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ABC SÁBADO 8 4 2006 Cultura 59 UNA OBRA MAESTRA JOAQUÍN YARZA El vivo colorido original y la transparencia y profundidad del paisaje se han recuperado al restaurar el cuadro MUSEO DEL PRADO La restauración de la Crucifixión de Juan de Flandes, realizada por Clara Quintanilla, y el estudio de Pilar Silva, hacen deslumbrante su regreso a las salas del Prado el próximo lunes Luz nueva sobre la cruz de Flandes POR JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. Nada mejor para un museo como el Prado que mostrar el esplendor recuperado de una obra maestra recién llegada a su colección. El lunes, coincidiendo con la semana que, como es tradición, recuerda la Pasión de Cristo, volverá a exponerse la Crucifixión que Juan de Flandes pintó para la catedral de Palencia poco antes de morir en 1519. La restauración a que ha sido sometida ha rescatado detalles que los barnices oxidados y la suciedad cubrían y ha permitido recuperar su luminosa transparencia y una profundidad llena de misterio. La responsable de esta restauración es Clara Quintanilla. Llevando ese nombre, tiene su lógica. Y Pilar Silva, jefa del Departamento de Pintura Flamenca del Prado, ha realizado la investigación que va a publicarse en un revelador estudio que se presentará también el lunes próximo, donde se cuenta, paso a paso, todo el proceso y la historia de esta obra maestra. Con ambas entramos en el asombro- -en el taller de restauración del Prado- Al fondo de la sala reluce el óleo que fue pintado años después de la muerte de Isabel la Católica, por quien había sido uno de sus pintores predilectos, sobre una tabla de tilo de más de un centímetro de grosor. En una mesa, contemplamos las fotografías que reflejan los distintos estadios de la restauración, una especie de antes y después por capítulos, que maravilla y que permite apreciar el cambio. Radiografías, fotos en infrarrojo y ultraviole- ta desvelan detalles que se ocultan a la vista. Dibujos preparatorios y algunos pentimentos. La tabla está en perfecto estado, comenta Clara Quintanilla. Y Pilar Silva nos adentra en su técnica y simbología. El cuadro se sitúa después de la muerte de Cristo y constituye una profunda meditación de dolor y contención, entre la oscuridad que se cierne y la esperanza. En la composición creada por Juan de Flandes, los personajes forman un óvalo cuyo centro es el Crucificado. Son los que han creído en él: Juan, la Virgen, las Ma- Bandera con toques rosados aplicados con el rabo del pincel y la bella armadura rías y la Magdalena, el centurión y el soldado. Los detalles revelan la maestría del autor: la calidad de los tejidos y armaduras, los rostros arrasados en lágrimas- no hay dolor como mi dolor se canta en O vos omnes la sangre del Redentor goteando como sangre y no como pintura por sus brazos y cayendo a chorro desde su costado hasta unas flores, junto a las calaveras del Gólgota; las joyas, metáfora de sangre y promesa de resurrección... Emplea técnicas modernas, para entonces- -inventadas junto con Berruguete- -y para ahora, como aplicar color con el anta, el mango del pincel, o hundirlo para proporcionar volumen. Las líneas de composición se llenan de ejes simétricos, árboles truncados, espadas, que van perfilando el gran secreto de esta tabla inolvidable: el misterioso paisaje, su luz ahora descubierta con la restauración. De lo alto cae repentina la noche- -era la hora sexta, según las Escrituras- -y, más abajo, el cielo está surcado por las aves de agüero: la nocturna lechuza, a la derecha, y las golondrinas por doquier, prometiendo el retorno de la vida. Los colores se espesan con el aire hacia el fondo, su transparencia es un logro, teniendo en cuenta lo bajo que coloca el pintor su punto de vista. Han aparecido figuras que antes no se apreciaban entre las ruinas... Pero hay que acudir al Prado para verlo, tantos detalles no caben aquí; ya sólo nos cabe una palabra: emoción. l final de su vida, después de años de residencia en la Corona de Castilla, Juan de Flandes ha conseguido una síntesis entre la minuciosidad de los Países Bajos y las exigencias hispanas del retablo monumental. En el Calvario se pone de manifiesto que esto no ha mermado sus facultades creativas que se acusan con una fuerza inesperada ya a estas alturas. Ante todo es una composición en la que logra un efecto de ambiente de tarde oscura y amenazadora, recalcada además por las aves agoreras que atraviesan los cielos. La dureza del hecho relatado se intensifica con la geometrización a que somete a las masas rocosas del monte, sobre todo con la estructuración en paralelepípedos que sugieren la idea de una construcción, algo que es más equívoco cuando nos damos cuenta- -hecho excepcional en los Calvarios- -de que el monte a la izquierda, detrás de Juan, es un muro de mayor altura que el lugar donde se clava la cruz. Con todo esto consigue una composición cerrada, difícil de obtener en un espacio abierto, como es el lugar en el que transcurre la historia del sacrificio y de la redención. En algo tan complejo, el protagonismo del artista es primordial. En el contrato, sólo se le había dicho que hiciera una historia del cruçifixo Y tal capacidad imaginativa se acrecienta si tenemos en cuenta que ese escenario melancólico, aunque bellísimo, profundamente original y vivificado con un cromatismo propio, lo ha conseguido un artista que siempre disfruta creando formas refinadas, encantadoras y amables, prueba una vez más de sus poderes creadores. A Atuendo castellano de la Magdalena y fragmento del profundo paisaje