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ABC SÁBADO 8 4 2006 Nacional REMODELACIÓN DEL GOBIERNO EN PLENO PROCESO DE PAZ RELEVO EN INTERIOR 13 Cerebro del vuelco electoral del 14- M y redactor del Pacto Antiterrorista, Rubalcaba es la pieza a la que vuelve a recurrir Zapatero, ahora para tutelar el proceso de paz con ETA que le puede servir para asegurarse la continuidad en el poder El muñidor sale de las sombras ÁNGEL COLLADO IGNACIO GIL camento e influencia creciente en los núcleos de poder del PNV, partido al que Zapatero quiere cuidar especialmente. El pasado julio, Rubalcaba negoció directamente el acercamiento entre el PSOE y el PNV que a la larga posibilitó en diciembre una alianza provisional para la aprobación de los Presupuestos tanto en la Cámara vasca como en el Congreso. Incluso, el Gobierno de Ibarretxe ha dado por zanjados los conflictos del cupo y de las infraestructuras ferroviarias de la Y vasca Y en ambos acuerdos políticos -su relación con Josu Jon Imaz y, especialmente, con Íñigo Urkullu es fluida- -Rubalcaba dejó su sello. MADRID. Soporte de los estertores del felipismo, muñidor del Pacto Antiterrorista, cerebro de la operación del vuelco electoral del 14- M, limpiador -de imagen- -del Estatuto catalán y tutor de la negociación con ETA, Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) pasa a constituirse en pilar reconocible del Gobierno de Rodríguez Zapatero después de ser soporte en la sombra durante dos años desde la dirección del grupo parlamentario. Si es cierta la versión que corre en medios parlamentarios y militares de que José Bono había decidido irse porque no aguantaba más por la discrepancia de fondo con la política de su jefe- -Estatuto catalán con el término nación y negociación con ETA- -y ha forzado a Zapatero a improvisar una crisis de Gobierno antes de que la situación se le fuera de las manos, de lo que no cabe duda es que el actual inquilino de La Moncloa ha recurrido al de siempre, por absoluta confianza en su persona o porque carece por completo de banquillo, para encajar el nuevo equipo. Rubalcaba para todo. En sus manos se puso Zapatero para dirigir y manejar la que fue su propuesta estrella en la oposición, la oferta de pactos de Estado, sobre todo el Antiterrorista. Y también en las horas cruciales después de los atentados del 11- M, cuando supo aprovechar el desconcierto del Gobierno para sacar partido y dar el vuelco electoral que llevó al PSOE al poder. Porque el químico Rubalcaba es sobre todo, y así se lo reconocen compañeros y adversarios, un experto en el conocimiento y trato de la opinión pública: un gran manipulador según el PP, o un genio en saber qué es lo que quiere la calle, según los socialistas. CON LAS MANOS MÁS LIBRES CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN egún la explicación oficiosa de la pequeña remodelación del Gobierno socialista, el responsable de la misma habría sido en realidad José Bono, quien manifestó varias veces al presidente su deseo de dimitir. De ser así, le ha hecho un gran favor a Rodríguez Zapatero: abrir el hueco que le permite llevar al fiel Alonso a Defensa y colocar en Interior nada menos que a Rubalcaba. La sustitución de San Segundo por Mercedes Cabrera en plena ebullición de las eternas reformas educativas- -esa sí que es una crisis- -es significativa, pero parecerá menor porque la educación sigue siendo menospreciada. S Los aficionados al apocalipsis verán en estos cambios una evidencia de nuevas concesiones a ETA- -que según algunos será la verdadera reorganizadora del Gobierno- pero se trata de otra cosa. En este momento todo está relacionado con la banda terrorista abertzale, con la esperanza de que desaparezca y con su resistencia a hacerlo. Por lo tanto, también el baile de ministros, pero ¿de qué manera? La salida de Bono representa el ocaso definitivo de la vieja guardia socialista, esa que algunos ingenuos esperaban que defendiera a muerte la unidad constitucional frente al soberanismo periférico. El voto unánime de los diputados socialistas apoyando el Estatuto catalán dio la exacta medida de esa ingenuidad. Murmurarán y darán algún titular de periódico maligno- ¿has visto lo que dice Alfonso? pero ninguno osará jugarse un buen retiro oponiéndose al federalismo asi- métrico y demás inventos. Tras amortizar a su viejo rival colocándolo en Defensa, donde cubría de paso el flanco patriotero, populista y cañí, Zapatero envía a Bono a una jubilación dorada. La entrada de Rubalcaba, aparatchik de los aparatchiks garantiza que el partido sólo tendrá una voz, la del Gobierno, cuando afronte el pulso definitivo con ETA, al lado del cual la negociación del Estatut parecerá una broma. Rubalcaba es un peso pesado político, controla a distancia el partido, es un buen comunicador y tiene amplia experiencia en los siempre difíciles tratos con el Partido Popular, del que conoce a fondo los puntos débiles. Alonso hará sin duda un papel grato al presidente en un ministerio estratégico del que dependen la Guardia Civil y el CNI. Zapatero ha reunido más manos a su disposición y tiene las suyas más libres. Al hoy portavoz socialista no le gusta que le recuerden el 13- M- -las maniobras del PSOE contra el PP en la jornada de reflexión- -y prefiere hablar de cuando estuvo metido en menesteres de hombre de Estado Durante la anterior tregua de ETA, la de 1998, fue el encargado de recibir las informaciones que tenía a bien trasmitir el Gobierno de Aznar al principal partido de la oposición. Después, en 2001, logró que la oferta de Zapatero al jefe del Ejecutivo de suscribir un Pacto por las Libertades y el Terrorismo se hiciera realidad. Él mismo presume de ser redactor de buena parte de sus capítulos. El acuerdo fue firmado por el PP y el PSOE para dejar claro a los terroristas el compromiso de seguir la lucha hasta la derrota final de ETA, que gobernara quien gobernara no iba a pagar precio político alguno. El pacto y su derivado, la ley de Partidos, fueron decisivos en el posterior acorralamiento de la banda. Y también para que Zapatero diera un paso para hacerse con una imagen más solvente como jefe de la oposición que colaboraba con el Gobierno para resolver problemas de Estado. Llegada la hora de recoger el fruto de las gestiones de Rubalcaba después de las generales, Zapatero prefirió dejarle en la trastienda de las relaciones con los nacionalistas. Con más peso político que la mayoría de los ministros, desde el grupo parlamentario ha dirigido todas las grandes operaciones del Gobierno: mantener el apoyo de los distintos socios, hacer que arreglaba el problema del Estatuto catalán- -suya es la idea de sostener que lo de nación en el preámbulo es intrascendente- -y preparar la negociación con ETA. Rodríguez Zapatero, elevado a presidente del Gobierno en buena parte por las artes de Rubalcaba, vuelve a recurrir a él para que maneje su apuesta para garantizarse la permanencia en el poder: el proceso de paz La novedad es que el muñidor sale a la palestra y se pone en primer plano como ministro del Interior. Pasará de idear y lanzar las consignas del Gobierno- -si es que lo deja del todo- -a tener toda la información del Gobierno: Policía, Guardia Civil y CNI vía Presidencia. El aparente contrasentido es que el responsable de detener a los terroristas tenga el encargo de tutelar la negociación con los terroristas después de cerrar un pacto que rechazaba la negociación con los terroristas. Pero Rubalcaba es capaz de defender una cosa y la contraria con naturalidad según convenga, como dice Rajoy. Ahora le toca engañar a ETA.