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66 VIERNES 7 4 2006 ABC FIRMAS EN ABC JOSÉ JOAQUÍN IRIARTE ESCRITOR PARTIR EL PAN En la cultura y tradición semítica, partir el pan (una especie de torta que se parte mejor con las manos que con el cuchillo) es un signo de fraternidad, de amistad... A polémica película de Spielberg Múnich narra el secuestro y asesinato de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Múnich de 1972 y la posterior respuesta del Mossad, con la aplicación de la Ley del Talión. Hay una escena final, cargada de simbolismo, en la que el chico bueno que ha liderado el grupo de cinco hombres que liquidan a los autores del atentado muniqués, atormentado por sus acciones criminales, le invita al enlace del Mossad a su casa a partir el pan El jefe, calculador y frío, declina la invitación. Le interesa, más que compartir mesa y mantel, que el joven L agente liquide al undécimo y último de la lista. En la cultura y tradición semítica, partir el pan (una especie de torta que se trocea mejor con las manos que con el cuchillo) es un signo de fraternidad, de amistad. Se llama en hebreo hamotzi. En la película, el jefe no acepta la invitación porque la fraternidad se ha roto. El chico bueno demacrado y con progresivas muestras de arrepentimiento, quiere poner fin a su loca carrera de venganza, volver con su mujer y su hija y emprender una nueva vida. El mensaje, al final, es sencillo e incontroverti- ble: el mal siempre engendra mal. Golda Meir, que fue primera ministra de Israel en la época de los acontecimientos referidos, escribe en sus memorias: Me sentí literalmente asqueada cuando los árabes que habían asesinado a los once atletas israelíes en la Olimpiada de 1972 fueron puestos en libertad y llevados en avión a Libia sólo seis semanas después Sus sentimientos se comprenden. Sin embargo, no hace mención alguna a la respuesta de los servicios secretos israelíes en una operación llevada a cabo en medio mundo, en la que el Mos- ANA ROSA CARAZO CATEDRÁTICA DE LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS PARVULARIO E pregunta mi bisnieto a bocajarro: Bisabuela, ¿tú sabes lo que es Guerra y paz? Claro, es un libro le respondo absolutamente sorprendida, sin atreverme a precisar una novela ¿Y sabes quién lo escribió? Mi perplejidad sube de tono: Pues claro... No me deja demostrarle mis conocimientos de literatura rusa y corta triunfante: Un señor que se llama León Tolstoi Debo aclarar que mi bisnieto acaba de cumplir cinco años y que desde los tres asiste, sin faltar un solo día, salvo enfermedad u otros accidentes, a un colegio levantino que parece tener ideas bastante claras sobre el papel de la memoria en la educación infantil. Porque en el citado colegio se han arrinconado la plastilina y los recortables en un lugar secundario considerándolos como coadyuvantes de la verdadera enseñanza, y se le ha dado la primacía al aprendizaje del vocabulario y a la lectura, y que tal aprendizaje puede llevar consigo ese carácter lúdico que parece imprescindible en todo lo que signifique educación. Y no me refiero exclusivamente a la lectura de la cartilla sino a la de textos fáciles hecha por la profesora y sobre la que después hace preguntas que susciten otras preguntas en los niños. Ayer, sin ir más lejos, les leyó el capítulo de La Ilíada, naturalmente adaptada para niños, en el que los griegos introducen en Troya el famoso caballo de madera. El niño llegó a M casa excitadísimo, exigiendo que le contaran más cosas del caballo, que cómo era de grande, que cuántos griegos había escondidos dentro de su panza, que cuándo salieron del animal, etc. Su madre, logsiana naturalmente, poco pudo añadir a los conocimientos del chiquillo. Me lo contaba por teléfono, llena de orgullo por una parte y pesarosa al mismo tiempo por su imposible explicación: ¡Ay, abuela, qué rabia saber tan poco de la literatura griega! Qué rabia y qué pena y qué estafa. En ese tiempo precioso, los tres, los cuatro, los cinco años primeros de la vida, en los que el niño es una verdadera esponja, un receptor sensibilísimo a cualquier estímulo, una memoria virgen donde se van almacenado datos, cifras, fechas que el párvulo no sabe todavía hasta que punto pueden serle útiles, pero que se quedan ahí, en su cabecita, para aflorar y llenarse de contenido en cualquier momento de su vida académica, doméstica, o social. El niño aprende y repite palabras y no como un loro porque las usa con propiedad asombrosa en un ejercicio que me parece a veces un verdadero prodigio y hasta tiene conciencia metalingüística, sabe referirse a ellas como tales palabras: El verano pasado que aún no tenía los cinco años, entra a pedirle a su