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4 Opinión DOMINGO 9 4 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LAS DOS CARAS DEL SOCIALISMO VASCO OS socialistas vascos escenificaron ayer su división: mientras la parlamentaria Gemma Zabaleta y otras dirigentes del PSE y el PSN suscribían un manifiesto- -respaldado por PNV, EA, IU, Aralar y el Partido Comunista de las Tierras Vascas, y en el que se pide una paz sin condiciones y que la sociedad vasca cambie, si lo desee, el marco jurídico- político Rosa Díez, Mayte Pagaza y Carlos Totorika, entre otros, participaban en una concentración de Basta Ya con víctimas de ETA que defendían la vigencia del pacto antiterrorista. La fractura del socialismo vasco, cuya dirección arrincona a Rosa Díez, pero permite a Zabaleta, a título personal, firmar un manifiesto junto a las diputadas del PCTV, resulta revelador de cómo el PSE exhibe sus contradicciones internas y se sitúa en el nuevo escenario político en unas coordenadas difusas que han roto el frente constitucionalista con el PP. Si a Rosa Díez se le aparta en el Parlamento europeo por no comulgar con la línea oficial, habrá que preguntar a la línea oficial si tomará medidas contra Gemma Zabaleta y otras dirigentes que- -en teoría- -se han apartado igualmente de la línea oficial de un socialismo vasco tristemente partido en dos mitades. L LA FALSA DISIDENCIA L transformismo político de algunos dirigentes del PSOE ha permitido al socialismo gobernante generar su propia oposición, mermando incluso el propio margen de actuación del Partido Popular. Esta capacidad de mutación que exhiben señaladas figuras del PSOE, maestros de la ductilidad en función de sus particulares intereses y circunstancias, le sirve al Gobierno y al Partido Socialista para compensar, desde dentro, sus propios excesos y equivocaciones. La versatilidad del mensaje es tal que Alfonso Guerra o José Bono pueden permitirse el lujo de alertar sobre los riesgos de que en España se reproduzca lo ocurrido en la Unión Soviética, criticar ferozmente al nacionalismo o erigirse en baluartes de la defensa constitucional y, al mismo tiempo, votar a favor del Estatuto de Cataluña, de la mano de ese mismo nacionalismo contra el que arremeten sin miramientos. La actitud de Guerra, Bono y otros dirigentes socialistas, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Francisco Vázquez, convertidos en mitos por algunos sectores del centroderecha- -sobre los que ejercen una asombrosa fascinación- tiene ribetes de cierta hipocresía, que hábilmente tratan de ocultar tras esa falsa apariencia de críticos comprometidos con una serie de valores cuya defensa se arrogan sin ningún recato. Naturalmente, las declaraciones de Guerra, Bono, Ibarra o Vázquez obedecen a un movimiento táctico perfectamente trazado, a una estrategia orientada claramente a buscar su propio espacio político. No son tan críticos, y mucho menos disidentes, porque de sus palabras y de sus actos no se deriva ninguna situación que comprometa seriamente ni al PSOE ni al Gobierno. Llegado el momento, asienten y se pliegan, con más o menos ruido, a la línea oficial, para volver después a elevar la voz en una espiral que utilizan como bálsamo redentor de sí mismos. Y así, de manera sucesiva, en una retahíla interminable de declaraciones que no son más que el instrumento que les permite sanear su conciencia. Incluso de esta aparente rebeldía se benefician el PSOE y el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que consigue cubrir todos los flancos al lograr que las voces de los supuestamente críticos solapen la verdadera voz crítica del PP. Porque si Alfonso Guerra cree de veras que la situación de la España actual tiene similitudes con la vivida en los ester- E tores de la URSS, y si el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso responsabiliza directamente a los nacionalismos soberanistas de esa situación, su voto afirmativo al Estatuto catalán es de una irresponsabilidad mayúscula, no ya sólo desde el punto de vista político, sino incluso ético. Sus ataques a los nacionalistas, que antaño fueron leninistas centralistas resultan un sarcasmo y revelan una evidente doble moral, porque su partido gobierna gracias al apoyo de algunos de esos nacionalistas que fueron leninistas centralistas expresión ésta pronunciada apenas unos días después de que votara sí al Estatuto catalán junto a otros destacados socialistas que durante meses hicieron gala de españolidad y patriotismo. Al final, el espíritu crítico de todos ellos se plegó a la disciplina del partido y unos y otros, en lugar de plantarse, se ciñeron al guión como ejemplo de que la disidencia en el socialismo español no es más que pura retórica. Los hechos hablan por sí sólos: el PSC gobierna en