado cantante de rancheras, tenía mucho de silencioso observador de los entornos humanos; era, sin duda, su Cándido personaje de ABC, donde nos demostraba sus infinitas capacidades de dibujante desde el rincón de la habitación que es desde donde mejor se observa a los habitantes de la casa habita- da que es la Tierra. Capaz de dibujar a la vez con ambas manos dibujos diferentes, cosa absolutamente incomprensible para nosotros, sus compañeros de currele, siempre estaba en todas las salsas gremiales como atento coadyuvador a las infinitas quijotadas en las que los del gremio nos sumergimos de cuando en cuando. Y hace muy poco, consiguió rematar su más grande quijotada en solitario: su idilio con la anhelada enamorada quijotal, en forma de Museo de Humor Gráfico de Dulcinea, en El Toboso, es ya patente y visitable. No lo duden; acudan a verlo: además de merecer la pena, a Mena le encantará. CÁNDIDO Y LA CANDIDEZ ANTONIO MINGOTE BUSCABA HACER AMIGOS GALLEGO Y REY l ABC siempre ha sido para nosotros una cantera de maestros. Hemos aprendido mucho con Martínmorales y hemos hecho nuestro doctorado con Mingote, pero Mena siempre fue un reflejo en el que queríamos vernos. Mingote no sólo nos ha enseñado a dibujar, y sigue haciéndolo, sino que también ha sido una referencia humana porque es un hombre que nos ha enseñado la dignidad de nuestra profesión. De Mena podemos decir exactamente lo mismo. Nuestro vínculo con Mena era incluso más directo, porque tanto él como nosotros hacemos humor sin E palabras en tres viñetas. Estábamos muy interrelacionados y en muchas ocasiones, incluso yo, veía alguna idea de Mena y sentía que no se me hubiese ocurrido antes a mí. Por otra parte, su humor era blanco, ingenuo, nada malévolo, puesto que lo que buscaba era hacer amigos a través del humor, que creemos debe ser una de las cualidades del humor gráfico. Nosotros tal vez seamos más ácidos y más críticos, pero Cándido nos enseñaba todos los días que detrás de todos los personajes y de todas las posiciones de la vida siempre tenemos que pensar en el ser humano y nunca olvidarnos de esa cualidad tan importante. ocos dibujantes se han retratado a sí mismos a través de sus personajes como Mena por medio de Cándido. Era Mena, como Cándido, cándido, pero también agudo y sensible. Así pudo crear un personaje imprevisto y cotidiano, inocente y pícaro, protagonista y comparsa a la vez, exitoso y víctima, original y previsible, como nadie conocido y tan vulgar como usted y como yo. Prototipo del hombre libre y víctima del prójimo a un tiempo. Pocos días atrás, un lector de ABC lamentaba que su hijo ya no pudiera buscar la aventura de Cándido en su tira habitual antes de ir al colegio por la mañana. Poco antes de morir, Fernando Lázaro Carreter, director de la Real Academia, me preguntaba cómo era Mena, autor de las historietas que tanto le divertían. Así era Mena, huésped de la intimidad de un niño inocente y regocijo de un sabio. Mena podía hacer que Cándido fuera un bombero, un piel roja, un potentado, un mendigo, un galán seductor burlado casi siempre, un marido paciente y sufrido, un oficinista, un magnate, un faquir, un director general de Obras Hidráulicas. Un fracasado con frecuencia, un triunfador alguna vez. Como cualquiera de nosotros, con suerte contradictoria y fortuna problemática. Las peripecias de Cándido se resolvían en chocantes éxitos y en pequeños fracasos, de modo que el espectador se reconocía en él y experimentaba el mismo alborozo o un parecido desconsuelo. Pero se reía. Al reírse del personaje de los tres pelos, el espectador, fuera calvo o con pelaje, se reía de sí mismo. Y el reírse de uno mismo es humorismo. Mena humorista, inolvidable compañero, amigo para siempre. P