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ABC SÁBADO 8 4 2006 Los sábados de ABC 93 GASTRONOMÍA Los chinos consumen- -y exportan- -al año 16 millones de cajas de palillos de usar y tirar. El Gobierno ha decidido gravarlos con un impuesto. ¿Avidez recaudatoria? Más bien espíritu ecológico. Se acusa a los palillos de que contribuyen a la deforestación del país EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO Palillos en cuestión egunta es inevitable. ¿Tienen los días contados los típicos palillos chinos? Aunque resulta bastante difícil imaginarse un futuro en el que los restaurantes del gigante asiático dispongan de tenedores y cuchillos- -prácticamente inexistentes en la actualidad- este país evoluciona tan deprisa que hasta sus más milenarias tradiciones corren el riesgo de desaparecer para siempre. Pero no será el progreso el que borre los palillos de madera de las mesas chinas, sino los devastadores efectos medioambientales que está provocando el imparable crecimiento del coloso oriental. Por eso, y debido a la fuerte deforestación que sufre China, el Gobierno ha decidido aplicar una tasa del 5 por ciento sobre los palillos, dentro de la reforma fiscal acometida por el régimen sobre determinados artículos de lujo. También se gravará el parqué para los suelos. Según datos del Ministerio de Finanzas, cada año se emplean 1,3 millones de metros cúbicos de madera (dos millones de metros cuadrados de superficie forestal) en la fabricación de palillos desechables, de los cuales se venden 10.000 millones de cajas en el mercado doméstico y 6.000 millones más se exportan a otros países asiáticos. En total se tallan 45.000 millones de pares de estos artilugios, lo que, según muchos ecologistas, supone la destrucción directa de 25 millones de álamos y abedules adultos. COSAS CON ARREGLO Lapr POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN PEKÍN con palillos reutilizables. La situación se ha vuelto tan delicada que muchos restaurantes ya han optado por comprar palillos de calidad, para volver a emplearlos de nuevo. Pero en una nación que no destaca por sus condiciones higiénicas, numerosos comensales se sienten bastante incómodos con palillos desconchados o incluso mordisqueados, por lo que los establecimientos han de contar con una reserva de desechables para los clientes escrupulosos y renovar los reutilizables cada dos meses. Aumentar los impuestos no es una buena idea porque cada día tenemos más gastos se queja Qi Ran, propietario de un pequeño restaurante. Aunque el establecimiento no tiene más de diez mesas, cada mes debe comprar mil palillos desechables por unos 50 yuanes (cinco euros) Un gran hotel, por ejemplo, necesita reponer sus existencias de palillos con 10.000 pares cada mes. E Lléveselos usted mismo Hay palillos hasta en las mesas occidentales... globalizadas bre los palillos es inferior, por ejemplo, al 10 por ciento que se aplicará a las pelotas de golf o a los yates y está bastante lejos del 20 por ciento previsto para los relojes de las grandes marcas, todo parece indicar que la medida puede reducir el gasto de madera en el dragón rojo Así se desprende de una encuesta realizada por el portal de internet sina. com, en la que el 73 por ciento de los 25.000 participantes en el sondeo aseguraron que evitarán usar palillos desechables a partir de ahora. Todos tenemos que contribuir en la medida de nuestras posibilidades a preservar el medio ambiente señaló a Los Sábados de ABC una joven periodista, Murong Yan, mientras apuraba un cuenco de noodles (típicos fideos chinos) Para evitarse todos estos quebraderos de cabeza, cada vez son más los chinos que, cuando salen a un restaurante, prefieren llevarse sus propios palillos de casa, donde se suelen cambiar de año en año. Otros países de Asia, donde el uso de los palillos está generalizado, ya pasaron por este mismo problema hace tiempo y encontraron soluciones más o menos eficaces. En Corea del Sur se implantaron los palillos de metal, tan fáciles de lavar como cualquier otro cubierto. Con independencia de lo que ocurra finalmente, parece poco probable que los habitantes del coloso oriental renuncien a uno de sus hábitos culinarios más ancestrales, ya que muchos no sabrían comer sin palillos y, además, están convencidos de que mover los dedos para utilizarlos ejercita la mente... aunque no tanto como para preocuparse por el medio ambiente. Hasta 1,3 millones de metros cúbicos de madera son empleados anualmente en China para sus cubiertos desechables Tazón a tazón... Con 1.300 millones de habitantes acostumbrados desde su más tierna infancia a comer con palillos- -un hábito que tiene 5.000 años de historia- tal impacto medioambiental resulta insostenible en China, seriamente dañada por un alarmante problema de pérdida de floresta y donde la desertización afecta ya al 27,46 por ciento de su superficie. Aunque la nueva tasa so- l arreglador de televisiones tiene una casa de piedra enfoscada de blanco y con un jardín muy curioso, como si mientras él arreglara televisiones su mujer se dedicara al jardín. Junto a la entrada crece un naranjo cargado de esas últimas naranjas que son las mejores y que caen empujadas por el viento, la lluvia o las flores que quieren ya salir, y necesitan sitio y recursos y alimentos del árbol. En el suelo, hecha con mimbres doblados, una reja de un palmo de altura delimita el césped. Por un camino de vacas, dejando a un lado la carpintería, se llega a esta casa después de unas cuantas curvas y dos limoneros. Cuando una televisión muere, después de tratar de reanimarla con unos cuantos golpes, se cree que es para siempre. Pero aquí había televisiones más viejas que la mía y aquello me quitó la vergüenza de tratar de arreglarla. El señor, muy formal, tiene una habitación grande añadida a la casa, con luces de flexo por todas partes y televisiones destripadas. Al contrario que en las tiendas de electrodomésticos, todas estaban apagadas. Era una suerte de cementerio de televisiones. No pensé que saliera de allí la nuestra. Pero nos fuimos queriendo creer que se arreglaría, y se arregló. Al recogerla, el señor estaba con gripe y nos abrió la puerta su mujer, también con fiebre, por lo que nos recibió en bata. Al jardín se le notaba la enfermedad de sus dueños porque el jardín que cuida uno mismo termina por reflejar, como la cara, los estados de ánimo. Ya nos llevábamos la televisión reparada cuando dijo la señora: No, hombre, no, enchúfela, vamos a ver cómo trabaja y apareció un cocinero en la pantalla. Desde entonces me siento feliz cuando la enciendo. Soy de esa generación puente que vio cómo no se tiraba nada y ahora se tira todo. Me encanta resistirme. Sé que un grave problema del mundo serán los residuos. Un día no sabremos qué hacer con todas las cosas que se fabrican y que en muchas ocasiones, para ahorrarnos el tiempo de recambio, son ya basura desde el principio. Tengo la felicidad del que ha descubierto algo. Este señor que arregla las televisiones y su mujer cuidando el jardín me parecen un rodal de flores silvestres, una rara especie a proteger en un mundo en el que ya casi nadie cree que las cosas tienen arreglo.