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ABC DOMINGO 9 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA FOUCHÉ B A LA CÁRCEL POR HORTERA REÍA que Ambiciones, la finca de Jesulín de Ubrique, era lo máximo que se despachaba en horteridad de horteridades y todo horteridad. Hasta que he visto la casa de Roca, el de la mangoleta marbellera. La casa de tócame Roca que el virtuoso del urbanismo costasoleño se hizo con el por aquí te quiero ver de tú apaga la luz y no digas ná en la Plaza de los Naranjos. Me río de Ambiciones y me río de Janeiro viendo el puro estilo Lladró de la casa de Roca. Ambiciones es Buckingham Palace al lado de esa casa. ¿Usted no ha visto los casoplones ingleses elegantones de House and Garden con sus cretonas, su porcelana de Compañía de Indias, sus muebles buenos, buenos, buenos, como heredados, y las chimeneas acogedoras? -Sí, ¿así es la casa de Roca? No, justamente todo lo contrario. Lo digo para significar las antípoANTONIO das del buen gusto. En lo que este tío BURGOS se ha gastado el dinero de la presunta mangoleta tiene cárcel. Pero no por la mordida, no: tiene cárcel por el mal gusto. A un tío que hace eso es para meterlo en la cárcel. No por corrupto, sino por hortera. Han dado por televisión la casa y es de dolor de cabeza. ¿Cómo se puede tener tanto dinero y tan mal gusto al mismo tiempo? Hay quienes creen que el dinero sirve para todo, que con dinero se compra todo: ahí tienen su imposibilidad, en la casa de las pieles de leopardo por alfombra, con los cuadros de Miró encima de las bañeras (con yacuzi, naturalmente) con las cabezas disecadas de piezas africanas de caza mayor por las paredes. Entre parador nacional espantoso de Fraga Iribarne y Ambiciones de Jesulín, tigre vivo incluido. No han sacado el jardín, pero seguro que en el jardín, este Roca que en absoluto es de Togores, fijo que tenía un enanito de piedra y quizás, quizás, con la máxima probabilidad de los quizases, una réplica en pie- C dra (artificial también) de ese muñeco meón que tiene un nombre de cerveza salpicona, el Heineken Piss creo que se llama. Unos amigos alquilaron hace unos veranos un apartamento en el edificio La Grey de Albión de Puerto Banús, propiedad de unos árabes notables, y creí que era el mayor espanto en materia de decoración marbellera, espejos y esmaltes, que pudiera contemplarse. Era todo como la planta de muebles horrorosos del Hipercor de Banús, montada a la medida horterísima del mal gusto de los jeques mengueleques. Pero las casas de Roca superan el mal gusto modelo Grey de Albión. O modelo aquel restaurante libanés que había junto al Aresbank, el sitio más hortera que he conocido en materia de hostelería. Es todo como un inmenso muñequitopan- cima- televisor. Las fieras disecadas hacen de muñequitas de Marín a lo bestia. Una casa con más tonterías que un mueble bar. De perder el sueño. Seguro que hasta hay un piano de cola forrado enteramente de espejitos, muy propio, como para que lo toque la señora esposa de Belloch. ¿Gil, dice usted? Gil era un lord inglés, con su guayabera del ombligo fuera, al lado de la horteridad asentada en millones de las casas de tócame Roca. De aquella Marbella refinada de Pepito Carlenton que Félix Bayón nos evocaba al presentar su novela De un mal golpe la de las buganvillas, los cenadores de blancos manteles de hilo y plata inglesa, las discretas cretonas en los cuartos de invitados con una estantería de libros y un ropero antiguo, de luna y cajoneras con frentes de cristal, la Capital de la Mangoleta pasó a este espanto de tener que pedir dos cajas de aspirinas para contemplar tanto mal gusto. La corrupción... del buen gusto. Por todo lo cual creo que a Roca no lo ha metido en la cárcel por corrupto, sino por hortera. Aunque sea lícitamente ganado con el sudor de su frente, gastarse el dinero en esas horteridades de dolor de cabeza es de cárcel. AJO su enjuto perfil decimonónico de conspirador de la Gloriosa, Alfredo Pérez Rubalcaba esconde un control de las emociones y sentimientos tan asombroso como su facilidad para fingirlos. Dueño de una perfecta gestualidad ficticia, este hombre inteligente y tenaz, el eslabón perdido entre Felipe y Zapatero, lleva en sí mismo lo mejor y lo peor de la política; posee una fabulosa capacidad de esfuerzo y sacrificio... y es capaz de ponerla al servicio de la causa más sectaria sin que le tiemble un músculo. Su actuación en la tarde del 13- M fue un prodigio de la manipulación y el agit- prop; aquella cara compungida, aquella falsa aflicción, aquel medido ejercicio de impostura merecería pasar a los anales del cinismo dramático. IGNACIO Rubalcaba- si te CAMACHO vuelves te la clava dijo de él una vez Iñaki Anasagasti- -es de esa clase de tipos absolutamente odiosos para el adversario que, sin embargo, se hacen imprescindibles en el equipo propio. Aficionado futbolero y madridista confeso, es como esos defensas de frialdad destructora capaces de romperle la rodilla al rival sin que el árbitro se aperciba, y que luego se inclinan solícitos para compadecerlo y llaman ellos mismos a los camilleros. Tiene un instinto de supervivencia forjado en los pasillos más peligrosos del poder, conoce como nadie los vericuetos de la política y es un negociador de culo di ferro como decía Berlinguer, implacable, agotador, de una resistencia metálica combinada con un pragmatismo sinuoso. Orador excelente, de cortesía helada, puede arropar de retórica la proposición más extravagante y dotarla con su sentido actorial de una apariencia de convicción perfectamente verosímil. Sus enemigos le llaman Rasputín, por su vocación para la intriga, pero al frente de la cartera de Interior, con un ejército de policías dedicado a suministrarle la información más sensible, será más que nunca el perfecto émulo del temible Fouché, el ondulado e inquietante campeón de la razón de Estado. Convertido en la pieza clave del engranaje de una agenda políticamente suicida, agigantado en influencia tras pilotar la pirueta imposible de maquillar de constitucionalidad el Estatuto catalán, el presidente lo ha situado en el eje de la bisagra más delicada para abordar la fase decisiva del diálogo con los verdugos. Zapatero lo llama para que ponga el aparato del Estado al servicio de la ultima ratio de su proyecto, la clave de bóveda de esta legislatura. No hay en toda la nomenclatura española un hombre con un trazo tan ajustado para ese papel de volubilidad táctica en el que los principios morales y hasta legales van a subordinarse a un objetivo político. Situacionista, opaco, maniobrero, hermético, tortuoso, glacial, y con una portentosa maleabilidad para la puesta en escena, Rubalcaba va a tener, sin embargo, un talón de Aquiles en su cometido: el énfasis que le puso a su actuación más célebre. Ahora, como entonces, los españoles seguimos mereciendo un Gobierno que no nos mienta.