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9 4 06 HOMENAJE Mena Sus dibujos inéditos Mena, el dibujante que nos arrancaba la primera sonrisa del día, falleció hace unos días. Fue un entrañable compañero, una buena persona y un artista que no necesitaba palabras para decir sus cosas. Poco antes de dejarnos, nos envió unos dibujos inéditos, que rescatamos en este pequeño homenaje al maestro del dibujo mudo y elocuente, junto al recuerdo de los suyos, de sus colegas humoristas dibujantes, con los que trabajó, disfrutó, luchó y lloró (de risa) EL HUMOR CHAPLINESCO MARTINMORALES uizá para disimular la férrea censura que los periódicos padecían incluso tras ser aprobada la ley de Prensa de 1966, el diario Arriba dedicaba por entonces su segunda plana de huecograbado a una espléndida página de humor. Después de entregar nuestras colaboraciones, los dibujantes que alternativamente ocupábamos dicha plana, subíamos a invitarnos a la última planta de aquel edificio marrón en un ascensor modelo noria que había que tomar y bajarse en marcha, y del que salíamos vivos para poder contarlo. Éramos Abelenda, Forges, Mena y este dibujante. Y allí tuve la ocasión de conocer a Mena. Un ser la mar de original. En su serena humildad yo descubrí a un conocedor profundo del arte en general y a un culto guía de los artistas mundiales pasados y contemporáneos en nuestro oficio del humor gráfico. Y sorprendía Mena porque en su educada y peculiar manera de expresarse, como pidiendo disculpas, encon- Q trabas a un tipo humano- -madrileño hasta más no poder- -tan singular, que era capaz de ponerse a cantar y bailar- -pues era también un gran amante de la música clásica- -una danza rusa, como sucedió la noche que le conocí en aquel diario, junto a Forges. Pude observar pasado el tiempo que Mena era una de las estrellas de la cuadra de la Codorniz, pues su director, Álvaro de la Iglesia, supo mezclar sabiamente todos los tipos de humor característicos de cada uno de sus dibujantes. El de José Luis Martín Mena era el humor que otro clásico de dicha revista, Evaristo Acevedo, definió como humor por el Humor Posiblemente haya sido Mena el dibujante español que más ha publicado sus trabajos en el extranjero, lo que nos indica que cuando el chiste es gráficamente puro- -esto es, cuando el artista expresa la idea sin valerse de texto escrito alguno, como ha hecho nuestro compañero con su personaje Cándido en su diaria tira en ABC- el humor gráfico puede ser universal. Mena fue un maestro en el dibujo sin palabras. Va por él este silencio mío. ERA UN MINIMALISTA PERIDIS e nos ha ido Mena a la chita callando. Sencillamente. Como sus dibujos. Limpios, económicos, escuetos. Sin palabras. Era un minimalista. Como decía el arquitecto Mies van der Rohe, menos es más. Siempre me gustaron sus dibujos y también me intrigaron por lo sencillos y por lo originales. Mena solo se parecía a Mena. No se podía decir tanto con tan poco gasto de tinta. Le bastaban cuatro trazos de calígrafo para pintar el mundo a través de sus personajes. Estos tenían un poso triste e ingenuo con reflejos de escepticismo. La vida es un juego, una paradoja. Las cosas suceden inexorablemente. Todos lo sa- S bemos. Mena lo contaba un día tras otro sin desanimarse por ello. Coincidimos en mesas redondas y conferencias. Allí Mena se desquitaba. Con un texto bien trabado y una amenidad que reservaba para las grandes ocasiones, ayudándose a veces de proyección de diapositivas, se hacía rápidamente con el auditorio que terminaba desternillándose de risa con sus chistes inesperados, un poco en la línea del mejor Tono. Se nos ha ido el maestro de la línea sencilla, modesta y tozuda que siempre volvía por sus fueros. Tus compañeros de profesión y tus lectores incondicionales te agradeceremos eternamente la inevitable sonrisa que nos regalabas cada mañana.