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ABC SÁBADO 8 4 2006 Sociedad 55 Religión Fuera táctica, fuera convencimiento, el cascarrabias Paulo IV manifestó desde entonces gran afecto a Felipe II: Papa y rey decidieron unir sus fuerzas para detener la penetración de la herejía luterana en los países católicos. Muerto en Yuste el emperador, otoño del 58, en primavera de 1559 Felipe de España y Enrique de Francia firmaron la paz, reajustaron sus fronteras y juraron defender la santa Iglesia cumpliendo las decisiones del concilio de Trento. Acordaron que el reciente viudo Felipe II casara con Isabel de Valois, hija de Enrique II: el duque de Alba, rodeado de nobles y prelados, bajó de Flandes hasta París a formalizar los desposorios en nombre de don Felipe. Hubo gran fiesta. Lástima, durante los torneos una lanza entró justamente por las aberturas de la visera del rey francés, le atravesó un ojo, se hundió en el cerebro y mató a Enrique II. Don Felipe vistió luto en Bruselas, luto en honor de quien fuera su enemigo y había pasado a ser su suegro. Los temores de san Ignacio si Caraffa salía elegido Papa tenían fundamento: el nuevo Pontífice podía poner en riesgo la pervivencia de la Compañía de Jesús. El fundador vivía, ya viejecito, en Roma; toda España conoce la cautivadora biografía del capitán Ignacio de Loyola, y discute el estilo de sus hombres. Los frailes clásicos dividen su opinión, unos a favor, otros en contra. Los adictos refieren de los jesuitas heroísmos cumplidos por el ancho mundo, incluso India y las Américas. Pero los enemigos les zurran de lo lindo, los acusan de taimados, hipócritas; nada menos que el célebre teólogo Melchor Cano les reprocha una blandura espiritual capaz de quitar nervios y fuerzas a los hombres de España hasta convertir los soldados en mujeres Han crecido vertiginosamente, son el asombro de la época. Abandonan trabas de las órdenes antiguas, y junto con la piedad cultivan las letras. Ignacio de Loyola, cuya romántica estampa de capitán herido en el sitio de Pamplona da un perfume heroico a sus empresas religiosas, dispone de una plantilla excelente de colaboradores para España y Portugal. Entre ellos, nada menos que el duque de Gandía, Francisco de Borja, que fue montero mayor del emperador y caballerizo de la emperatriz doña Isabel. El emperador encargó a Borja acompañar a Granada el cadáver de la emperatriz prematuramente fallecida: con ver al joven duque de Gandía tan apenado, las gentes inventaron una exclamación y la pusieron en sus labios: -Nunca más serviré a señor que se me pueda morir. El emperador le agradeció los servicios nombrándole virrey de Cataluña. En primavera de 1546 murió Leonor, su esposa; el duque de Gandía tomó la decisión de hacerse jesuita. El mismo fundador Ignacio se espantó: -El mundo no tendrá oídos bastantes para escuchar tal estampido. La decisión quedó secreta; pero en 1551 Gandía vistió la sotana. Aureolados de fuerza y lustre, los jesuitas crecen... Pero si Caraffa sale Papa, Ignacio teme ver desbaratada su Compañía: este ascético y atrabiliario cardenal tiene manifestado que los jesuitas no le gustan: ni su estilo ni sus Reglas, ni los Ejercicios, ni que renuncien a Fernández, el misionero admira la categoría humana de los japoneses, la mayor gente hasta ahora descubierta... de mucha honra a maravilla... de muchas cortesías unos con otros... gente que no sufre injurias ningunas ni palabras dichas con desprecio... no tienen más que una mujer, tierra donde hay pocos ladrones, así de los que son cristianos como de los que no lo son... placerá a Dios Nuestro Señor que aprendamos la lengua en poco tiempo Llevaba intérprete y la campanilla de convocar; una imagen de Nuestra Señora muy devota que holgó maravillas Le asombró a él, profesor universitario, la cultura japonesa. Habla de Mecao (Kyoto) con entusiasmo: Hay una gran universidad de estudiantes que tiene dentro cinco colegios principales... más otras cinco universidades... otra muy lejos, se llama Bandú, a la cual van más estudiantes que a ninguna otra... nos dicen que hay otras muchas por el reino... A partir de este momento, Javier decide basar su trabajo misional en la cultura y la educación: Si es algo que no va contra la voluntad de Dios, será más útil no cambiar nada respecto a la cultura l descubrir la influencia de la sabiduría china en Japón, resuelve volver a Goa y prepara entrar en China, de acceso difícil. Murió el 3 de diciembre