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30 Internacional SÁBADO 8 4 2006 ABC Un avión mata a cinco milicianos y a una niña J. CIERCO JERUSALÉN. El Ejército de Israel no sabe qué hacer para detener la lluvia de cohetes artesanales Qassam lanzados desde Gaza contra su territorio. Hace una semana, el Tsahal activó la operación Flecha del sur contra las lanzaderas. En siete días, distintos puntos de Gaza han sido bombardeados por tierra (artillería pesada) mar (navíos de guerra) y aire (aviones de combate) Ayer, un ataque aéreo con misiles contra un coche y un inmueble de un campamento en el sur de la Franja de Gaza se saldó con la muerte de al menos cinco activistas de los Comités de Resistencia Popular, y de una niña, hija de uno de los milicianos, experto en explosivos. Quince personas resultaron heridas. Pero nada parece capaz de detener los lanzamientos de los cohetes Qassam más de 40 en los últimos siete días. La alternativa que quedaría es una operación terrestre a gran escala, que supondría volver al pasado con la ocupación durante semanas del norte de la Franja. El jefe del Estado Mayor israelí, Dan Halutz, la descarta por el momento y pide paciencia pese a la presión política. Una pieza de artillería autopropulsada israelí bombardeaba ayer un sector de la Franja de Gaza desde el kibbutz de Nahal Oz AP Hamás se lava poco a poco la cara con las manos manchadas de sangre El Gobierno palestino se plantea un referéndum para reconocer a Israel b Los islamistas hablan con la boca pequeña de dos Estados como salida; sus ministros se van de la organización; ultiman una oferta de tregua a Tel Aviv... JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Poco a poco, con gestos muy medidos, guiños nada disimulados, matices por estudiar, palabras escondidas y luego desmentidas, mensajes cifrados, cartas secretas, entrevistas pactadas... Poco a poco, sin hacer demasiado ruido, sin traicionar sus orígenes, sin lavar del todo sus manos manchadas de sangre... Poco a poco, Hamás y su Gobierno pretenden cambiarse de hábito, que aquí casi siempre hace al monje, y mostrar su cara más amable, menos adusta, ante la enorme presión internacional y de Israel a la que está sometido el nuevo Ejecutivo salido de las urnas democráticas palestinas. El penúltimo clavo en el ataúd del aislamiento, la decisión tomada ayer en Bruselas por la Comisión Europea de suspender sus ayudas económicas, cifradas en 500 millones de euros, al Gabinete de Ismail Haniyeh hasta nueva orden. Lo mismo anunció el Departamento de Estado desde Washington. Y ello en un momento en el que las arcas palestinas están más vacías que nunca. No es de extrañar que la reacción de los fundamentalistas islámicos, todo lo contrario a la israelí que elogió el consenso europeo y estadounidense, fuera tan dura como estéril: No nos rendiremos ante este chantaje a nuestro Gobierno ni ante este castigo colectivo a nuestro pueblo Con todo, poco a poco, de manera incluso sibilina, Hamás descubre su estrategia no se sabe todavía si a medio o largo plazo. Su ministro de Asuntos Exteriores, Mahmud al- Zahar, el más duro entre los duros, escribe una carta descubierta a traición en la que le habla al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, de una solución de dos Estados viviendo juntos, codo con codo, como salida al conflicto. Pillado en el renuncio, Al- Zahar negó la mayor, es decir el reconocimiento implícito de Israel que esa salida conlleva, pero sólo por razones negociadoras: Hamás quiere algo, muy importante, a cambio de un reconocimiento que se plantea avalar en el futuro, otra vez palabras de Al- Zahar, en un referéndum nacional. Más aún. Como ya dijera en ABC en febrero Abdel Aziz Duaik, poco antes de convertirse en el nuevo presidente del Parlamento palestino, Hamás ultima la oferta de una tregua formal a Israel, al que ya le ha llegado otro mensaje de manos de intermediarios egipcias: Calma a cambio de calma Es decir, Hamás no sólo apuesta por aparcar la violencia propia sino que se compromete a evitar ataques de otras organizaciones radicales palestinas contra Israel a cambio de que Tel Aviv deje en paz a los milicianos árabes. De hecho, Hamás respeta al pie de la letra de momento el alto el fuego que fuera sellado con el presidente palestino, Mahmud Abbas, en El Cairo en febrero de 2005. Desde entonces no ha lanzado un solo ataque contra Israel, no ha cometido un solo atentado suici- da en suelo israelí ni en los Territorios Ocupados. Y más todavía. Para quitarse de encima etiquetas imposibles de obviar, los ministros de Hamás han dado un paso unánime al frente, incluido Ismail Haniyeh, que ayer se reunió con el presidente de la ANP en Gaza, para suspender su militancia en la organización hasta cesar en sus funciones públicas. Asimilar lo bueno Y más y más. Destacados miembros de Hamás hablan, y no paran, de sentarse en las próximas semanas junto a Abbas para repasar los acuerdos en el pasado entre la OLP, la ANP e Israel y aceptar aquellos que supusieron un beneficio para el pueblo palestino. Es decir, poco a poco, con gestos muy medidos, guiños nada disimulados, matices por estudiar, palabras escondidas y luego desmentidas, mensajes cifrados, cartas secretas, entrevistas pactadas, sin hacer demasiado ruido, sin traicionar sus orígenes, sin lavar del todo sus manos manchadas de sangre, Hamás se deslizaría por la pendiente diseñada por EE. UU. y la UE para aceptar un diálogo y una financiación directos: reconocimiento de Israel, abandono de las armas y visto bueno a los acuerdos suscritos entre la OLP y Tel Aviv. Un cambio de hábito que puede ir para largo pero que, sobre todo aquí, puede cambiar la moda, hasta ahora teñida de sangre, de este particular monje ignorado y boicoteado de puertas para fuera. Los islamistas apuestan por aparcar la violencia propia y se comprometen a evitar ataques de otras organizaciones