Cataluña con ERC, al tiempo que Zapatero se entiende con CiU en Madrid. El PSE fluctúa entre el constitucionalismo y la tentación de aproximarse a la izquierda nacionalista radical. En Galicia, unos se pelean en favor del tóponimo La Coruña y otros comparten el poder con el Bloque. En determinadas comunidades, el PSOE forma coalición con los regionalistas, algunos de perfil muy conservador. Como es natural, la unión sagrada de los progresistas justifica en cualquier caso los acuerdos con IU. Todo vale con tal de mantenerse en el poder. Se ha desvanecido la esperanza de que el supuesto sector españolista del PSOE presente batalla interna contra el Estatuto catalán. Uno tras otro, los eventuales protagonistas han abandonado la escena sin hacer ruido. Felipe González cuida mucho sus declaraciones públicas, aunque- -al parecer- -mantiene serias reservas en privado. Francisco Vázquez declaraba a ABC- -desde la perspectiva de su nuevo destino diplomático- -que hubiera votado sí en el Senado porque el texto ha mejorado mucho. Hace tiempo que no se oye hablar a Rodríguez Ibarra sobre este asunto. Al final, el Estatuto de Cataluña ha puesto a cada cual en su sitio. Y aunque algunos traten de ocultar su voto con ampulosas declaraciones, ya es demasiado tarde. Ahora, sobran las palabras. ANDALUCÍA Y LA MECHA DE LA CORRUPCIÓN RAUDE, cohecho, tráfico de influencias y falsedad documental son los delitos que se les imputa a las personas detenidas ayer en Cádiz por la Guardia Civil dentro de la denominada Operación Karlos puesta en marcha en octubre de 2005 para tratar de desarticular una trama dedicada a la concesión de incapacidades laborales mediante procedimientos ilegales. Delitos que evocan, aunque a menor escala, lo ocurrido en el Ayuntamiento de Marbella y que, con matices, recuerdan al escándalo del Ayuntamiento de Sevilla. Delitos que ponen de manifiesto que la corrupción se exhibe con exagerada frecuencia en una Andalucía expuesta al sobresalto casi diario y que dibujan el escenario turbio y gris de una Comunidad en la que el socialismo parece incapaz de hacer frente a una mecha que pasa por delante y se extiende sin que la Junta que preside Manuel Chaves parezca tener los suficientes resortes para apagarla. Una Andalucía de aire enrarecido, complejos intereses creados y en la que, sin tiempo casi para el asombro, se acumulan los casos y los escándalos. Los grandes titulares vuelven hoy a hablar de fraude, falsedad y cohecho en una Comunidad tristemente protagonista. Desde Sevilla a Cádiz, pasando por Marbella, la corrupción hecha raíces en Andalucía. F MÚSICA Y VÍDEO, EN LA CUERDA FLOJA ÁS de quinientos millones de archivos de música y vídeo (552.707.000, según datos de la Oficina de Defensa de la Propiedad Intelectual de la SGAE) descargaron los españoles desde internet en 2005. De ellos, la inmensa mayoría (508.915.000) llegó a manos de los usuarios a través de algún programa de intercambio gratuito de archivos P 2 P (del inglés peer to peer o par a par Es decir, por ordenador, sin necesidad de salir de casa, completamente gratis y al margen de cualquier tasa, canon o derecho de autor. Los daños, enormes, que sufre el sector por esta causa se cifran en España en unas pérdidas que superan los mil millones de euros anuales, con una caída del 32 por ciento en el negocio de la música y de un 27 en el del vídeo. El panorama es, desde luego, sombrío, y el fenómeno, lejos de reducirse, sigue aumentando en proporción geométrica. Sin ir más lejos, el grueso mismo del tráfico de internet en nuestro país (entre el 80 y el 90 por ciento) correspondió el pasado año al uso que los españoles hacen de dichas redes de intercambio. El porcentaje restante se lo reparten las M consultas a páginas web, el correo electrónico y las transacciones comerciales on line Lo mismo sucede en en resto del mundo. Por eso resulta evidente que no nos encontramos ante una banda más o menos organizada de delincuentes o piratas informáticos haciendo negocios ilegales (que los hay, como los quince detenidos de ayer por la Policía Nacional) sino ante una tendencia social nueva, hecha posible gracias al avance de la tecnología y a la que se han sumado ya cientos de millones de personas en todo el mundo. La industria debe- -no le queda más remedio- -aceptar esta nueva realidad. Y adaptarse a ella, en lugar de pretender perseguirla. Ningún sistema represivo, además, por sofisticado que sea, permite la persecución, localización y detención de millones de ciudadanos. La otra vía, la de adaptarse, es posible. Y curiosamente la están explotando empresas ajenas al sector, como Apple, que en una tremenda lección a las discográficas ha conseguido, ya, la venta legal de mil millones de canciones con su nueva fórmula de tienda en internet.