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ABC DOMINGO 9 4 2006 33 Muere un hombre de 78 años al incendiarse su vivienda en el municipio de Coslada Más de 60 sanitarios contrajeron la hepatitis por pinchazos accidentales el año pasado El viaje de Valentín, un camerunés de 30 años, empezó hace diez años, cuando dejó su tierra y cruzó un país tras otro hasta acabar en Madrid. Su ilusión era ganar dinero y ayudar a su familia. No ha logrado nada de lo que quería, pero mantiene la esperanza Salí de Camerún para trabajar, no para mirar a la gente TEXTO: M. J. ÁLVAREZ CHEMA BARROSO lugar de paso afirma Fernando Crespo, responsable de inmigración de UGT. El entorno, turístico y céntrico, no hace más que resaltar el contraste. MADRID. Sin dinero. Sin papeles. Sin vivienda. Así está Valentín, de 30 años, natural de Camerún. Emprendió un largo viaje hace una década que aún no ha terminado. Lo hará cuando logre lo que ansía. Lleva en Madrid dos años y medio, a espaldas a La Almudena, la catedral de la capital, viendo pasar la vida. Vine aquí para ganarme el pan con un empleo, no para mirar a la gente. No sé porqué no me contratan si no pago 1.500 o 3.000 euros por una oferta de trabajo. No los he reunido aún, pero lo haré, estoy seguro de ello. Todo cambiará cuando tenga papeles Mientras llega ese momento, se refugia en un agujero mínimo e inmundo, en plena muralla árabe, compartiendo sudores, anhelos y desesperación con un puñado de personas como él. Apiñados en ese gueto, matan el tiempo como pueden. Van limpios y bien vestidos. Valentín dice que prefiere dormir en la calle a un albergue. Hay horarios y en invierno tienes que salir temprano y hace mucho frío. No me siento libre brada con una cizalla relata de un tirón. En Ceuta la policía le envió a un centro de internamiento; solicitó asilo- -se lo denegaron- y a los dos meses salió con un expediente de expulsión en un ferry hasta Algeciras. Han transcurrido cuatro años, parte de los cuales los pasó en Bilbao y en Barcelona, donde asegura tener amigos que le proporcionaron trabajos esporádicos. Sin embargo, le tiraba mucho Madrid. Hay más oportunidades añade. Los subsaharianos son muy solidarios y comparten lo poco que tienen, como ocurre con los de la muralla, en donde afirma que es de los más antiguos. Como aparcacoches saco unos días 20 euros y otros 50. Me ayudan conocidos, vamos al súper y compro comida para mis compañeros El top- manta recoger escombros, la prostitución... son las actividades a las que se dedican algunos para sobrevivir. Compraré un contrato Pasa el día deambulando ABC Enterró a dos amigos en el desierto En su ciudad, Yaoundé, ejercía su profesión: contable. Domina el inglés, el francés y el alemán. Mi sueldo era escaso y entre padres y hermanos éramos diez. Partí hacia Nigeria, luego fui a Togo, Burkina Faso, Mali, Segenal, y Mali de nuevo, hasta que ahorré lo que necesitaba en la construcción y me dirigí a Cabo Verde para dar el salto a España Uno de los momentos más duros fue cruzar el desierto en Marruecos. Tardamos dos meses, llevamos latas y 20 litros de agua por persona. Cuando escaseaba bebíamos nuestros orines y rebuscá- Salida digna Hombres fuertes y nobles a su llegada acaban maleados y destrozados, haciendo cualquier cosa que les dé de comer recalca el padre Antonio Díaz Freijo, de Karibú. La única salida que tienen es legalizar su situación con una oferta de empleo- -no suele darse el caso- o solicitar la regularización por arraigo, y para ello deben transcurrir dos o tres años demasiado tiempo para este drama humano. Hay que buscar una salida digna para quien se juega la vida. Al hambre no se le pueden poner puertas concluye. bamos en la basura para llevarnos algo a la boca. Enterré a dos amigos que se quedaron en el camino... Los ingredientes de su historia son los habituales: dinero, dinero y más dinero para costearse pasaportes falsos y demás salvoconductos en un éxodo sin fin. Cuando llegó a Ceuta, tuvo que pagar 820 euros de hace seis años para cruzar la frontera a pie. Pasé muchas calamidades en la selva; estuve dos días andando sin comer. Atravesamos un subterráneo lleno de agua y cortábamos la alam- Desde hace dos años tiene pasaporte. A los negros no nos emplean. No lo entiendo, prefieren a un rumano o a un ecuatoriano; ninguno de ellos duerme en la calle... ¿por qué nosotros sí, si no somos peligrosos? se pregunta airado. Me falta poco, lo sé- -aunque la duda asome en sus ojos- acabaré comprando un contrato: así se mueven las empresas... es una esclavitud civilizada. Ya no van los europeos a África a por mano de obra gratis, venimos nosotros Afirma no estar arrepentido, aunque esté harto de escuchar que ha llegado aquí para nada. Sé que para obtener lo que deseo tengo que pasar por esto Ojalá lo consiga.