de 1552, a las puertas de la ciudad china de Cantón, isla de Sancián. La osadía de Javier pervive en los jesuitas posteriores desparramados por el planeta. Simbólica es la presencia española de nuestros días en Japón: desde el padre Arrupe, verdadero gigante, hasta los jesuitas andaluces hoy tan representativos como estos dos: -Fernando García Gutiérrez, jerezano, sin duda el máximo experto español en historia del arte japonés: catedrático en la universidad hispalense y en la Sophia, de Tokio. -Diego Pacheco López de Morla, sevillano, nacionalizado japonés con el nombre de Ryoogo Yuuki, director del Museo de los Mártires, en Nagasaki. Reconocido por los japoneses como especialista en su historia de los siglos XVI y XVII, Diego Yuuki representa para mí un espécimen humano de primera calidad. Reside allá, allá quiere morir. Qué tipo, qué gran tipo, Diego. Jesuitas admirables: fieles siempre; y osados. Coda. Y astutos... ¿Son astutos los jesuitas? Son listísimos. Déjenme contar. En la autopista Sevilla- Granada se han rozado dos autos, uno enfrente del otro. Nada serio, pero sí los bollos consabidos. Bajan los conductores. Uno, médico; el otro, jesuita. Charlan, no ha pasado nada. Han de llamar a Tráfico para el expediente a las aseguradoras. ¿Qué tal si entretanto entramos a tomar ahí, en el café vecino, una copa? Entran. Piden dos cafés bien cargados y dos copitas de coñac. Charlan, beben. El jesuita al camarero: Por favor, pónganos otros dos cafés y otra copa de coñac para el señor Al médico le extraña ver que el jesuita no ha bebido aún el coñac primero: Y usted, padre, ¿no bebe? El jesuita, con toda la candidez del mundo: No, yo prefiero no beber hasta que venga la Policía de tráfico ¿Astutos? Fieles, osados, listísimos. A Predicación de San Francisco Javier, óleo del maestro Godofredo, siglo XVII cantar juntos en el coro, ni que anden por el mundo como Pedro por su casa... ellos inventarán una primavera de vocaciones. Están metidos en las venas de la cultura contemporánea, he aquí su fuerza histórica. Hay un detalle significativo: Ignacio pescó a Javier en la Universidad europea. Javier y Pedro Fabro sacaron codo a codo la licenciatura de filosofía y obtuvieron la Facultad de enseñar (Licentia docendi) A las puertas del curso 1530, Ignacio de Loyola, mientras madura durante la estancia en París el proyecto de la Compañía de Jesús, se aloja en una habitación del Colegio Santa Bárbara, de la Sorbona, donde habitan dos jóvenes profesores, Pedro Fabro y Francisco Javier. Enseñan ambos filosofía y teología. Ignacio los lanzará a grandes empresas. I gnacio teme: qué ocurrirá si el Cónclave elige a Caraffa. Lo eligieron. Ignacio queda sobrecogido. Anonadado. Es la prueba suprema de su fidelidad a la Santa Sede: obedecer a un Papa enemigo de la Compañía. Sus discípulos le miran apenados. Esto hizo, certifican: Levantose, sin decir una palabra, y entró a la capilla. De la capilla sale sereno, tan contento. Adelante, los jesuitas fieles Y osados. De raza les viene: Ignacio envió como si tal cosa a Francisco Javier hasta la otra esquina del mapa. Llevan casi cinco siglos perforando muros. Ni la incomprensión, ni la calumnia ni sus propios errores pueden con ellos. Se atreven con todo, pueden con todo. Humanistas y científicos, a puñados. El vendaval y la sangría del posconcilio los han reducido. No hay que llamarse a engaño, cualquier día veremos reverdecer las ramas del árbol, E Ignacio envió a Javier hasta la otra esquina del mapa. Llevan casi cinco siglos perforando muros Los jesuitas están metidos en las venas de la cultura contemporánea, he ahí su fuerza histórica l itinerario misionero de Javier alcanza, bordeando África, Mozambique en la costa africana; Goa, capital portuguesa del Oriente, en las costas de la India; Malaca y las Molucas, islas e islotes, laberintos del Índico y del Pacífico; hospitales, cárceles, poblados, leproserías. Cuando llegaba a los lugares no me dejaban los muchachos ni rezar mi oficio, ni comer ni dormir, sino querían que les enseñase... Da catecismo, les lleva cultura. Quiere brazos nuevos, reclama a París vocaciones mediante una carta memorable: Me vienen pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la Universidad de París, diciendo en la Sorbona, a los que tienen más letras que voluntad... Y Japón. De verano de 1549 a invierno de 1551, primera estancia japonesa de Javier, acompañado del jesuita padre Torres y del jesuita hermano Juan