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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE hay nada más hermoso hoy en día que proponer una solución al problema catalán, tomando una España diferente de como es en la actualidad y una Cataluña idealizada poéticamente Ve un fondo de invencible provincialismo en ciertos sectores de la política catalana. Pla observa que cuando llega la hora de votar, el sentimentalismo del catalán busca lo simbólico más que lo verdadero Pla está en las antípodas del articulismo dicharachero, castizo y autárquico. Buen lector de prensa extranjera, con experiencia de corresponsal ya en la Europa de la primera posguerra, sus crónicas y análisis, tan a menudo veteadas de ironía y humor, plantean la correlación entre lo visto y un trasfondo de pensamiento político siempre pragmático, conservador, con propósito de ilustrar al lector con paralelos históricos o con el cotejo de trayectorias políticas. Desde el primer momento, se trataba para Pla de darle un contexto europeo a la política española y, en concreto, a la Segunda República. La comparación con la historia republicana de Francia es constante. Como si estos elementos de autodestrucción nunca hubiesen existido, aún hoy hay quien pretende creer en el oasis de la Segunda República, abrupta edad de oro para las letras y lugar edénico para la libertad de opinión. Para Gaziel, la Monarquía se había hundido a sí misma. El 14 de abril no había sido una revolución: había sido un hundimiento. A partir de aquel instante, el riesgo de más gravedad era indudablemente la demagogia. De todos, no hay que ir más allá de diciembre de 1931 para que un artículo de Gaziel reproduzca el rumor de una restauración monárquica- por enero, Juan tercero -y añada que el mal de la República sea no haber podido contar con una burguesía inteligente y con una clase media que la consolidasen España estaba entre dos extremismos opuestos: una locura furiosa y una locura melancólica. En esos casos, la tesis del juste milieu se convierte en una suerte de nostalgia. La cosa se remonta por lo menos hasta Borrego. Un escritor político como Andrés Borrego traduce a escala española esa teoría asistemática que conforma el pensamiento y la acción de los doctrinarios franceses. A Pla le resultan confortables las ideas de los doctrinarios precisamente porque fueron un puñado de tipos inteligentes que nunca aceptaron la tentación de la originalidad intelectual. En las fases más turbulentas de la vida republicana, incluso la Restauración se hace añoranza. El radicalismo fatiga mucho. Con ese clima intempestivo tiene una gran presencia el discurso de Romanones en defensa del Rey. Fue- -según Pla- un discurso de una construcción perfecta, desprovisto de elementos accesorios, suave, sugestivo, con una técnica de las alusiones admirablemente lograda, dando la impresión de las reservas que tiene siempre el hombre inteligente Como iba a escribir muchos años después Josep Pla, todo el problema consiste en juzgar qué porvenir tiene la moderación en España. El régimen republicano se hace verbalista. La gente sólo habla y se ocupa de las elecciones. No hace nada más. Lástima que, al salir del restaurante, le cobren la cena. Si no ocurriera eso, el país habría entrado en una fase verdaderamente idílica escribe en plena campaña de las elecciones de noviembre de 1933, ganadas por la derecha y conducentes a un gobierno Lerroux. Entonces Indalecio Prieto dijo desde su escaño: ¡Del escaño a la calle no hay más que un paso! Pla escribe al cabo de unas semanas: El señor Azaña y sus amigos creen que, por el hecho de no gobernar ellos, ya no existe la República Comienzan entonces los rumores catastróficos, en febrero de 1934, con erupciones continuas de desorden público y de violencia parlamentaria, de violencia política verdaderamente patológica como dice Pla de una intervención de Indalecio Prieto. La crisis de poder es angustiosa. En una s Comienzan los rumores catastróficos, con erupciones continuas de desorden público y de violencia parlamentaria, de violencia política verdaderamente patológica El mal de la República es no haber contado con una clase media España estaba entre dos extremismos opuestos: una locura furiosa y una locura melancólica sión del 21 de abril, los ujieres y los diputados más forzudos intentan separar a sus señorías enzarzadas en un puro pugilato después de lanzarse tinteros, vasos y bandejas. Pla añade que desde la tribuna de prensa se han podido ver dos o tres pistolas inconfundibles Al comentar el atentado contra el prestigioso diputado socialista Jiménez de Asúa, Pla apunta la sensación general de que si las cosas continúan de tal modo, España va hacia el abismo Es una de las últimas crónicas. La última, hasta ahora no recogida en volumen, es La chance de los socialistas rescatada de la hemeroteca por Xavier Pericay. Se va al Mas Pla de Llofriu, junto a Palafrugell. Deja de escribir para La Veu En septiembre huye de Cataluña. Los pistoleros de la FAI han intentado asesinarle. De Marsella se va a Roma. De Cambó recibe el encargo de escribir una historia de la Segunda República. Los cuatro volúmenes de la Historia de la Segunda República española han sido abundantemente calificados. Más de sesenta años después, el libro gana valor. En sus últimos escritos, Pla resume la etapa de su vida que va de la Segunda República a la guerra civil: poco después de la llegada de los diputados del Frente Popular al Congreso, se va a la estación y coge un billete para irse a casa, con un país tan desunido que va indefectiblemente a la guerra civil. Escribe: Cuando pienso en aquellos días, me parece imposible que aún esté vivo