bisabuelo el bombón que le había prometido para cuando terminara de almorzar, si se lo comía todo sin protestas. Se lo da y el niño se vuelve para irse. Su madre, que está por allí, le corta la intención: ¿Qué se dice? Gracias, bisabuelo y sale disparado hacia la puerta, pero allí se detiene, medita un instante y se dirige de nuevo al bisabuelo: ¿Y de tu de nada qué? Yo no conozco personalmente a la maestra de mi bisnieto pero la reconozco por sus obras. Por sus obras los conoceréis, sentencia el Evangelio, y sé que esta mujer sabe muy bien lo que se trae entre manos, cuál es la materia supersensible de su trabajo, y además tiene ese don, esa chispa que enciende los ojos y las mentes de los niños y hace que prenda en ellos la llama lírica y la búsqueda pragmática, la emoción y la disciplina, suavemente, sin imposiciones férreas ni métodos aburridos. Esta profesora extraordinaria cuenta historias, habla de las palabras con palabras claras y precisas, predispone a la atención y sabe despertar la curiosidad de los chiquillos. La curiosidad que es el germen vivo de la investigación, de la introspección, del deslumbramiento. Abuela- -me cuenta mi hija que le dijo hace unos días- -en este avión voy a ir a la luna ¿Sí? ¿Tu sabes que Julio Verne fue a la Luna? Y también hizo un viaje en submarino y dio la vuelta al mundo Tal vez quien lea estas palabras se eche a reír y piense que son exageraciones, no ya de abuela, sino de bisabuela. Pueden pensarlo y están en su derecho, pero yo les aseguro que si abundaran los maestros con esta claridad de juicio, con este buen sentido, con idéntica capacidad de comunicación, con la suficiente destreza para captar el interés de los alumnos, otro gallo nos cantaría, y no ya sólo en el parvulario sino en los otros niveles educativos. sad emplea grandes sumas de dinero para pagar a los ejecutores del plan y a informadores y confidentes. Unas líneas antes, la señora Meir afirma en su autobiografía, sin medias tintas: Una y otra vez ha quedado demostrado que ceder al terror sólo conduce a más terror Ceder, no ceder: palabras que suenan ahora especialmente en España, cuando se ha creado un clima de expectación ante una posible tregua de Eta y el posterior precio político que exija la banda y esté dispuesto a pagar el Gobierno. En círculos nacionalistas se baraja el 16 de abril, Día de la Patria Vasca o Aberri Eguna, como fecha posible del anuncio del adiós a las armas. Es cierto que, después de que dos periódicos aventura ran que el alto el fuego era inminente y que los hechos los desmintieran, el asunto ha pasado a un segundo plano porque la información es tan veloz que los acontecimientos se solapan. La opinión pública, sin embargo, es extraordinariamente receptiva a lo que pueda ocurrir. No quiere oír hablar de negociación ni de anticipos de precio político para mendigar una tregua. Ni premios por abandonar las armas. Ni signos de acercamiento por parte del Gobierno para tomas de temperatura Quiere, en cambio, que, a ser posible, los terroristas salgan de sus madrigueras con los brazos en alto, que depongan las armas y que se verifique la entrega de las mismas. Tampoco quiere atajos ni que se aplique la Ley del Talión, como en la película a que aludíamos al principio, porque la experiencia de los Gal fue funesta por sus resultados y, sobre todo, porque es inaceptable desde el punto de vista moral. Un Estado no puede ponerse al mismo nivel que los terroristas. Quiere, eso sí, justicia. Tal vez, clemencia, pero sin conculcar los principios de la justicia que insta a dar a cada uno lo suyo Además de que los terroristas depongan las armas, el Gobierno no debe dar un paso sin previo acuerdo con la oposición. ¿No habíamos quedado en que la lucha contra el terrorismo es un asunto de Estado? Se objetará que sugerir todo esto es vivir en un mundo irreal, que la política es otra cosa, más sutil y menos elemental. Se utiliza demasiado el marketing político y se presta poca atención a la voz de la calle. ¿No se han dado cuenta de que desde hace años no se cuentan chistes de bilbaínos? Quiere decir, lisa y llanamente, que el conflicto vasco escuece a la ciudadanía. Vuelvo a la autobiografía de la señora Meir. En unos de los últimos párrafos de su libro, cuando habla del futuro de Israel, insiste en su argumento de la no cesión: Para los que preguntan qué nos deparará el futuro, sigo teniendo una sola respuesta: Creo que tendremos paz con nuestros vecinos, pero no estoy segura de que nadie hará la paz con un Israel débil. Si Israel no es fuerte, no habrá paz ¿Es disparatado extrapolar estas palabras a nuestra situación, con el deseo de que España tenga la fortaleza propia de un Estado de derecho?