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ABC SÁBADO 8 4 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC CAMBIO DE GUARDIA EN LA MONCLOA La plena lealtad de Defensa e Interior es un rasgo destacado de la remodelación del Gobierno. Reafirma la tesis de quienes ven a Zapatero como un ventajista del corto plazo, como un político que- -más allá de los maquillajes del buenismo- -tiene la malicia necesaria para ir moviendo peones sobre el tablero... L AS crisis de gobierno generalmente son como aquellas batallas navales en las que, hasta que no se disipa el humo, nadie acierta a saber quién gana o sale perdiendo. Ayer escamparon pronto las humaredas de los destructores hundidos y calló el sálvese quien pueda en las cubiertas de los egos protagonistas. Si las crisis se distinguen por si la haces o te la hacen, José Bono había soltado por su cuenta al minotauro del laberinto y Rodríguez Zapatero aprovechó prontamente la noche de anteayer para recomponer los escenarios más a su imagen y semejanza. A la primera impresión, el dominio de Zapatero sobre lo que queda del PSOE es total, hasta extremos de visualizarse como entrega incondicional, sin baronías ni aparato, ni alcaldes ni fundaciones críticas. Es el sometimiento a ciegas a un líder que ofrece paz sin que aparentemente haga falta recurrir a la guerra. Con o sin carisma, con o sin talante, al final siempre se gobierna enviando a un motorista con los ceses. poder. Alonso carece de la teatralidad unipersonal que ha sido la aportación de José Bono a la causa de José Bono más que a la efectividad concreta de la defensa nacional. En sí mismo, Bono es un proyecto; Alonso, un instrumento. Y es un instrumento que más allá de algunas imprecisiones iniciales ha resultado eficaz y de una discreción muy de agradecer. Ojos bien abiertos, boca cerrada: características positivas para hacerse ver y escuchar en el Centro Nacional de Inteligencia, conexión fundamental para La Moncloa cuando se sugiere que a ETA le quedan dos días. Desde Defensa pudiera rehacerse en la medida de lo posible la tan deteriorada relación con los Estados Unidos. Para los amantes de lo inútil queda la incógnita Moratinos: si permanece porque no pesa nada o porque cuenta demasiado. a plena lealtad de Defensa e Interior es un rasgo destacado de la remodelación del Gobierno. Reafirma la tesis de quienes ven a Zapatero como un ventajista del corto plazo, como un político que- -más allá de los maquillajes del buenismo- -tiene la malicia necesaria para ir moviendo peones sobre el tablero. Al final, resultará que se ha hecho con el tablero. Para su idiosincrasia política, haber cambiado algunas reglas del juego- -aun sin un mandato electoral explícito- -es lo de menos. Es el logro paradójico de quien pasa por ser puramente fiel a unos fines, aunque luego resulte que los medios están a disposición de fines levemente distintos. En Educación, el cambio corresponde manifiestamente a un parto accidentado de la L l mismo tiempo, Zapatero recauda para su beneficio el activo de los últimos felipistas, como por ejemplo Pérez Rubalcaba, hombre con anclajes mediáticos, conocedor de las vísceras de la lucha antiterrorista y con perspectiva propia sobre la acción de los gobiernos de Felipe González en el trance de una heterogeneidad de turbulencias en el que quedó inscrito el escabroso episodio del GAL. Uno de los urdidores del pacto antiterrorista, Rubalcaba sabe cómo andar y desandar por la misma vereda sin dejar rastros excesivos. Finge con una naturalidad pasmosa y puede ponerle en bandeja a su presidente de Gobierno dosis notables de aquella ambigüedad que luego, como ocurre en procesos como el activado por el anuncio etarra de alto el fuego, alguien complementa humanitariamente con claridad que sea ventajosa. Ese alguien, según él mismo ve escrito en las estrellas, debiera ser Zapatero, para bien y para mal. Ignórense los flancos sombríos del poder cuando Zapatero llega a tiempo para salvarnos de las garras de la insolidaridad y la violencia. Es para eso para lo que va reescribiendo las páginas de la historia de la Segunda República y nublando de incienso toda suerte de episodios, desde Casas Viejas a la revolución de Asturias. Sólo el Otro es capaz del mal. Las claves del traslado del juez Alonso de Interior a Defensa corresponden a una sintonía distinta, aunque de forma idéntica dan mayor homogeneidad a la supremacía de Rodríguez Zapatero. El paso por Interior ha modulado los comportamientos del juez Alonso, como ocurre con la experiencia prudente del A LOE. Más allá, el tiempo tiene que decir si la gestión de la nueva ministra, Mercedes Cabrera, contribuye a una mejor comunicación entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal en el tema educativo. Por lo general, al PSOE parece importarle poco que el sistema educativo español esté en un proceso de decadencia que no tiene visos de ser reversible. La LOE está servida. Consumatus est Para una sociedad que quiera ser adulta, la LOE es un molde de adolescencia generalizada. No habrá quien suspenda racionalmente a los políticos si los alumnos suspenden sin repetir curso. Al escrutar las entrañas del nuevo Gobierno se querrá determinar si es ya un gobierno pos- Estatut En parte lo es, aunque no hasta el punto de que los ministrables de CiU ya puedan agradecerle el recibimiento al ujier mayor de su futuro ministerio. Falta aún tiempo y siempre abundan los imponderables. En las encuestas, CiU adelanta al maragallismo. Preferentemente, la crisis de gobierno está aprovechada para consolidar los ramales que conduzcan al eventual final de ETA. El vasto desbarajuste político que se vive en Cataluña habrá de ser contenido y depurado con otros diques y alambiques. Sometida toda resistencia al Estatut en el PSOE, salvo algún que otro alivio verbalista, parece como si Zapatero diera esa página por leída y consumada. Incluso así, no es imprevisible que de vez en cuando José Bono agite sus estandartes y sus sobremesas con periodistas. En este apartado, habrá que ver con qué fórmula el ministro Alonso solventa la cesión del castillo de Montjuic a Barcelona. E vpuig abc. es l nuevo Gobierno articula y cohesiona mejor el zapaterismo, sea eso lo que sea. Para nada responde a una nueva formulación ideológica ni estructural: más bien consiste en el engrase de las tenazas del poder y en su despliegue tentacular. Al contar su experiencia como ministro de Educación, el filósofo francés Luc Ferry explica cómo las turbulencias mediáticas pueden tener repercusiones en profundidad tanto sobre la acción como sobre un lenguaje político cuya vacuidad es en gran parte inducida por el temor, a veces bastante justificado, a las intemperies. A todas luces, ese nuevo Gobierno de Zapatero es una maniobra rápida de ejecución y quizá corta de alcance para resguardarse de las nuevas intemperies. Ni naufragio ni diluvio: cambia la guardia y el viejo gato de La Moncloa se lame una pata, felizmente ajeno al Estado. VALENTÍ PUIG Escritor